Vimos anteriormente que los fariseos y los herodianos le hicieron la primera pregunta al Maestro, ahora son los saduceos quienes intentan ridiculizar la idea de la resurrección. Los saduceos eran la versión antigua de los teólogos liberales modernos. Eran anti-sobre naturalistas, solo aceptando los primeros cinco libros de Moisés como auténticos, e ignorando lo que estaba escrito en esos libros cuando les agradaba hacerlo. Ellos no eran muchos en número; pero eran los ricos, los aristócratas y la clase gobernante. En el tiempo de Jesús, el judaísmo en su conjunto tenía diversos y sorprendentes puntos de vista sobre la muerte y lo que había después de ella.

Los saduceos le hicieron a Jesús una pregunta hipotética –y ridícula–, esperando demostrar que la idea de la resurrección era una tontería. Según Deuteronomio 25:5-10, si un hombre casado moría sin hijos, era responsabilidad de su hermano fecundar a su viuda y entonces contar al hijo como descendiente del esposo fallecido. Los fariseos imaginaron circunstancias elaboradas en este sentido y plantearon la pregunta: En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer? Esta práctica de un cuñado que se casa con la viuda de su hermano se conoce como matrimonio levirato. El término proviene del latín “lavir”, que significa “cuñado”. Ésta es la idea específica en la pregunta. Casar no es la palabra griega normal, sino un término técnico para el cumplimiento del deber levirato. Probablemente, esta era una de las historias comunes que tenían la costumbre de contar para ridiculizar la resurrección. Estos hombres altamente entrenados estaban equivocados en su comprensión básica de la verdad bíblica. Su error se basó en dos causas. Primero, no conocían las Escrituras (aunque pensaban que sí). Segundo, no conocían el poder de Dios. Esto era verdad acerca de ellos, a pesar de que la religión era su carrera y estaban altamente entrenados. Es posible que una persona tenga mucho conocimiento bíblico, y sin embargo no conozca fundamentalmente las Escrituras. Pablo más adelante le dijo a Timoteo: Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste (2 Timoteo 1:13). Esto sugiere que la verdad bíblica tiene un patrón, una forma, que puede ser detectado por el corazón que discierne. También sugiere que uno puede perder este patrón (es por eso que se ordena retener). Los saduceos tenían conocimiento de la Biblia, pero no retuvieron la forma de las sanas palabras; muchos hoy son como ellos en este aspecto. Ellos negaban verdades sobrenaturales como la existencia de seres angelicales y la resurrección del cuerpo. Tenían una duda fundamental del poder de Dios para hacer más allá de lo que podían medir y entender en el mundo material.

Jesús responde primero, que la vida en la resurrección es muy diferente de esta vida con un orden totalmente diferente. Este pasaje ha hecho que muchos se pregunten si las relaciones de matrimonio aún existirán en el cielo, o si aquellos que son esposo y esposa en la tierra no tendrán una relación especial en el cielo. No se nos dice lo suficiente sobre la vida en el mundo más allá como para contestar con gran detalle, pero podemos entender algunos principios. Las relaciones familiares seguirán siendo conocidas en la vida en el mundo más allá. El hombre rico que Jesús describió en el más allá estaba consciente de sus relaciones familiares. La gloria del cielo será una relación y conexión con Dios que sobrepasa todo lo demás, incluyendo las relaciones familiares presentes. Si parece que la vida en la resurrección de la que Jesús habló aquí no incluye algunos de los placeres de la vida que conocemos en la tierra, es solo porque los placeres y satisfacciones del cielo superan por mucho lo que conocemos en la tierra. No podemos saber con certeza cómo será la vida en la gloria más allá, pero podemos saber con certeza que nadie se sentirá decepcionado con los arreglos. Esta pregunta no es solamente teórica. Habrá muchos en el cielo que habrán tenido más de un cónyuge, por diferentes razones. Jesús aquí nos dice que el celo y la exclusión no tendrán parte en el cielo. Esta comprensión bíblica del cielo es dramáticamente diferente de los sueños más sensuales del cielo, como los que se encuentran en la teología islámica y mormona. Mahoma, como profesó que él mismo tenía una licencia especial que le fue dada por Dios para conocer a las mujeres que quisiera y apartarlas cuando quisiera; así le prometió a todos sus devotos y seguidores los mismos placeres carnales en la resurrección. Jesús aquí dijo que los ángeles de Dios en el cielo no se casan; asumimos que esto incluye que no tienen relaciones sexuales. El punto más obvio no debe ser descuidado: Jesús les dijo a los saduceos que los ángeles eran reales. De hecho, que Jesús haya usado a los ángeles tiene doble intención ya que los saduceos negaban su existencia. Los ángeles son representados consistentemente en la Biblia como figuras masculinas, y nunca específicamente como figuras femeninas. Esto plantea una pregunta debido a la probable conexión entre los seres angelicales caídos y la sexualidad humana descrita en Génesis 6:1-8 y Judas 6-7. Sin embargo, las palabras de Jesús no excluyen tal conexión por varias razones.

Jesús habló de los ángeles de Dios en el cielo, no de los seres angelicales caídos indicados en los pasajes de Génesis y Judas. Jesús no dijo que los seres angelicales eran incapaces de expresión sexual, solo que tales relaciones no existían entre los ángeles en el cielo. No podemos estar seguros del tipo de conexión sexual indicada en los pasajes de Génesis y Judas. Es totalmente posible que la conexión no haya sido entre las apariencias materiales de estos seres angelicales y los humanos, sino que los seres angelicales malvados se expresaron a través de humanos poseídos por demonios. Jesús demostró la realidad de la resurrección usando solo la Torá; los cinco libros de Moisés, los cuales eran los únicos libros que los saduceos aceptaban como acreditados. Si Abraham, Isaac y Jacob no vivían en resurrección, entonces Dios hubiera dicho que Él fue el Dios de Abraham, en vez de decir: Yo soy el Dios de Abraham. El Dios viviente es el Dios de hombres vivientes; y Abraham, Isaac y Jacob aún están vivos y son identificados como las mismas personas que vivieron en la tierra. Como ningún hombre puede ser un padre sin hijos, ni un rey sin un pueblo, así, estrictamente hablando, el Señor no puede ser llamado el Dios de nadie sino de los vivos.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.