Hay dos temas en este segmento que tiene que ver con como relacionarnos con aquellos de la familia cristiana. Pablo comienza con la mayor virtud cristiana. El amor sea sin fingimiento: Claro, el amor con fingimiento no es amor verdadero; pero mucho de lo que se disfraza como “amor” en la comunidad cristiana está ligado con hipocresía, y debe demostrarse en contra. La Sinceridad es un valor que caracteriza a las personas por la actitud permanente que mantienen en todo momento, basada en la veracidad de sus palabras y acciones. Para ser sinceros debemos procurar decir siempre la verdad, esto que parece tan sencillo, a veces es lo que más trabajo cuesta.

En algunas maneras, a menudo es más fácil para nosotros aborrecer lo malo o seguir lo bueno en lugar de hacer ambas cosas. La persona piadosa sabe cómo practicar ambas. Una persona no tiene estabilidad si todo lo que hace es evitar prudentemente el mal y calcular la adhesión al bien; debe odiar el mal y amar el bien. Ahora hay muchos que no odian al mal sino a sus consecuencias. Nadie es realmente bueno, si lo es sólo porque teme las consecuencias de ser malo. Debemos intentar apartarnos del mal o mantenernos lejos de todas aquellas cosas que nos induzcan a hacer algo malo. Esto incluye aprender a saber donde estamos y con quien estamos, así cada vez que queramos ir a determinado lugar pensaremos si me conviene estar allí, por medio de preguntas como: ¿Debo realmente estar aquí? ¿Me bendice pertenecer a este grupo? ¿Soy útil o de bendición en este lugar?

Amarnos unos a otros con amor fraterno es una orden, que los cristianos no deben ver con una actitud distante, fría o altiva. En cuanto a honra debemos preferirnos los unos a los otros y esto muestra que la actitud de afecto debe ser genuina. Deberíamos de ver en esto, más que nada, un llamado a los buenos modales entre los cristianos.

Pablo dice que en lo que requiere diligencia, no debemos ser perezosos, además deberíamos ser fervientes en espíritu, sirviendo al Señor. Si somos llamados a tener relaciones afectuosas y a buenos modales, también sabemos que se nos llama al trabajo duro. En la iglesia no hay cabida para la pereza. Fervientes en espíritu eso podría ser traducido: “hirviendo en espíritu”.

Pero además debemos gozarnos en la esperanza: El llamado a la esperanza usualmente tiene en mente nuestra recompensa final con Jesús. Pablo dice que servimos a Dios gozosos en la esperanza, no gozosos en los resultados. Esto nos dice que debemos hacer todas estas cosas con la vista puesta hacia el cielo. Esta es la forma en la que cumplimos la ordenanza para esperanza, paciencia, y el ser de carácter constante, el cual se describe aquí.

Sufrir en la tribulación es saber que en los tiempos difíciles no es una excusa abandonar la esperanza, paciencia o el ser constantes en la oración. Las pruebas no excusan la falta de amor en el cuerpo de Cristo o la falta de voluntad para hacer Su obra.

Leon Morris explica estas dos palabras importantes: Sufridos “no denota el actuar pasivamente cuando se presentan las cosas, sino acción, una paciencia firme”. Tribulación “no denota un problema menor, pero problemas serios y graves”.

Compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad: Nuestra preocupación y cuidado se demostrarán en obras prácticas hechas por otros, ya sea que vayamos a ellos (compartiendo para las necesidades de los santos) o les invitemos a venir a nosotros (practicando la hospitalidad).

La antigua palabra griega para hospitalidad se traduce literalmente como “amor por los extraños”. Además, “practicando” es una palabra fuerte, algunas veces traducida como “perseguir” (como en Romanos 12:14. La idea es “perseguir” a las personas que no conoces con hospitalidad. Esto es amor en acción, no solamente sentimientos. No debemos tener una actitud odiosa hacia nadie, ni siquiera hacia aquellos que nos persiguen.

Y no maldecir es seguir el mandato de Jesús cuando habló de la misma idea en Mateo 5:46. Porque si amas a los que te aman, ¿qué recompensa tendras? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? El incomparable amor de Jesús en nosotros se muestra en que puede extenderse a nuestros enemigos. Por supuesto, no toda persecución proviene de fuera de la iglesia. Es más Jesús nos advirtió que llegará la hora cuando cualquiera que nos mate, pensará que rinde servicio a Dios en Juan 16:2

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.