En algún momento de su reino, muy probablemente cuando los babilonios amenazaban con conquistar a Jerusalén, el rey Sedequías proclamó una emancipación de los siervos hebreos en Judá. En el antiguo Israel, como en todo el mundo de la época, había personas que trabajaban para otros bajo el principio de la servidumbre. Ellos eran esclavos en cierto sentido, aunque no necesariamente en la brutalidad y degradado sentido con el que normalmente pensamos de la esclavitud. Había cuatro formas básicas en las que un hebreo podía convertirse en esclavo de otro hebreo. 1. En extrema pobreza, ellos podrían vender su libertad. 2. Un padre podría vender a su hija como sierva en un hogar con la intención de que ella eventualmente se casaría dentro de esa familia. 3. En el caso de bancarrota, un hombre puede convertirse en un siervo de sus acreedores. 4. Si un ladrón no tenía nada con lo que pagar la restauración adecuada. Que las personas de Israel pudieran convertirse en esclavos de sus propios hermanos era principalmente una situación económica. Los conceptos que muchos tenemos de la esclavitud, simplemente no aplican a las prácticas de la esclavitud en el antiguo testamento. Normalmente, la esclavitud era: Escogida o por mutuo acuerdo, tenía una duración limitada y era altamente regulada.

Debido a la orden y el mandato de Sedequías, ellos inmediatamente quisieron liberar a sus siervos. Como sea, de acuerdo a las palabras de los versículos siguientes, parece ser que no liberaron a sus esclavos antes del tiempo establecido. Había una antigua ley concerniente a liberar a los esclavos hebreos en el séptimo año. Quizás podríamos pensar que ellos quisieron ser generosos con las personas de Judá y Jerusalén y decidieron obedecer al liberar a los esclavos porque ellos estaban desesperados y afligidos bajo el asedio de los babilonios y se arrepentían de sus pecados pasados. Pero es más probable que ellos hayan hecho esto debido a que los amos no querían tener la responsabilidad de alimentar a sus siervos, no había trabajo en el campo que ellos tuvieran que hacer, y es posible que fueran mejores soldados contra los babilonios si fueran libres. Esto era o una piedad por el pánico o por frio interés propio.

En este punto llegaron noticias de que un ejército egipcio estaba marchando para liberar a Jerusalén, y estas noticias obligaron a los babilonios a levantar al asedio temporalmente para reagruparse y para atacar a los egipcios que avanzaban. Fue entonces cuando ellos cambiaron de opinión. Con la amenaza desaparecida ya no había más necesidad de arrepentimiento radical, así que se arrepintieron de su arrepentimiento y obligaron a los antiguos esclavos a volver al servicio.

Los caldeos se habían retirado, para irse, a pelear con el ejercito que había salido de Egipto; y ahora estos tontos judíos pensaban que se encontraban fuera del alcance de la vara de Dios y deslealmente traicionaron sus votos. El volver a la desobediencia era impío delante del Señor, especialmente debido a la terrible opresión que colocaban sobre sus propios hermanos. Toda la injusticia de hombre a hombre crea en la mente de aquellos que sufren, dudas acerca de Dios. Con lo cual su nombre es profanado; y su ira es una vez más levantada en contra de la profanación. Los males que el hombre coloca sobre el hombre hacen un mal profundo a Dios.

El pueblo de Jerusalén tenía una gran oportunidad de obedecer a Dios y hacerle el bien a sus hermanos hebreos al promulgar libertad a aquellos que ya eran libres según la ley de Moisés. Ellos no obedecieron a Dios y se perdieron de esta gran oportunidad. El creyente bajo el nuevo pacto tiene una gran paz al saber que Jesús es el liberador que nunca retira la libertad que ha dado. Dios ha mandado un juicio especial para todos los que se retractaron de liberar a sus esclavos en obediencia a la ley. Cuando el pueblo de Jerusalén y de Judá rompió su promesa de liberar a sus esclavos, Dios traería de regreso a los babilonios para completar el juicio. Nabucodonosor, escuchando que un ejército egipcio venía a liberar a Jerusalén, levantó el asedio, se retiró, se enfrentó y derrotó a los egipcios. Fue en ese tiempo en que la profecía fue entregada. Lo que el Señor busca no es una obediencia a medias o por conveniencia, sino “fidelidad” hacia Él y hacia el prójimo; porque el que cumple fielmente con el pacto, agrada a Dios. La salvación no es para el indeciso o el que se resiste al cambio, sino para los que están comprometidos y demuestran con sus obras que han recibido la gracia redentora.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.