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Getsemaní está justo al este del área del monte del templo en Jerusalén, por el arroyo de Cedrón, y en las faldas del monte de los Olivos. Rodeado de viejos olivos, Getsemaní significa “prensa de oliva”. Ahí, las aceitunas del barrio eran aplastadas por su aceite. Así también, el hijo de Dios sería aplastado ahí. Y nuevamente, escogió ese huerto, de entre otros contiguos a Jerusalén, porque Judas conocía el lugar. Quería retirarse, pero no quería un lugar donde pudiera ocultarse y esconderse. No fue para que Cristo se entregara, eso sería suicida; pero tampoco fue para qué se retirara y ocultara, eso sería cobardía. Jesús estaba perturbado; en parte por conocer el horror físico que le esperaba en la cruz. Mientras llegaba a Getsemaní desde el centro de Jerusalén, cruzó el arroyo de Cedrón y vio en la luna llena de la Pascua la corriente que fluía roja con sangre de sacrificio desde el templo. Jesús estaba angustiado por el horror espiritual que lo esperaba en la cruz. Jesús se pondría en el lugar de los pecadores culpables y recibiría todo el castigo espiritual que los pecadores merecen.

Decir que Jesús estaba muy triste es una traducción bastante débil para una frase que contiene la palabra favorita de Mateo para emoción violenta, incluso conmoción. Jesús no murió como mártir. Él se dirigió a su muerte sabiendo que era la voluntad de su Padre que enfrentara la muerte completamente solo, como el Cordero de Pascua sacrificial que evita la ira. Como su muerte fue única, también lo fue su angustia; y nuestra mejor respuesta a ella es adoración silenciosa. De ahí la letanía griega: ‘Por tus sufrimientos desconocidos, buen Señor, líbranos.

Si es posible pasa de mí esta copa: Por supuesto, hay un sentido en el que todas las cosas son posibles con Dios. Sin embargo, esto es verdadero solo en un cierto sentido, porque hay cosas que son moralmente imposibles para Dios. Es imposible que Dios mienta e imposible agradarle sin fe. No era moralmente posible que Dios expiara el pecado y redimiera a la humanidad perdida, aparte del sacrificio perfecto que satisface la ira para el que Jesús se preparó en Getsemaní. Dios el Padre nunca negaría al Hijo ninguna petición, porque Jesús oraba de acuerdo con el corazón y la voluntad del Padre. Como Jesús tomó de la copa del juicio en la cruz, sabemos que no es posible que la salvación llegue de ninguna otra manera; Si hubiera alguna otra manera de ser justificados ante Dios, entonces Jesús murió innecesariamente. Repetidamente en el Antiguo Testamento, la copa es una imagen poderosa de la ira y el juicio de Dios. Jesús llegó a un punto de decisión en Getsemaní. No era que no había decidido antes o que no había consentido antes, sino que ahora había llegado a un punto de decisión único. Tomó de la copa en el calvario, pero decidió hacerlo de una vez por todas en Getsemaní. Jesús valoraba y deseaba la ayuda de sus amigos en esta batalla de oración y decisión. Pero incluso sin la ayuda de ellos, resistió en oración hasta que la batalla fue ganada. Jesús sabía que Pedro fallaría; pero lo alentó a la victoria, sabiendo que los recursos se encontraban en velar y orar. Si Pedro despertaba (tanto física como espiritualmente), y se acercaba en dependencia a Dios, hubiera podido evitar negar a Jesús en la hora crítica. Jesús encontró la victoria en la cruz al triunfar en la lucha en Getsemaní. Pedro –al igual que nosotros– falló en la tentación posterior porque falló en velar y orar. La batalla espiritual a menudo se gana o se pierde antes de que llegue la crisis.

Jesús sabía que Judas y los que lo iban a arrestar estaban en camino. Él pudo haber huido y escapado de la agonía que le esperaba en la cruz, pero Jesús se levantó para encontrarse con Judas. Él estaba en control completo de todos los eventos. Es claro que consideraban a Jesús como un hombre peligroso y vinieron a tomarle con gran fuerza. Judas: Probablemente recibió el pago por información sobre dónde podían arrestar a Jesús en un entorno tranquilo con poco peligro de una multitud enfurecida. Tal vez llevó a los soldados primero al aposento alto; cuando se enteró de que Jesús y sus discípulos no estaban ahí, pudo adivinar dónde estarían. Aquellos especializados en el aprendizaje judío nos dicen que la guardia ordinaria del templo pertenecía a los sacerdotes y a los oficiales que empleaban; pero en sus grandes celebraciones, los gobernantes romanos agregaban una banda de soldados, que aún estaban bajo el mando de los sacerdotes. Judas saludó afectuosamente a Jesús, incluso dándole el beso acostumbrado. Pero el beso solo identificó con precisión a Jesús ante las autoridades que venían a arrestarlo. No hay palabras más vacías o hipócritas en la Biblia que el “¡Salve, Maestro!” en la boca de Judas. Las palabras amorosas y sinceras de Jesús –que llamó a Judas “amigo”– contrastan fuertemente.

Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron: Esto sucedió solamente después de que todos habían caído a tierra cuando Jesús se anunció como el “Yo soy” Es extraño que, después de esto, se atrevan a acercarse a él; pero las Escrituras deben ser cumplidas.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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