Conforme el pueblo se fue acercando a Dios en adoración, se volvieron conscientes de los estándares de Dios mencionados en Deuteronomio 23,  donde los Amonitas y los Moabitas no debían considerarse como parte de Israel. Ellos fueron señalados debido a sus retorcidos planes contra Israel, cuando Israel llegó a la tierra prometida; por lo menos mil años antes de esto. Mucho antes de que los Amonitas y Moabitas planearan cosas contra Israel, Dios había hecho una promesa al padre del pueblo Judío, Abraham: Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré. Genesis 12:3. El mandamiento sobre los Amonitas y los Moabitas es un simple cumplimiento de esta promesa.

Ninguno de ellos debía ser considerado como uno del pueblo de Israel y el Pueblo de Dios. Se refería a uno que pudiera participar en la vida espiritual de Israel. Un Israelita se volvía parte del pacto de Dios por nacimiento; pero un Amonita o Moabita no podía. Ellos tenían que convertirse en parte del pacto por elección; al unirse al pueblo de Dios y dejando a su propio pueblo. Esta orden era un mensaje fuerte; tanto entonces como ahora. Le decía a los Amonitas y Moabitas: Ustedes no son parte del pueblo de Dios por nacimiento. Ustedes tienen que tomar una decisión. No pueden vivir la forma de pensar y las obras de su cultura anti-Dios, y unirse realmente a la vida espiritual del pueblo de Dios. A menos de que dejen una y se unan a la otra, ustedes nunca serán realmente parte de esta vida espiritual. ¡Vengan y únanse! Esto también nos recuerda que Dios es capaz; más que capaz, de convertir cualquier maldición en bendición.

Ellos pudieron haber pensado en 20 razones para no hacer lo que la palabra de Dios claramente les decía que hicieran. En vez de eso, simplemente obedecieron. Pudieron haber puesto excusas familiares: “Esa orden fue hecha hace mucho tiempo, y habla a una época diferente.” “Las cosas son diferentes ahora.” “No exageremos.” “Asignemos a un grupo para examinar el asunto.” Los mezclados con extranjeros se refiere a los que querían asociarse con el pueblo de Israel, pero no querían calcular el costo y hacer un compromiso total. Incluso ahora, puede haber personas de buena voluntad en las Iglesias, personas honradas, que respetan a Dios y su palabra. Sin embargo son parte de los mezclados con extranjeros porque no han recibido el pacto de salvación de Dios en Jesús. Tales personas son bienvenidas, pero se debe entender en qué posición están.

Nehemías dejó Jerusalén y regresó a sus deberes en la corte Persa. Estuvo lejos de Jerusalén por alrededor de 10 o 12 años, en algún momento después del notable avivamiento espiritual mencionado en los capítulos recientes. Pero la verdadera prueba del avivamiento; la verdadera prueba de la obra de Dios en nuestras vidas, es el largo plazo. Es ver dónde nos encontramos con el Señor diez años después de una temporada de gran obra. Cuando Nehemías regresó, vio que el sacerdote Eliasib había llegado a un acuerdo con uno de los enemigos de la obra de Nehemías en la reconstrucción del muro; Tobías. Casualmente, Tobías era un Amonita; uno de los mismos mesclados con extranjeros que habían sido excluidos de la congregación del pueblo de Dios alrededor de 10 años atrás. En este punto en el registro de Nehemías, Tobías no solo estaba presente entre la congregación, sino que incluso rentaba un cuarto dentro de los patios del templo. Aparentemente, Tobías no había cambiado con los años. No se había unido al pueblo de Dios en los términos de su pacto. El problema era evidente para Nehemias; pero Eliasib estaba totalmente cegado a ello.

Había varias razonas por las que esto era tan inquietante para Nehemías. Porque habitaciones dentro de los patios del templo de Dios estaban siendo ocupadas por un hombre que no solo era un pagano, sino que también tenía una historia de oposición activa a la obra de Dios en los días de Nehemías. Porque hablaba muy mal de Eliasib (un hombre que era un líder espiritual en Israel) y aquellos que lo rodeaban. Esto mostraba que si Eliasib estaba cegado a un área problemática, tampoco había nadie a su alrededor que pudiera confrontarlo con el problema. Porque hacía dudar a Nehemías del valor duradero del avivamiento espiritual del que fue testigo cuando estuvo por última vez en Jerusalén.

Nehemías no era alguien que solo se sentaba y se lamentaba. Él tomó acciones; arrojando las cosas de Tobías fuera de las habitaciones que ocupaba en los patios del templo, y finalmente regresando las habitaciones a su uso adecuado, como almacenes para las cosas sagradas del templo. Nehemías se parece mucho a Jesús cuando limpió el templo de los que lo profanaban. Tanto Jesús como Nehemías tuvieron la sabiduría de no confundir el amor con el ser “amable” y la sabiduría de saber cuándo tomar acciones osadas.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse