Esta Pascua recuerda la liberación de Israel de Egipto, el cual fue el acto principal de redención en el Antiguo Testamento, debió haber sido una conmemoración muy conmovedora para Jesús. El problema principal es que Mateo, Marcos y Lucas presentan esta cena que Jesús tendrá con sus discípulos como la cena de Pascua, la cual normalmente se comía con cordero que era sacrificado en el día de la Pascua con una gran ceremonia en el templo. Sin embargo, Juan parece indicar que la cena se llevó a cabo antes de la Pascua en Juan 13:1, y que Jesús en realidad fue crucificado en la Pascua en Juan 18:28. Es una opinión común que nuestro Señor comió la Pascua unas horas antes de que los judíos la comieran; pues los judíos, según la costumbre, comían la suya al final del catorceavo día, pero Cristo comió la suya la noche anterior, la cual fue al inicio del sexto día, o viernes; los judíos comienzan su día al anochecer, nosotros a la media noche. Por lo tanto, Cristo comió la Pascua el mismo día con los judíos, pero no a la misma hora. Ya que el día judío iniciaba a la puesta del sol, Jesús comió la Pascua y fue asesinado el mismo día según el calendario judío. Sin embargo, sería incorrecto decir que no hubo cordero de Pascua en le última cena de Jesús y sus discípulos; Él fue el cordero de Pascua. Pabló se referiría después a Él como nuestra pascua, que fue sacrificado por nosotros.

En medio de su cena de Pascua, Jesús hizo un anuncio sorprendente. Les dijo a sus discípulos que uno de ellos lo traicionaría. Es fácil perder el aprecio por lo terrible que fue que uno de sus propios discípulos lo traicionó. El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar: Jesús dijo esto no para señalar a un discípulo en específico, porque todos metieron la mano en el plato con Él. Más bien, Jesús identificó al traidor como un amigo, alguien que comía en la misma mesa con Él. Fue noble que los otros 11 discípulos hicieran la misma pregunta (¿Soy yo, Señor?); fue una terrible hipocresía que Judas la hiciera. Jesús le dijo a Judas, tu lo has dicho, no para condenar a Judas, sino para llamarlo al arrepentimiento. Es justo suponer que lo dijo con amor en sus ojos, y fue una forma más de recordarle que lo amaba, aún sabiendo de su traición. En algún momento durante o después de esta cena, Jesús lavó los pies de los discípulos. Después de esto, Judas se fue. Como Juan no describió la institución de la Cena del Señor en su evangelio, hay debate sobre si Judas estuvo presente cuando fue ofrecida por primera vez la cena del Señor, como se describe en el siguiente pasaje. La mayoría cree con confianza que Judas no fue parte de esta parte de la cena del Señor. El asunto es demasiado complicado de determinar con certeza.

Jesús tomó el pan, y bendijo, y lo partió: Cuando el pan era tomado en la Pascua, el principal de la cena decía: “Este es el pan de aflicción que nuestros padres comieron en la tierra de Egipto. Que cualquiera que tenga hambre venga y coma; que cualquiera que tenga necesidad venga y coma de la cena de Pascua”. Todo lo que se comía en la cena de Pascua tenía significado simbólico. Las hierbas amargas evocaban la amargura de la esclavitud; el agua salada recordaba las lágrimas derramadas bajo la opresión de Egipto. El plato principal de la cena –un cordero recién sacrificado por ese hogar en particular– no simbolizaba nada conectado con las agonías de Egipto. Era el sacrificio que soporta el pecado que permitía que el juicio de Dios pasara por encima de la familia que creía. La Pascua creó una nación; una multitud de esclavos fueron liberados de Egipto y se convirtieron en una nación. Esta nueva Pascua también crea un pueblo; aquellos unidos en Cristo Jesús, recordando y confiando en su sacrificio.

Jesús no dio la explicación acostumbrada del significado de cada alimento. Él los reinterpretó en sí mismo, y el enfoque ya no estaba en el sufrimiento de Israel en Egipto, sino en el sufrimiento de Jesús que lleva el pecado en nombre de ellos. Mientras comemos el pan, debemos recordar cómo Jesús fue quebrado, atravesado y golpeado para nuestra redención. Mientras bebemos la copa, debemos recordar que su sangre, su vida fue derramada en el Calvario por nosotros. El nuevo pacto se refiere a una transformación interna que nos limpia de todo pecado: porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado (Jeremías 31:34). Esta transformación pone la Palabra y la voluntad de Dios en nosotros: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón (Jeremías 31:33). Este pacto se trata de una nueva relación cercana con Dios: Yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo (Jeremías 31:33). Podemos decir que la sangre de Jesús hizo posible el nuevo pacto, y también lo hizo seguro y confiable.

Bíblicamente, podemos entender que el pan y la copa no son solo símbolos, sino que son imágenes poderosas para tomar parte de, para entrar a, mientras vemos la mesa del Señor como la nueva Pascua. En el idioma griego antiguo, gracias es la palabra eucharist. Es por eso que la conmemoración de la cena del Señor a veces es llamada la Eucaristía. Esto nos dice algo sobre la actitud y el corazón de Jesús en este momento: Observe, Jesús estaba de ánimo y capaz, en esa hora, de agradecer y alabar, confiado en que saldría bien del mal. En Getsemaní fue capaz de solamente someterse. Jesús anhelaba una celebración futura de la Pascua en el cielo, una que aún no ha celebrado con su pueblo. Está esperando que todo su pueblo se reúna con Él, y entonces se llevará a cabo una gran cena, la cena de las bodas del Cordero. Este es el cumplimiento en el reino de Su Padre que Jesús anhelaba. El texto dice: Y cuando hubieron cantado el himno: Tal vez no pensamos en Jesús cantando, pero lo hizo. Levantó su voz en adoración y alabanza a Dios el Padre. Podemos preguntarnos cómo sonaba su voz, pero sabemos con certeza que cantó con más que su voz, y que elevó todo su corazón en alabanza. Esto nos recuerda que Dios quiere ser alabado con cantos. Es increíble que Jesús pudiera cantar en esta noche antes de su crucifixión. ¿Nosotros podríamos cantar en semejantes circunstancias? Jesús realmente puede ser nuestro líder de adoración. Deberíamos cantarle a Dios nuestro Padre –tal como lo hizo Jesús– porque esto es algo que le agrada; y cuando amamos a alguien, queremos hacer cosas que le agraden. Realmente no importa si nos agrada o no a nosotros.

Jesús les recordó que ellos se escandalizarían y lo abandonarían, dijo esto no para condenar a sus discípulos, sino para mostrarles que realmente estaba en control de la situación, y para demostrar que las escrituras sobre el sufrimiento del Mesías debían ser cumplidas. Pedro trágicamente no estaba consciente de la realidad espiritual y la batalla espiritual que Jesús vio claramente. Pedro se sentía valiente en el momento y no tenía percepción más allá del momento. Pronto, Pedro se sentiría intimidado ante una humilde sierva, y ante ella Pedro negaría que él conocía a Jesús. El Maestro conocía a Pedro mucho mejor de lo que Pedro se conocía a sí mismo, y al sobreestimarse a sí mismo, Pedro estaba listo para una caída. El resto de los discípulos también sobreestimaron su fuerza y no confiaron en el Señor en la hora crítica: Y todos los discípulos dijeron lo mismo. Aparentemente, era usual que los gallos en Palestina cantaran alrededor de las 12:30, 1:30 y 2:30 a.m. así que los romanos le dieron el nombre de “canto del gallo” a la vigilia de entre las 12:00 a 3:00 a.m.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.