Según el cálculo romano del tiempo desde las 12:00 del mediodía hasta las 3:00 de la tarde hubo una oscuridad inusual duró por tres horas, mucho más que cualquier otro eclipse natural. Esto no fue todo el tiempo que Jesús estuvo en la cruz, sino la última parte de ese tiempo. Según Marcos 15:25 y 15:34, Podemos suponer que Jesús colgó en la cruz por aproximadamente 6 horas (aproximadamente entre las 9:00 de la mañana y las 3:00 de la tarde). Las primeras tres horas de la terrible experiencia de Jesús en la cruz fueron durante las horas normales de luz, para que todos pudieran ver que en realidad era Jesús en la cruz, y no un reemplazo o un impostor.

Esta oscuridad era especialmente notable porque sucedió durante una luna llena –durante el tiempo cuando se llevaba a cabo la Pascua– y durante una luna llena es imposible que haya un eclipse natural del sol. Flegón, historiador romano, escribió: “En el cuarto año de la 202 Olimpiada, hubo un eclipse extraordinario del sol: a la hora sexta, el día se volvió en noche oscura, de modo que se vieron las estrellas en el cielo; y hubo un terremoto.

Al citar el Salmo 22, Jesús declaró su cumplimiento de esa profecía, tanto en su agonía como en su jubilo. El Salmo continúa diciendo: líbrame de los cuernos de los búfalos. Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré. (Salmos 22:21b-22). La probabilidad es que Jesús habló en hebreo. No es ningún argumento contra esto que los espectadores no entiendan lo que dijo, pues la declaración no fue hecha para los oídos del hombre. Es notablemente, la única ocasión en los evangelios sinópticos donde Jesús se dirige a Dios sin llamarlo Padre. Jesús había conocido gran dolor y sufrimiento (tanto físico como emocional) durante su vida. Sin embargo, nunca había experimentado separación de su Padre. En este momento, Él experimentó lo que nunca había experimentado. Había un sentido significativo en el que Jesús se sintió justamente desamparado por el Padre en este momento. ¿Por qué me has desamparado? La agonía de este clamor es significativa. Rara vez le duele al hombre estar separado de Dios o considerar que es un objeto digno de la ira de Dios, sin embargo, esta fue la verdadera agonía de Jesús en la cruz. En algún momento antes de morir, antes de que el velo se rasgara en dos, antes de que clamara consumado es, se llevó a cabo una increíble transacción espiritual. Dios el Padre puso sobre Dios el Hijo toda la culpa y la ira que merecía nuestro pecado, y Él lo llevó sobre Él perfectamente, satisfaciendo totalmente la ira de Dios por nosotros.

Podemos imaginar la respuesta a la pregunta de Jesús: ¿Por qué? “Porque, Hijo mío, has elegido ponerte en el lugar de los pecadores culpables. Tú, que nunca has conocido el pecado, has hecho el sacrificio infinito de convertirte en pecado y recibir mi ira justa sobre el pecado y los pecadores. Haces esto por tu gran amor y por mi gran amor”. Mientras Jesús colgaba en la cruz, sus escuchas lo malinterpretaron tomando la parte como el todo. Él dijo: “Eli, Eli, ¿lama sabactani?” No solo malinterpretaron lo que escucharon (Jesús dijo, “Eli” no “Elías”), pero también solo escucharon una palabra de lo que dijo. Esto no funcionará para el verdadero seguidor de Jesús; no solo escuchamos una palabra de Jesús, sino cada palabra que procede de la boca de Dios. Jesús sabía lo que era que malinterpretaran sus motivos. Él sanó a personas, y otros dijeron que lo había hecho por el diablo. Buscó a los pecadores, y las personas lo llamaron cerdo borracho. Algunas veces los motivos de los seguidores de Jesús son malinterpretados.

