Tiro y Sidón eran ciudades gentiles, ubicadas a unos 80 kilómetros de distancia. Jesús recorrió todo este camino para satisfacer las necesidades de una mujer gentil. Esto muestra un amor notable e inesperado de Jesús hacia esta mujer cananea. El uso de Mateo del antiguo término “cananea” demuestra que no puede olvidar su ascendencia: ahora un descendiente de los antiguos enemigos de Israel viene al Mesías judío por una bendición. No era muy común para Jesús el ir a la región de Tiro y Sidón. Esta mujer vino a interceder por su hija, y ella proveyó una ilustración de un intercesor efectivo: su gran necesidad le enseñó a orar. Cuando ella vino a Jesús, hizo la necesidad de su hija su propia necesidad. Esta mujer gentil también entendía quién era Jesús. Muchos de los compatriotas de Jesús no sabían quién era Jesús, pero esta mujer cananea sí lo sabía. A pesar de que la mujer cananea intercedió por su hija, Jesús no le dio una respuesta animadora inmediatamente. Su reticencia atrajo una respuesta más energética y llena de fe de parte de la mujer gentil.

Es probable que los discípulos querían decir: “Despídela dándole lo que quiere”. Es completamente posible que ellos solo querían que ella se fuera, y la manera más fácil era que Jesús arreglara su problema. Jesús definió el enfoque de su misión a sus discípulos irritados y a la mujer gentil. Él dejo en claro que no fue enviado a los gentiles como ella. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!: Ella respondió al rechazo de Jesús con una mayor dedicación para prevalecer con su pedido. Al hacer esto, la mujer gentil continuó demostrando lo que hace un intercesor dedicado. Jesús continuó diciendo cosas desalentadoras a la mujer, sin embargo, esto no fue tan severo como podría parecer al principio. Cuando Jesús la llamó uno de los perrillos, Él usó el diminutivo: “illo” para suavizar la dureza de llamarla perro. Esto ablanda el insulto judío tradicional hacia los gentiles, quienes los llamaban perros en el sentido más despectivo. Estamos en gran desventaja al no escuchar el tono de voz de Jesús cuando habló a esta mujer. Suponemos que su tono no era duro; más bien sospechamos que era atractivo con el efecto de invitar a una mayor fe de la mujer. Es posible hablar palabras duras de una manera suave.

La mujer respondió con gran fe. Ella admitió su nivel bajo, y no debatió el asunto cuando Jesús la llamó uno de los perrillos. Ella no demandó ser vista como un niño; sino solamente ser bendecida como un perro. Su respuesta es especialmente significativa a la luz del creciente rechazo de Jesús por parte de los líderes religiosos judíos. Es como si la mujer hubiera dicho: “No estoy pidiendo que me des la porción que corresponde a los niños, solo las migajas que no quieren”. Ella aceptó la descripción de Jesús y pidió misericordia a pesar de ella, o quizá por causa de ella. Ella no se rendiría, a pesar de que Él le dio tres rechazos. Así que ella dijo, como Jacob, No te dejaré, hasta que me bendigas. Y como él, como un príncipe, ella también, como una princesa, prevaleció con Dios y obtuvo la cosa que ella deseaba. Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora. Jesús nunca dijo esto a otra persona. Él elogió la gran fe del centurión romano quien le pidió a Jesús que sanara a su siervo (Mateo 8:10), pero se lo dijo a la multitud, no directamente al centurión. Esta mujer gentil lo escuchó directamente de Jesús. Significativamente, las únicas dos personas en recibir este cumplido de Jesús fueron estos gentiles. Esto demuestra que: Se puede encontrar una gran fe en lugares inesperados, no solo en gentiles, ¡sino también en un centurión y en una mujer! La gran fe a veces es medida por sus desventajas. Su fe era grande porque no tenía la ventaja de ser nutrida por las instituciones del judaísmo.

La fe de esta mujer fue grande, aun comparada con sus otras virtudes. Ella era humilde, era paciente, perseveraba, se preocupaba por su hija. Sin embargo, Jesús no dio ningún cumplido por estas cosas, pero solamente por su fe. Quizá nadie esperaba que un gentil confiara tanto en Jesús. Su fe fue grande porque había sido puesta a prueba severamente. Es difícil pensar en una prueba más difícil que una hija endemoniada; pero su fe también fue puesta a prueba por la aparente indiferencia o frialdad de Jesús. Ella fue grande porque era astuta. Ella volteo la palabra de Jesús e hizo lo que pudo haber sido tomado como insulto como una puerta abierta para la fe. Su fe fue grande porque se trataba de una necesidad enfrente de ella, y una necesidad muy real. Muchas personas tienen fe para todo menos para las cosas que están enfrente de ellos. Fue una fe grande porque no se rendía. Ella no paró hasta que consiguió lo que necesitaba de Jesús. Se podría decir que su fe conquistó a Jesús. Él no solamente sanó a su hija, sino que lo hizo inmediatamente, algo que ella ni siquiera había pedido.

No leemos de ninguna otra cosa que Jesús hizo durante este tiempo en Tiro y Sidón. Parecería que su única cita divina era satisfacer la necesidad de esta mujer de fe y de su hija afligida.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.