Sedequías fue el último rey antes de la conquista final de Babilonia sobre Judá, y la cual empezó en su décimo año. Jeremías escribió esto incluso mientras entonces el ejército del rey de Babilonia tenía sitiada a Jerusalén. De acuerdo a Jeremías 39:1 el asedio empezó en el 9 año del reinado del rey Sedequías. Con el ejército de Nabucodonosor fuera de las murallas de la ciudad, Jeremías se encontraba dentro de las murallas de la prisión real En la casa del rey de Judá. El patio de la cárcel era una parte del área del palacio separada para los prisioneros. Aun así, los amigos podían visitarlos ahí. Los soldados que protegían el palacio tenían sus habitaciones también ahí.

Jeremías fue enviado a la prisión porque al rey Sedequías no le gustaba que Jeremías le dijera a la gente que los babilonios tendrían éxito en conquistar la ciudad que él y los otros trataban tan duramente de defender. Era un mensaje de derrota que decía: si pelean contra los caldeos, no les irá bien. A pesar de que Sedequías estaba viendo el cumplimiento de las profecías de Jeremías, él se encontraba lo suficientemente enojado para encarcelarlo, como si esto pudiera alterar lo que estaba pasando. Tal es la irracionalidad de la incredulidad. Jeremías por su parte no solo profetizó que Jerusalén sería conquistada, sino que también el rey sería capturado. Este no era un castigo pequeño para Sedequías, que él debía de ver a la cara a aquel contra el quien tan tenazmente se había revelado, incluso rompiendo juramentos; y escuchar sus amenazas, antes de sentir sus dedos. Esto era obviamente desagradable para el rey, así que él puso a Jeremías en la prisión.

Dios le dijo a Jeremías que su primo Hanameel lo visitaría en la prisión y le pediría que le comprara un campo en su pueblo natal Anatot. Hanameel se lo ofrecería en las bases del derecho de la herencia – que decía que la tierra debe de permanecer en la familia, y que por lo tanto debía de ser ofrecida a Jeremías antes que al cualquier otro. Se ha sido sugerido que Hanameel estaba corto de dinero debido al asedio y que esta venta era una solución obvia para sus necesidades. Anatot estaba alrededor de tres millas de Jerusalén. Con los ejércitos babilonios rodeando Jerusalén, y el enemigo ocupando ya Anatot, comprar la tierra era básicamente inútil, dado que ya se encontraba en las manos de los babilonios, y los días de Jerusalén se encontraban contados. ¡Solo un tonto la compraría, no se esperaría que alguien más la comprara bajo esas circunstancias! Ahora, esta era una extraña venta para que un hombre racional la hiciera. La prudencia no podría justificarla; era comprar una propiedad que realmente no tenía ningún valor. Sucedió tal y como Dios le dijo a Jeremías que sucedería. De acuerdo a la ley de Moisés (Levíticos 25:25-34), la tierra prometida era una herencia sagrada. La propiedad no debía de abandonar a la familia. Dios no quería que su pueblo fuera a buscar ayuda fuera de su familia. Si ellos caían en deudas, uno de su propia familia tenía que redimir la tierra. Es posible que familiares más cercanos a Hanameel se hubieran rehusado a redimir la propiedad y que Jeremías como un pariente más lejano tuviera que entrar en escena. El ejército babilonio ocupaba Anatot, rodeaba las murallas de Jerusalén, y estaba listo para completar su conquista del área. Jeremías sabía que ellos tendrían éxito, y cuando ellos lo hicieran su título de propiedad sería inútil debido a los babilonios que muy pronto lo controlarían todo. Aun así, el compró la propiedad de todos modos. Los guardias de la prisión y todos los demás deben de haber pensado que Jeremías estaba loco. Hanameel debe de haber pensado que estos eran los mejores y más fáciles diecisiete siclos de plata que él había hecho, especialmente cuando la gente necesitaba hasta la más pequeña moneda posible para comprar comida a precios muy elevados debido al asedio.

Jeremías había profetizado que la tierra sería restaurada y bendecida; si él realmente lo creía entonces él debería de estar feliz por comprar estas tierras. Hanameel retó a Jeremías a poner su dinero en donde estaban sus palabras. De una manera o de otra, Jeremías hizo lo que Dios le dijo que hiciera – incluso si lo dudó un poco de tiempo después. El predicador debe de creer en lo que predica; y puede ser que él sea llamado a hacer algo que será para su gente la mejor prueba posible de que el realmente hace lo que cree. Los procedimientos legales apropiados fueron seguidos como si la tierra se encontrara en paz. El trato consistía en una copia sellada detallando el contrato y las condiciones de venta, así como también una copia abierta. Jeremías 32 es la primera mención de Baruc el hijo de Neria. Baruc era un escriba y asistente de Jeremías. Jeremías le habló para que otros pudieran escuchar y ser instruidos. Jeremías le dijo a Baruc que preservara y escondiera los títulos de propiedad y los detalles de la transacción para que pudieran ser leídos después. Esto era un tipo de capsula del tiempo, guardando objetos que debían de ser leídos en el futuro. La forma de la transacción es interesante particularmente la conservación del título en vasijas de barro para asegurar su preservación, un hecho vívidamente ilustrado en la preservación de los escritos del mar muerto en contenedores similares por más de 2,000 años. Lo importante aquí es que el comprar tierras invadidas por los conquistadores del mundo, y después tomar elaborados cuidados de los títulos de propiedad eran una fuerte afirmación, tan sólida como la plata que se pagó por ello, que Dios traería de regreso a su pueblo a la tierra. Esta era la promesa de Dios, y el propósito para lo que, en otras circunstancias, sería una tonta compra de propiedad. A través de la revelación Jeremías estaba absolutamente seguro que los babilonios conquistarían Jerusalén y Judá; aun así, él estaba seguro que serían restaurados. La compra de la propiedad desde la prisión era una expresión de firme confianza en la promesa de Dios de que en la tierra aún se compraría y que un día ellos regresarían a reclamar lo que les pertenecía.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.