Ahora, Jesús trata con lo que habían escuchado sobre la ley del adulterio. Por supuesto, los maestros de la época enseñaban que el adulterio estaba mal. Pero aplicaban la ley solo a las acciones, no al corazón. Jesús explica que es posible cometer adulterio o asesinato en nuestro corazón –o mente–y esto también es pecado y prohibido por el mandato contra el adulterio. Con las palabras, “Cualquiera que mira a una mujer”, Jesús localizó el origen de la lujuria en los ojos. Esto es verdadero, de acuerdo con la declaración bíblica (como Job 31:1) donde el dijo que había hecho un pacto con sus ojos para no mirar a doncella alguna. Sin embargo, es importante entender que Jesús no está diciendo que el acto de adulterio y adulterio en el corazón son lo mismo. Más de varias personas han sido engañadas en este punto y dicen: Ya he cometido adulterio en mi corazón, así que bien podría hacerlo en la práctica. El acto de adulterio es mucho peor que el adulterio en el corazón. El punto de Jesús no es decir que son las mismas cosas, sino decir que ambas son pecado y ambas están prohibidas por el mandato de la ley contra el adulterio. La imaginación es un regalo dado por Dios; pero si es alimentada con suciedad por el ojo, estará sucia. Todo pecado, incluso el menor pecado sexual, comienza con la imaginación. Por lo tanto, lo que alimenta la imaginación es de máxima importancia en la búsqueda de la justicia del reino.

Jesús dice que: Si tú ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti: Aquí Jesús usa una figura retórica y no habló literalmente. Lamentablemente, algunos lo han tomado de esa manera y se han mutilado en esfuerzos equivocados en búsqueda de santidad. Por ejemplo, el famoso cristiano primitivo llamado Origen se castró a sí mismo sobre el principio de este pasaje. El problema con una interpretación literal es que no llega lo suficientemente lejos. Aun si te cortas la mano o te sacas tu ojo, puedes pecar con la otra mano u ojo. Cuando todos esos ya no están, puedes pecar especialmente con tu mente. Jesús simplemente enfatizó el punto de que uno debe estar dispuesto a sacrificar para ser obediente. Si parte de nuestra vida está dada al pecado, debemos estar convencidos de que es mejor que esa parte de nuestra vida “muera” en lugar de condenar toda nuestra vida. Esta es la cosa que muchos no están dispuestos a hacer, y por eso permanecen atrapados en pecado, o nunca vienen a Jesús. Nunca llegan más allá de un vago deseo de ser mejores. La salvación de nuestras almas debe ser preferida sobre todas las cosas, que sean siempre tan queridas y preciosas para nosotros; y si la discreción ordinaria del hombre enseña que para la preservación de sus cuerpos se corten un miembro en particular, el cual podría dañar a todo el cuerpo, les enseña mucho más a apartarse de cualquier cosa que perjudique la salvación de sus almas.

En los tiempos de Jesús, mucha gente interpretaba que el permiso mosaico para el divorcio (Deuteronomio 24:1) otorgaba prácticamente cualquier razón como motivo para el divorcio. Algunos rabinos enseñaban que esto hasta permitía que un hombre se divorciara de su esposa si ella quemaba su desayuno. En los tiempos de Jesús, este permiso de Deuteronomio 24:1 se había convertido en un instrumento de crueldad contra las esposas. Los escribas se ocuparon exclusivamente en obtener la carta de separación en forma legal debida. No hacían nada para restringir al capricho injusto de los esposos; más bien abrían una puerta más amplia a la licencia.

La cuestión del divorcio se basaba de una interpretación estricta o floja de la palabra indecente en Deuteronomio 24:1. Aquellos que querían hacer el divorcio fácil tenían una interpretación floja. Jesús deja en claro que la idea de indecente es fornicación, no algo que la esposa pueda hacer para desagradar al esposo. Fornicación se traduce porneia, cuyo significado raíz es ‘fornicación’, pero es usado más ampliamente, de modo que podría incluir la falta de castidad premarital, descubierta posteriormente.

La enseñanza de Jesús sobre el matrimonio y el divorcio se explica con más detalle en Mateo 19, pero aquí vemos la intención de Jesús: volver a la intención de la ley, en lugar de permitir que sea usada como un permiso fácil para el divorcio. Este énfasis de Jesús en la permanencia del matrimonio y el error del divorcio injustificado fue en contra del pensamiento de muchos en las culturas judía y gentil. En Grecia vemos todo un sistema social basado en relaciones fuera del matrimonio; vemos que estas relaciones fueron aceptadas como naturales y normales, y no en lo menos culpables. La cultura romana llegó a adoptar esta actitud hacia el matrimonio. Un divorcio ilegítimo da lugar al adulterio porque Dios no reconoce el divorcio y ve una nueva relación como bígama. Es posible para una persona tener un divorcio que sea conocido por el estado, pero no por Dios. Si esa persona se casa con alguien más, Dios considera esa relación adulterio porque los ve como si aún están casados.

Los escribas y fariseos habían torcido la ley No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano (Éxodo 20:7). Jesús nos recuerda que Dios es parte de cualquier juramento; si juras por el cielo, la tierra, Jerusalén, o aun por tu cabeza, tú juras por Dios, y tu juramento debe ser honrado. De nuevo una declaración no calificada, no para ser tomada en la carta como una nueva ley, sino en el espíritu de inculcar tal amor a la verdad que, en lo que a nosotros respecta, no haya necesidad de juramentos. Tener que jurar o hacer juramentos revela la debilidad de tu palabra. Demuestra que no hay suficiente peso en tu carácter para confirmar tus propias palabras. Cuánto mejor es dejar que tu “sí” sea “sí” y tu “no” sea “no”. Algunos han tomado esta palabra de Jesús como más que un énfasis en decir la verdad y en la honestidad como prohibición absoluta de todos los juramentos. Esto es equivocado, porque los juramentos son permitidos bajo ciertas circunstancias, siempre y cuando no se abusen de ellos y sean usados como cobertura para el engaño. · Dios mismo hace juramentos: Hebreos 6:13 y Lucas 1:73. · Jesús hablo bajo juramento en una corte: Mateo 26:63-64. · Pablo hizo juramentos: Romanos 1:9, 2 Corintios 1:23, Gálatas 1:20, 2 Tesalonicenses 2:5. El hombre verdaderamente bueno nunca tendrá que hacer un juramento; La verdad de sus palabras y la realidad de sus promesas no necesitan tal garantía. Pero el hecho de que los juramentos a veces son necesarios es la prueba de que los hombres no son hombres buenos y que este no es un mundo bueno.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.