¿Quién habitará en tu tabernáculo? En un sentido, la pregunta de David aquí es figurativa. Aunque él, como los hijos de Coré, hubieran deseado vivir en la casa de Dios, al mismo tiempo era imposible para él ya que David no era un sacerdote. La palabra traducida: habitará, puede ser mejor traducida: morar; describe una visita, recibiendo la hospitalidad de un anfitrión en su vivienda estilo carpa. Esta introducción se entiende a la luz de las costumbres de hospitalidad en el antiguo Próximo Oriente. En la cortés hospitalidad del mundo antiguo, el invitado era resguardado de todo daño; su persona era inviolable, sus necesidades eran todas cubiertas. Así que un invitado de Jehová está a salvo, puede pedir asilo de cualquier enemigo y compartir de toda la abundante provisión de Su morada.

El tabernáculo de Dios era el que Dios le dijo a Moisés e Israel que construyeran para Él durante el Éxodo. Este tabernáculo sobrevivió a través de varios siglos, y en los tiempos de David al parecer estaba en Gabaón. Ya que el tabernáculo era un lugar donde el hombre podía encontrarse con Dios a través del servicio de los sacerdotes y el sacrificio, el anhelo de David de habitar en tu tabernáculo era en realidad el deseo de habitar en la presencia de Dios. ¿Quién puede venir al monte del templo de Dios? En un sentido, David simplemente utiliza la técnica hebrea de repetición para preguntar la misma pregunta, así como en la primera parte de este versículo. La palabra morará aquí tiene un sentido más permanente que la palabra habitará en la línea anterior. Es como si David escribiera, ¿Quién será recibido como un invitado en el tabernáculo de Dios, disfrutando de todas las protecciones de Su hospitalidad? ¿Quién podrá vivir como un ciudadano en Su monte santo?” Pero en otro sentido, David hace una segunda pregunta, más intensa. En ese tiempo el tabernáculo de Dios estaba en Gabaón (1 Reyes 3:4). Dependiendo de cuando escribió David el Salmo, puede ser que el arca del pacto estaba en Jerusalén y aún en el monte santo de Moria, donde Dios le había dicho a David que construyera el templo.

Al describir el carácter del hombre que puede vivir en la presencia de Dios, David empieza con dos descripciones en general (anda en integridad y hace justicia). En un sentido, David habla desde una perspectiva del Antiguo Pacto. Aunque el Antiguo Pacto ofreció un lugar importante para el sacrificio y expiación por medio de la sangre, también basaba la bendición y la maldición en la obediencia (Levítico 26, Deuteronomio 28). El desobediente no podía esperar bendición, incluyendo la bendición de la presencia de Dios. El Nuevo Pacto nos da una diferente ronda de bendición y relación con Dios: la obra terminada de Cristo Jesús en la cruz. Bajo el Nuevo Pacto, la fe es la base de la bendición, no el desempeño.

David sabía que no podíamos amar a Dios a menos que también nos opusiéramos al mal. Como dice en Salmo 97:10: Los que amáis a Jehová, aborreced el mal. Sin embargo, este hombre justo también honra a los que temen a Jehová; realiza sus juicios sobre los hombres en un fundamento piadoso, no por favoritismo, halagos o corrupción. Él no admira su persona, ni envidia su condición, ni le corteja con halagos, ni valora su compañía ni conversación, ni aprueba o consiente sus rumbos; pero piensa de manera mezquina de él; le juzga como un hombre muy miserable, y un gran objeto de lástima de que este anclado en sus prácticas inicuas, y obra para hacer ver que tales caminos son despreciables y odiosos para todos los hombres, siempre y cuando esté en su poder. Debemos de ser tan honestos como en ofrecer respeto como en pagar nuestras cuentas. Honra a quien honor merece. A todos los hombres buenos les debemos honor, y no tenemos el derecho de dárselo a las personas viles que están en lugares de honra.

David describió al hombre que está preocupado en vivir una vida justa cuando se trata de dinero. Muchas personas que se considerarían piadosas en otras áreas de sus vidas no han decidido el utilizar su dinero de una manera que honre a Dios y muestre amor y cuidado por los demás. David tenía en mente el sistema básico de desempeño del Antiguo Pacto. Aquel que satisfacía a Dios con este tipo de desempeño podía esperar la bendición de Dios. En el sistema del Antiguo Pacto, esta estabilidad de vida es una bendición de Dios dada al obediente. Bajo el Nuevo Pacto la promesa de estabilidad y seguridad es dada a aquellos que permanecen en la fe, tal fe es evidente a través de la vida en una obediencia en general. La idea detrás de no resbalará jamás es que el justo será un invitado del tabernáculo de Dios para siempre (como en Salmo 61:4). En palabras del Nuevo Testamento se pudiera expresar como esto: Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. (1 Juan 2:17)

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.