La mayoría de las víctimas de crucifixión pasaban sus últimas horas en agotamiento total o inconscientes antes de morir. Jesús no fue así; a pesar de haber sido tremendamente torturado y debilitado, estuvo consiente y capaz de hablar hasta el momento de su muerte. Juan 19:30 nos dice que Jesús dijo: “Consumado es”, lo cual es una palabra del antiguo griego, tetelestai, lo que significa, “pagado en su totalidad”. Este fue el grito de un ganador, porque Jesús pagó por completo la deuda de pecado que debíamos, y terminó el eterno propósito de la cruz. Entregó el espíritu: Nadie le quitó la vida a Jesús. Jesús, de una manera diferente a cualquier otro hombre, entregó el espíritu. La muerte no tenía control justo sobre el Hijo de Dios sin pecado. Él se puso en el lugar de los pecadores, pero nunca fue ni se convirtió en pecador. Por lo tanto, no podía morir a menos que entregara su espíritu. Él entregó su vida porque así lo quiso, cuando lo quiso y como lo quiso.

Los resultados inmediatos de la muerte de Jesús. El velo era lo que separaba al Lugar Santo del Lugar Santísimo en el templo. Era una demostración vívida de la separación entre Dios y el hombre. Notablemente, el velo fue rasgado de arriba abajo, y fue Dios quien lo rasgo. Hechos 6:7 dice que, en los días de la iglesia antigua, muchos de los sacerdotes obedecían a la fe. Tal vez este velo rasgado les demostró la grandeza de la obra de Jesús. También es probable que fue cómo el velo rasgado se convirtió en conocimiento común. La misma naturaleza fue sacudida por la muerte del Hijo de Dios. Los corazones de los hombres no respondieron a los agonizantes gritos del moribundo Redentor, pero las rocas respondieron: las rocas se partieron. Él no murió por las rocas, sin embargo, las rocas fueron más suaves que los corazones de los hombres, por los cuales él derramó su sangre.

Probablemente debería haber una pausa entre el final del verso 51 y el comienzo del 52. No debemos suponer que el terremoto que sucedió y partió las rocas durante la crucifixión también abrió las tumbas de algunos de los justos fallecidos; quienes esperaron en esas tumbas abiertas por tres días hasta que salieron de los sepulcros, después de la resurrección de él. Es mejor entender que Mateo tenía la intención de que viéramos que el terremoto sucedió en el día que Jesús fue crucificado. Luego, en el día que fue revelado como resucitado, el radiante poder de su nueva vida fue tan grande que resucitó a algunos de los justos fallecidos. Saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él: Este es uno de los pasajes más extraños en el evangelio de Mateo. No sabemos de este acontecimiento por ninguna otra fuente, y Mateo no nos dice mucho. Así que realmente no sabemos de qué trata todo esto, pero aparentemente estos santos murieron una vez más porque fueron levantados de los muertos en el sentido que Lázaro lo fue, no a la vida de resurrección, sino para morir de nuevo. La escena de la crucifixión de Jesús fue tan impactante que incluso un endurecido centurión romano confesó que éste era Hijo de Dios. Este hombre había supervisado la muerte de tal vez cientos de otros hombres por crucifixión, pero él supo que había algo único sobre Jesús. El Maestro no solo causó un impacto en hombres rudos y endurecidos como el centurión romano, sino que también causó impacto en mujeres, incluso en mujeres como María Magdalena. Para su honor eterno, estas mujeres demostraron más valor y apego afectuoso a su Señor y Maestro que los discípulos, que habían prometido morir con él en vez de abandonarlo.

Piensa en quiénes estuvieron allí en la cruz. Hombres y mujeres. Judíos y gentiles. Ricos y pobres. De clase alta y baja. Religiosos y no religiosos. Culpables e inocentes. Personas que odiaban a Jesús y personas que amaban a Jesús. Opresores y oprimidos. Llorones y escarnecedores. Educados y sin educación. Los profundamente conmovidos y los indiferentes. Diferentes razas, diferentes nacionalidades, diferentes idiomas, diferentes clases. Esa multitud mixta fue seguramente una profecía. Toda clase y condición de hombres han sido atraídos por esa Cruz.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.