Entre la comunidad separatista en Qumran –aquellos que se quedaron con los pergaminos del Mar Muerto, descubiertos después en el siglo XX–había un “Manual de Disciplina” (conocido como “1QS” por los eruditos). Algunas personas piensan que Mateo 18 es una versión de la iglesia primitiva del “Manual del Discípulo”. Sin embargo, hay una gran diferencia entre Mateo 18 y lo que tenían los esenios de Qumran. Su Manual de Discípulo trataba con muchas reglas específicas; aquí Jesús trata con principios y actitudes que deberían marcar a Su pueblo a medida que se llevan bien entre sí.

Los discípulos hacen una pregunta: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Ellos a menudo se preocupaban por la cuestión de la grandeza. Parecen hacer esta pregunta pensando que Jesús ya ha escogido a uno de ellos como el mayor, o como si quisieran que Jesús decidiera entre ellos. Podemos imaginar a los discípulos discutiendo entre ellos acerca de cuál de ellos era el mayor (como lo hicieron en Lucas 9:46 y otros lugares), y después diciendo: “Dejemos que Jesús resuelva esto”. Ellos soñaban con una distribución de honorarios y oficios, una monarquía terrenal, como los reinos terrenales. Jesús llamó su atención a Su naturaleza al hacer que miraran a un niño como ejemplo. El hecho de que el niño vino cuando Jesús lo llamó dice algo acerca de Jesús. Él era el tipo de hombre al cual los niños irían voluntariamente. Jesús les dijo que tenían que ser como ese niño para entrar en el reino de los cielos. Esto probablemente fue una gran decepción para los discípulos. Ellos sabían que, en ese día, los niños eran considerados más como propiedad que como individuos. Era entendido que ellos podían ser vistos, pero no escuchados. Jesús dijo que tenemos que tomar este tipo de lugar humilde para entrar en el reino, y mucho menos ser el mayor en el reino. Un niño era una persona sin importancia en la sociedad judía, sujeto a la autoridad de sus mayores, no siendo tomados en serio excepto como una responsabilidad, uno para cuidar, no alguien a quien admirar.

Sabemos que realmente un Hombre fue el mayor en el reino: Jesucristo. Esto significa que Jesús mismo fue humilde como un niño. No se preocupaba por su propio estatus. Él no tenía que ser el centro de atención. Él no podía engañar, y no tenía una presencia intimidante. Es por eso que acto seguido les habla de el que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí: Jesús lo toma muy en serio cuando uno de sus pequeños es guiado al pecado. “Pequeños” no solamente significa niños, sino a aquellos que se humillan a sí mismos como niños en la manera en que Jesús describió. Pecar es una cosa malvada, y es mucho más malvado guiar a otros al pecado. Mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar: Aquí se describe un castigo severo. La piedra, y cualquiera que fuse atado a ella, se hundiría por seguro y nunca saldría. Y esta era una piedra de molino grande. La mayoría de las piedras de molino eran herramientas de mano para uso doméstico, pero aquí habla de la piedra pesada que era jalada por un asno. Además, la imagen misma de ahogamiento era un terror para el judío. A veces el ahogamiento era un castigo romano, pero nunca judío.

¡Ay del mundo por los tropiezos! El primer ¡Ay! es un grito de compasión por un mundo en peligro de tropiezos. El segundo ¡Ay! es una advertencia a aquel que trae o introduce maldad a otros. Dios lo ha ordenado así en la sabiduría de su providencia, que no restringirá los deseos de los corazones de todos los hombres, sino que hará sufrir a unos al caminar en sus propios caminos. Esto nos enseña que podemos dejar ir el enojo y la amargura por lo que las personas han hecho en nuestra contra. Dios ha prometido tratar con aquellos por quien viene el tropiezo. Si Dios promete tratar con aquellos que han hecho tropezar a los suyos, demuestra que Él defiende y protege a los suyos. Esto nos enseña que, en Jesucristo, ninguna otra persona puede arruinar nuestra vida. Si ellos traen tropiezo a nuestra vida, Dios tratará con ellos, pero no nos abandonará en tiempo o en la eternidad.

A la luz de la sentencia que les espera a aquellos que causan que otros puedan pecar, vale la pena sacrificarlo en la batalla en contra del pecado. Jesús dice: Si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti: Algunas personas solamente se mantienen alejados del pecado cuando les es fácil o les conviene. Jesús nos advierte que debemos estar dispuestos a sacrificarnos peleando contra el pecado, que nada es peor que enfrentar la ira de un Dios de justicia. Realmente es mejor sacrificar en la batalla contra el pecado ahora que enfrentar el castigo de la eternidad después.

Hay serios problemas cuando estas palabras se toman como una instrucción literal en lugar de transmitir una actitud. El problema no es solo por el daño físico obvio que uno podría hacerse, sino más bien por el problema de que la mutilación corporal no llega lo suficientemente lejos como para controlar el pecado. Necesitamos ser transformados de adentro hacia afuera. Si me corto la mano derecha, todavía puedo pecar con la izquierda. Si me arranco el ojo izquierdo, todavía puedo pecar con el ojo derecho, y si todos esos miembros me son quitados, todavía puedo pecar con mi corazón y mi mente. Dios nos llama a tener una transformación mucho más radical de lo que cualquier tipo de mutilación corporal pueda abordar.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.