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Jesús no dio la explicación acostumbrada del significado de cada alimento. Él los reinterpretó en sí mismo, y el enfoque ya no estaba en el sufrimiento de Israel en Egipto, sino en el sufrimiento de Jesús que lleva el pecado en nombre de ellos.

Las palabras “esto es mi cuerpo” no tenían lugar en el ritual de la Pascua; y como innovación, deben haber tenido un efecto asombroso, un efecto que crecería con la mayor comprensión obtenida después de Pascua. Mientras comemos el pan, debemos recordar cómo Jesús fue quebrado, atravesado y golpeado para nuestra redención. Mientras bebemos la copa, debemos recordar que su sangre, su vida fue derramada en el Calvario por nosotros.
Notablemente, Jesús anunció la institución del nuevo pacto. Ningún hombre cualquiera podría haber instituido un nuevo pacto entre Dios y el hombre, pero Jesús es el Dios-hombre. Él tiene la autoridad para establecer un nuevo pacto, sellado con sangre, así como el antiguo pacto fue sellado con sangre.

Bíblicamente, podemos entender que el pan y la copa no son solo símbolos, sino que son imágenes poderosas para tomar parte de, para entrar a, mientras vemos la Mesa del Señor como la nueva Pascua. Aquí en estas palabras debe haber dos figuras reconocidas. La copa aquí es puesta para el vino en la copa; y el significado de estas palabras, esto es mi sangre del nuevo pacto, debe ser, este vino es la señal del nuevo pacto. La segunda figura: Esto es mi cuerpo, el pan era la representación del cuerpo.

Lo que es cierto es que Jesús nos invita a conmemorar, no su nacimiento, no su vida, ni sus milagros, sino su muerte. Más allá del debate sobre lo que el pan y la copa significan, debemos recordar lo que Jesús dijo que hiciéramos con ellos.  Tomad significa que no será forzado sobre nadie.
Comed significa que esto es absolutamente vital para todos. Sin comida o bebida, nadie puede vivir. Sin Jesús, morimos. También significa que debemos tomar a Jesús dentro de lo más profundo de nuestro ser. En el idioma griego antiguo, gracias es la palabra “eucharist”. Es por eso que la conmemoración de la Cena del Señor a veces es llamada la Eucaristía.

Jesús anhelaba una celebración futura de la Pascua en el cielo, una que aún no ha celebrado con su pueblo. Está esperando que todo su pueblo se reúna con Él, y entonces se llevará a cabo una gran cena, la cena de las bodas del Cordero. Este es el cumplimiento en el reino de mi Padre que Jesús anhelaba. Tal vez no pensamos en Jesús cantando, pero lo hizo. Levantó su voz en adoración y alabanza a Dios el Padre. Podemos preguntarnos cómo sonaba su voz, pero sabemos con certeza que cantó con más que su voz, y que elevó todo su corazón en alabanza. Esto nos recuerda que Dios quiere ser alabado con cantos.

Es increíble que Jesús pudiera cantar en esta noche antes de su crucifixión. ¿Nosotros podríamos cantar en semejantes circunstancias? Jesús realmente puede ser nuestro líder de adoración. Deberíamos cantarle a Dios nuestro Padre –tal como lo hizo Jesús– porque esto es algo que le agrada; y cuando amamos a alguien, queremos hacer cosas que le agraden. Realmente no importa si nos agrada o no a nosotros. Cuando Jesús se levantó para ir a Getsemaní, el Salmo 118 estaba sobre sus labios. Este proveyó una descripción apropiada de cómo Dios guiaría a su Mesías a través de la angustia y el sufrimiento hasta la gloria.

Jesús ya estaba viendo más allá de la cruz. Sus ojos estaban puestos sobre el gozo puesto delante de él. Pedro trágicamente no estaba consciente de la realidad espiritual y la batalla espiritual que Jesús vio claramente. Pedro se sentía valiente en el momento y no tenía percepción más allá del momento. Pronto, Pedro se sentiría intimidado ante una humilde sierva, y ante ella Pedro negaría que él conocía a Jesús. El Maestro sabía que Pedro fracasaría en lo que él consideraba ser su área fuerte: valor y audacia. A través de esta solemne advertencia, Jesús le dio a Pedro la oportunidad de prestar atención y considerar su propia debilidad. Se lo dijo tan claramente a Pedro. Pedro, se te hará tropezar. Me abandonarás a mí, tu Maestro. Lo harás esta misma noche, antes de que el gallo cante. Negarás cualquier asociación conmigo, o incluso que me conoces. Y no solo lo harás una vez; lo harás tres veces”.

¿A caso esta advertencia no era lo suficiente como para que no confiara en su propia fuerza, sino que dependiera de Dios? Fue una oportunidad que Pedro no aprovechó. En cambio, dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré, Jesús conocía a Pedro mucho mejor de lo que Pedro se conocía a sí mismo, y al sobreestimarse a sí mismo, Pedro estaba listo para una caída. El resto de los discípulos también sobreestimaron su fuerza y no confiaron en el Señor en la hora crítica: Y todos los discípulos dijeron lo mismo. Aparentemente, era usual que los gallos en Palestina cantaran alrededor de las 12:30, 1:30 y 2:30 a.m. así que los romanos le dieron el nombre de ‘canto del gallo’ a la vigilia de entre las 12:00 a 3:00 a.m.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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