Un hombre yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes: Esta no era una idea extraña en el mundo antiguo, donde a los siervos (esclavos) les eran dadas grandes responsabilidades. Muchas veces esto fue lo más seguro e inteligente que un hombre podía hacer con su dinero. Esta parábola contesta la pregunta que aquella de las vírgenes dejó sin contestar: ¿Qué significa estar preparado?

Un talento no era una habilidad (aunque esta parábola tiene aplicación a nuestras habilidades), sino una unidad de dinero que valía por lo menos unos $1,200 en términos modernos, y probablemente mucho más. El talento no era una moneda, sino un peso; y, por lo tanto, su valor obviamente dependía de si la moneda involucrada era de cobre, oro o plata. El talento es la palabra griega talanton es simplemente una cantidad de dinero; normalmente se consideraba equivalente a 6000 denarios. Si un talento valiera seis mil denarios, le tomaría a un obrero veinte años para ganar tanto. Cada uno de los que habían recibido talentos de su amo hizo con ellos lo que bien le parecía. Dos de ellos negociaron y ganaron más talentos. El punto es que los siervos buenos sintieron la responsabilidad de su encargo y se pusieron a trabajar sin demora. No se nos dice cómo negociaron con sus talentos. Quizás prestaron el dinero con interés, quizás usaron el dinero y compraron cosas y las vendieron por más. El punto es que usaron lo que tenían y ganaron más haciéndolo. Podemos decir muchas cosas buenas acerca del trabajo de los primeros dos siervos: Hicieron su trabajo puntualmente, con perseverancia, con éxito y estaban preparados para rendirle cuenta a su amo.

El tercer siervo no hizo casi nada con el dinero de su amo. Sí hizo algo para que no se perdiera (lo escondió), pero no hizo nada positivo con el dinero de su amo, comparado con los primeros dos siervos. La larga demora tentaría a los siervos a pensar que nunca rendirían cuentas por su administración, pero sin duda lo harían. El premio era igual para ambos siervos, aunque a uno se le dio cinco y a otro dos talentos. Los dos hicieron lo mismo según los recursos que habían recibido. Bien, buen siervo y fiel: Esto muestra que el amo buscaba bondad y fidelidad en sus siervos. Cualquier éxito financiero que estos siervos disfrutaran vino porque eran buenos y fieles. El amo buscó primero estas cualidades de carácter, no una cantidad específica de dinero. Entra en el gozo de tu señor tiene un eco del cielo. La idea es que hay un lugar de gozo que pertenece al amo y ellos son invitados a estar con su amo en aquel lugar. Esta no es la porción del siervo, sino la porción del Señor compartida con sus siervos fieles, no es tanto que tendremos un gozo propio, sino que entraremos en el gozo de nuestro Señor.

El amo juzgo a cada uno de los siervos individualmente. Si fueran juzgados como un grupo, hicieron bien: 8 talentos dados y 15 talentos regresados. Sin embargo, cada uno fue juzgado por su fidelidad y esfuerzo individual. El siervo que solamente escondió su talento intentó excusarse por el gran poder de su amo. De hecho, creía que su amo era en cierto sentido omnipotente: siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Este tercer siervo parecía estar orgulloso de sí mismo. Porque el amo era tan poderoso y (en la mente del siervo) no necesitaba su ayuda, el tercer siervo pensaba que el amo estaría complacido que él no había hecho nada y que podía decir: Aquí tienes lo que es tuyo. Él parecía no tener ninguna idea de lo mucho que había disgustado a su amo. Podemos decir a favor del tercer siervo que al menos entendió que lo que le había sido dado pertenecía a su amo. Él dijo: tienes lo que es tuyo. Muchos siervos modernos de Dios piensan que cuando Dios les da algo, ya no le pertenece a Dios; les pertenece a ellos y pueden hacer lo que quieran. Podemos decir del trabajo del tercer siervo: No pensó ni trabajó, ni siquiera trató solo se excusó. La condena de este tercer siervo –aquí llamado siervo malo y negligente– fue fuerte.

La soberanía del amo nunca excusó la flojera del siervo. Aquellos que no trabajan para el Señor, ni oran, o no evangelizan porque Dios es soberano se condenan a sí mismos por su flojera. Ellos no conocen para nada al corazón de su amo. Raramente vemos la flojera (negligencia) como un verdadero pecado, algo del cual se debe arrepentir ante el Señor. Podríamos decir que este siervo no tenía un temor apropiado de su amo, pero un temor inapropiado al riesgo y al fracaso. Este hombre podía haber hecho algo con lo que tenía. Aun si no se hubiera duplicado, habría ganado algún interés por el dinero de su amo. Si no podemos comerciar directa y personalmente por parte de nuestro Señor, si no tenemos la habilidad ni el tacto para administrar una sociedad o una empresa para él, podemos contribuir a lo que otros están haciendo y juntar nuestro dinero al suyo, para que, de alguna manera, nuestro Maestro pueda tener el interés al que tiene derecho. Porque era un siervo malo y negligente, el tercer siervo demostró que no era un verdadero siervo de su amo. Es apropiado que él (y todos los que muestran el mismo corazón) hayan sido echados fuera de la presencia de su amo para siempre. Así como había un sentido del cielo en el destino de los dos siervos fieles, había una percepción fuerte del infierno en el destino del siervo malo y negligente. Algunos piensan que el estar preparados para el regreso de Jesús es una cosa muy espiritual y abstracta. Realmente no lo es, es una cuestión de estar en los asuntos de nuestro Señor. A la luz de esta parábola, debemos preguntarnos: ¿qué hemos hecho con nuestro conocimiento? ¿nuestro tiempo? ¿nuestro dinero? ¿nuestras habilidades? Puede que los pecados de omisión [lo que no hacemos] a fin de cuentas sean más peligrosos que los pecados de comisión [lo que hacemos].

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.