Jesús continuó explicando a los fariseos y a las multitudes que escuchaban, el peligro de rechazarlo. En los versos del 1 al 3 está la primera llamada y es rechazada. Un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo. Una boda era (y a menudo es hoy en día) el evento social más significativo en la vida de una persona. La boda de un príncipe sería un evento espectacular, y una invitación normalmente sería valorada. Esta parábola es similar en muchos aspectos a la que se encuentra en Lucas 14. Sin embargo, las diferencias entre las dos parábolas son aún más evidentes. La mayoría de los predicadores usarán una buena historia más de una vez, y en diferentes formas para adecuarlas a diferentes contextos, y no hay improbabilidad en que Jesús haga lo mismo.

En los versos de 4 al 7 está la segunda invitación y también es rechazada y el rey reacciona. Parece extraño que los invitados rechazaran una invitación a una boda real. Esto ilustra el principio de que no hay una razón lógica para rechazar los buenos dones de Dios. A pesar del rechazo el rey insistió en hacer la invitación lo más atractiva posible. Realmente quería que esos invitados vinieran. Barclay nos dice que cuando un gran evento se llevaba a cabo en la cultura judía de aquel tiempo, la gente era invitada, pero sin un tiempo establecido. En el día apropiado, cuando el anfitrión estaba listo para recibir a los invitados, enviaban mensajeros para avisar que todo estaba listo y que era tiempo de venir al banquete. Entonces, el rey en esta parábola había enviado sus invitaciones hace mucho tiempo atrás; pero no fue hasta que todo estuvo preparado que la convocatoria final fue emitida, e rechazada insultantemente.

Todo está dispuesto. Es el mensaje del evangelio. Tu no vienes al banquete de Dios y preparas tu propia comida. Él ha dejado todo listo para ti, tu vienes a recibir. La reacción de los invitados no tenía sentido, pero da una descripción precisa de la reacción de muchos al evangelio. Muchos no hicieron caso; otros regresan a sus negocios. El rebelde parecía decir: Dejen que el Rey haga lo que quiera con su comida; yo voy a cuidar de mi granja, o atender mis asuntos. El rey con todo derecho trajo juicio sobre los infractores. No solo rechazaron su invitación, sino que asesinaron a sus mensajeros. Esta era una profecía de lo que le sucedería a Jerusalén, la ciudad cuyos líderes religiosos rechazaron tan fuertemente a Jesús y su evangelio.

La tercera invitación. El rey estaba decidido a no tener un salón de banquetes vacío, así que fueron invitados todos los que escucharan. Cuando la primera y segunda invitaciones fueron rechazadas tan dramáticamente, la tercera invitación fue hecha más abiertamente. Todos fueron invitados, fueran malos o buenos. En este sentido, podemos decir que esta es una parábola sobre la gracia. Los que fueron invitados –y los que vinieron– no merecían la invitación, mucho menos el banquete de bodas. El rey examinó cuidadosamente a sus invitados para ver si todos vestían las prendas que por costumbre eran ofrecidas a los que asistían al banquete de bodas. Había un hombre sin vestido de bodas y sobresalió por su diferencia. Él vino vestido inapropiadamente y el rey se dio cuenta. Existe un debate entre los comentaristas sobre si era costumbre que un rey o un noble ofreciera a sus invitados una prenda para vestir en tal ocasión especial. Parece haber habido alguna tradición de esto entre los griegos, pero no hay evidencia de la práctica en los días de Jesús. Aparte de quién suministró las prendas apropiadas, el hombre estaba claramente fuera de lugar. Era inapropiado ir a semejante banquete en tus peores ropas. Él vino porque fue invitado, pero solo vino en apariencia. El banquete fue hecho con la intención de honrar al hijo del Rey, pero este hombre no tenía la intención; estaba dispuesto a comer las cosas buenas puestas delante de él, pero en su corazón no había amor ni por el Rey ni por su Hijo amado.

El hombre que hizo como quiso en el banquete de bodas, en lugar de honrar al rey y conformarse a sus expectativas, sufrió un terrible destino. Él había dicho por sus acciones, no con palabras: Soy un hombre libre y haré lo que quiera. Así que el rey dijo amárrenlo, que nunca vuelva a ser libre. El había actuado demasiado libre con las cosas santas; había insultado activamente al Rey. Esta parábola demuestra que los que son indiferentes al evangelio, los que antagonizan contra el evangelio y los que no son cambiados por el evangelio comparten el mismo destino. Ninguno de ellos disfrutó del banquete del rey. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos: Esta declaración de Jesús, en este contexto, toca el gran trabajo que hacen juntas las decisiones del hombre y la elección de Dios. ¿Por qué ellos no fueron al banquete de bodas? Porque rechazaron la invitación. ¿Por qué no fueron al banquete de bodas? Porque fueron llamados, pero no escogidos.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.