Lo que Jeremías profetizó como el fiel mensajero del Señor aún no se había cumplido en sus días. Dios anuncia que en un tiempo futuro a los días de Jeremías Él haría un nuevo pacto. Este nuevo pacto sería primero con Israel, pero sería no como el pacto que Dios había hecho con Israel en el desierto del Sinaí. A través de la biblia, Dios revela su plan de redención por medio de una serie de pactos. Después de la historia extendida de la caída y de la ruina de la humanidad en Génesis 1-11, la historia de los pactos comienza. El pacto Abrahamico prometió a Abraham y a sus descendientes una tierra, una nación, y una bendición que sería extendida a todas las naciones Génesis 12:1-3. El pacto mosaico o del Sinaí dieron a Israel la ley, los sacrificios, y la elección de bendición o maldición Éxodo 19. El pacto davídico promete una dinastía eterna, un gobernante perfecto, y la promesa del Mesías 2 Samuel 7. El plan de redención de Dios a través de los pactos es completado y perfeccionado en el nuevo pacto. A lo largo de los pasajes del antiguo testamento que anuncian el nuevo pacto vemos las promesas de la reunión de Israel, de limpieza y de transformación espiritual, y el reino del Mesías.

Jesús específicamente instituyó este nuevo pacto con su muerte en la cruz, e instituyó el reconocimiento y el recordatorio del mismo con el pan y la bebida de la santa cena que aparece en los evangelios. Era en el futuro de los días de Jeremías, pero iba a ser puesto en efecto por Jesús y específicamente por su trabajo de sacrificio expiatorio en la cruz. El escritor de hebreos cita este pasaje y desarrolla el tema del nuevo pacto, especialmente en contraste con el viejo. Un nuevo pacto fue prometido y necesitado porque Israel no mantuvo y no podía mantener el pacto que Dios había hecho con ellos en el Sinaí. Ese pacto no estaba diseñado para ser suficiente; era una preparación para el nuevo pacto que iba a venir. El viejo pacto había tomado un nuevo arrendamiento en la vida de Jeremías en sus días tempranos, cuando el libro perdido del pacto había sido encontrado, leído y reafirmado, para convertirse en los planos de las continuas reformas de Josías. Y aun así todo lo que hemos leído en Jeremías confirma que “la ley no hacía nada perfecto”, porque la respuesta era superficial, y murió con la muerte de Josué.

El nuevo pacto traería una transformación interna. La ley de Dios ya no sería solo externa; Dios cambiaría la mente y corazones de aquellos conectados a Él por el nuevo pacto. Este nuevo pacto no elimina o renuncia a la ley. Hace que la ley esté más cercana y más importante al colocarla en la mente y en el corazón, en lugar de en una tableta de piedra o en una hoja. La obediencia a la ley no es una condición para poder entrar al nuevo pacto. En su lugar, es una de las bendiciones del mismo. Cuando el nuevo pacto fue inaugurado por el trabajo redentor de Cristo Jesús en la cruz, este importante desarrollo de lo personal, como opuesto a lo corporal, la fe y la espiritualidad fueron hechas una realidad para toda la humanidad. Por lo tanto, cualquiera que se someta a sí mismo conscientemente en la fe a la persona de Cristo como salvador y Señor puede clamar y recibir membresía en el cuerpo de Cristo.

El nuevo pacto trae una verdadera limpieza de los pecados. El sistema sacrificial bajo el antiguo pacto solo podría cubrir los pecados y su culpa; el nuevo pacto trae un perdón tan completo que se podría decir que Dios ya no recuerda los pecados de aquellos conectados a él a través del nuevo pacto. Dios se presenta a sí mismo con una extrema descripción de su incomparable poder. Él es el que da luz a los planetas y las estrellas, gobierna sobre las tormentas y los mares, y comanda los ejércitos celestiales. Esta declaración es dada con notable seriedad. El mensaje de Dios es tanto poderoso como directo. Dios dejará de pensar y de lidiar con Israel como nación cuando el sol, la luna, y las estrellas dejen de dar luz y cuando el mar deje de rugir. Mientras todas estas cosas continúen, Dios tendrá a Israel como una nación delante de Él eternamente. Dios da otra poderosa y directa declaración de la permanencia del pueblo judío en su plan en desarrollo para los tiempos.

El nuevo testamento introduce la idea de un Israel espiritual, este es un concepto importante: porque no todos los que descienden de Israel son israelitas dijo Pablo en Romanos 9:6. La idea de un Israel espiritual es significativa, pero no era ni es parte de la visión de la profecía de Jeremías aquí. Los descendientes de Abraham, Isaac, y Jacob tienen un rol permanente en el plan de Dios de los tiempos hasta el fin de ellos. Dios anuncia que la ciudad literal de Jerusalén será reconstruida, usando marcadores geográficos específicos para claramente explicar que él quería que se entendiera de forma literal, la Jerusalén material debe de ser entendida no una Jerusalén simbólica o espiritual. Toda ella será santa a Jehová. La torre de Hananeel estaba en la esquina noreste de la ciudad. La puerta del ángulo probablemente se refiere a la que estaba en la esquina noroeste de la muralla de la ciudad. Los sitios de Gareb y Goa son desconocidos, pero el versículo parece indicar una extensión de los límites de Jerusalén del lado oeste. En el contexto más amplio de la profecía, este pasaje no permite una interpretación que aplique a una Jerusalén espiritual, simbólica, o celestial. Si eso fuera posible, ¿Por qué está tan llena de detalles literales? Esto no puede referirse a la reconstrucción de la ciudad después del exilio tampoco, por dos razones: 1. Esta debería de ser de una extensión mucho mayor; 2. Deberá de ser permanente, para nunca más ser arrancada, según Jeremías 31:40. Por lo tanto debe de significar, si es tomada completamente literal, la ciudad que será construida por ellos cuando sean traídos de regreso con la totalidad de los gentiles. Este pasaje referente a la ciudad de Jerusalén se cumplirá cabalmente con la Segunda Venida de Jesucristo que leemos en Apocalipsis. 21:2-27.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.