La sección previa mencionó que le siguió mucha gente, que venían de muchas regiones diferentes. En respuesta a esto, Jesús subió al monte. Al final del Sermón del monte, la gente en general escuchó su mensaje y se admiraba de su doctrina. Jesús usó su voz de una manera fuerte para enseñar a esta multitud. Habló con energía, proyectando sus pensamientos con seriedad. En el Sermón del monte, Jesús nos dice cómo vivir. La primera parte del Sermón del monte es conocida como las bienaventuranzas, que significa “las bendiciones”, pero también puede ser entendido como enseñándole a los creyentes acerca de sus “actitudes”, las actitudes que deben tener.

Jesús prometió bendición a sus discípulos, prometiendo que los pobres en espíritu son bienaventurados. La idea detrás de la antigua palabra griega para bienaventurados es “feliz”, pero en el sentido más verdadero y piadoso de la palabra, no en nuestro sentido moderno de simplemente estar cómodos o entretenidos en el momento. Los pobres en espíritu: Esta no es confesión de un hombre que por naturaleza es insignificante, o personalmente sin valor, pues eso sería falso. En cambio, es una confesión que él es pecaminoso y rebelde y que carece por completo de las virtudes morales adecuadas para recomendarlo a Dios. Aquellos que son pobres en espíritu, tan pobres que tienen que mendigar, son recompensados. Reciben el reino de los cielos porque la pobreza de espíritu es un prerrequisito absoluto para recibir el reino de los cielos, y mientras alberguemos ilusiones de nuestros propios recursos espirituales, nunca recibiremos de Dios lo que necesitamos absolutamente para ser salvos.

Bienaventurados los que lloran: Jesús no habla de tristeza casual por consecuencias de nuestro pecado, sino de un dolor profundo ante Dios por nuestro estado caído. La palabra griega para lloran, utilizada aquí, es la palabra más fuerte para llorar en el idioma griego. Es la palabra que se usa para llorar por los muertos, para el lamento apasionado por alguien que fue amado. A los que lloran por su pecado y su condición pecaminosa se les promete consolación. Dios permite esta tristeza en nuestras vidas como un camino, no como un destino.

Bienaventurados los mansos: Es imposible traducir esta antigua palabra griega praus (mansos) con una sola palabra en nuestro idioma. Tiene la idea de un balance adecuado entre el enojo y la indiferencia, de una personalidad poderosa debidamente controlada y de humildad. La idea principal detrás de la palabra “mansos” era fuerza bajo control, como un semental fuerte que estaba entrenado para hacer su trabajo en vez de correr libremente. Las dos primeras bienaventuranzas son generalmente internas; la tercera trata de cómo uno se relaciona con su prójimo. Las dos primeras eran principalmente negativas; la tercera es claramente positiva. Podemos ser mansos, dispuestos a controlar nuestro deseo por nuestros derechos y privilegios, porque confiamos que Dios nos cuida y Él protegerá nuestra causa.

Bienaventurados los que tienen hambre: Esto describe un hambre profunda que no puede satisfacerse con un bocadillo. Este es un anhelo que perdura y nunca está completamente satisfecho en este lado de la eternidad. Vemos a cristianos hambrientos por muchas cosas: poder, autoridad, éxito, comodidad, felicidad… pero ¿cuántos tienen hambre y sed de justicia? Jesús prometió saciar al hambriento; saciarlos con todo lo que puedan comer. Este es un relleno extraño que satisface, pero nos hace desear más.

Bienaventurados los misericordiosos: Esta bienaventuranza se dirige a los que mostrarán misericordia, porque ya han recibido misericordia. Es misericordia ser vaciado de tu orgullo y llevado a la pobreza en espíritu. Es misericordia ser llevado a llanto sobre tu condición espiritual. Es misericordia recibir la gracia de mansedumbre y convertirse dócil. Es misericordia tener hambre y sed de justicia. Por lo tanto, este de quien se espera que muestre misericordia es alguien quien ya la ha recibido.

Bienaventurados los de limpio corazón: En el griego antiguo, la frase de limpio corazón tiene la idea de rectitud, honestidad y claridad. Puede haber dos ideas relacionadas con esto. Uno es de pureza moral interior en oposición a la imagen de pureza o pureza ceremonial. La otra idea es de un corazón indivisible, aquellos que son absolutamente sinceros y no divididos en su devoción y compromiso con Dios. En esto, los de limpio corazón reciben la recompensa más maravillosa. Ellos gozaran de una mayor intimidad con Dios de lo que podrían haber imaginado.

Bienaventurados los pacificadores: Esto no describe a aquellos que viven en paz, sino a aquellos que en realidad producen paz, venciendo el mal con el bien. Una manera que logramos esto es a través de compartir el evangelio, ya que Dios ha confiado en nosotros el ministerio de la reconciliación. En el evangelismo hacemos paz entre el hombre y el Dios a quien han rechazado y ofendido. La recompensa de los pacificadores es que son reconocidos como verdaderos hijos de Dios. Ellos comparten su pasión por la paz y reconciliación, el derribamiento de muros entre personas.

Bienaventurados los que padecen persecución: Estos bienaventurados son perseguidos por causa de la justicia y por causa de Jesús (por mi causa), no por su propia estupidez o fanatismo. Pedro reconoció que el sufrimiento podría llegar a algunos cristianos por razones aparte de la fidelidad a Jesús y esto no es a lo que Jesús se refiere aquí.

Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo: Jesús incluye a los insultos y la malicia hablada a la esfera de la persecución. No podemos limitar nuestra idea de persecución a solamente oposición física o tortura.

Vosotros sois la sal de la tierra: Los discípulos son como la sal porque son preciosos. En los tiempos de Jesús, la sal era mercancía valiosa. A los soldados romanos a veces se les pagaba con sal, dando lugar a la frase “vale su sal”. Vosotros sois la luz del mundo: Jesús le da al cristiano un gran cumplido y una gran responsabilidad cuando dice que nosotros somos la luz del mundo, porque Él tomó ese título para sí mismo mientras caminó en este mundo. Luz del mundo significa que no solo somos receptores de luz, sino también dadores. Debemos tener una mayor preocupación que solo nosotros mismos, y no podemos vivir solamente para nosotros mismos; debemos tener a alguien a quien dar luz, y hacerlo con amor. El propósito de la luz es iluminar y exponer lo que está ahí. El propósito de dejar que alumbre vuestra luz al hacer buenas obras es para que otros glorifiquen a Dios y no a nosotros mismos. El objetivo de nuestro alumbre no es que los hombres vean lo bueno que somos, ni siquiera que nos vean en absoluto, sino que vean la gracia en nosotros y a Dios en nosotros, y clamar: “Qué Padre han de tener estas personas”.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.