Desalentados por la aparente prosperidad de los impíos y la inutilidad de servir a Jehová, el pueblo de Dios necesitaba ser recordado de que viene el día. Dios aún tiene la eternidad para corregir todos los males y recompensar todo lo bueno. Dios había prometido un fuego para Su pueblo (Malaquías 2:2-3) y aquí Él promete un fuego para los impíos. Pero hay una gran diferencia entre el fuego refinador aplicado hacia el pueblo de Dios y el fuego que arde en contra de los impíos.  La estopa es la parte inútil del grano, y solamente dura momentos cuando es echada al fuego. En ese día todos los inicuos no tendrán esperanza de salir de nuevo a la vida. Siempre y cuando quede una raíz hay esperanza, pero la esperanza no esta para éstos porque el juicio de la eternidad es final. En el versículo anterior Dios prometió un fuego de juicio para los soberbios, pero Dios dice que aquellos que temen su nombre serán salvos. Desde los tiempos de los cristianos primitivos como Justino Mártir hasta hoy, los cristianos han tenido al Sol de justicia como una referencia hacia Jesús. En muchos pasajes Dios es relacionado con un planeta o estrella (Salmos 84:11, Isaías 60:19, Apocalipsis 22:16, Números 24:17). Aquí, el Mesías no solamente es un Sol, sino también el Sol de justicia el cual trae salvación.

Desde el cielo él diariamente envía sus rayos de justicia, y hace llover todas las bendiciones espirituales en privilegios celestiales. Las alas del Sol son los rayo o rayos solares que son enviados. Éstos traen salvación, alegría, e integridad. Cuando el Sol de justicia brilla, no necesitamos de otra luz o calor. ¡Imagine el intentar encender una vela en un día soleado para ayudar al sol! Esto tiene tanto sentido como el intentar “mejorar” la obra de Jesús para nosotros con nuestra propia justicia. Cuando el pueblo de Dios vea la resolución final de todas las cosas, ellos estarán tan felices que brincarán como becerros de la manada que son liberados del corral. Mientras brincan de alegría, los malos son pisoteados debajo de sus pies. Entendamos la ilustración. El becerro en el redil esta en silencio, atado con un toro en la noche, pero cuando el sol se levanta el becerro sale al pasto y es liberado. Así el hijo de Dios puede estar atado. La recolección de pecados pasados y presentes e incredulidades le pueden detener y retenerle en el corral, pero cuando el Señor se revele a si mismo, él será liberado. Podemos ver una gloriosa progresión en aquellos que miran al Sol de justicia que se alza, y recibir la salvación que vienen en sus alas. Ellos saldrán y serán liberados y disfrutarán su libertad. Se soltarán estando fuertes y prósperos en el Señor. Hollarán a los malos disfrutando la victoria del Señor en su vida

En estas últimas palabras proféticas del Antiguo Testamento, Malaquías advierte a Israel que recuerden la Ley, porque la voz profética de Dios estaría en silencio por algunos 400 años. Nunca necesitamos desesperarnos cuando Dios parece estar en silencio, porque lo que Él ya ha dicho es lo suficientemente rico – solo necesitamos acordarnos. Las últimas pocas palabras del Antiguo Testamento son un llamado hacia la Ley – porque bajo el Antiguo Pacto los hombres se relacionaban con Dios en base a la Ley. Gracias a Dios por el Nuevo Pacto – Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. (Juan 1:17).

En una promesa singular, Dios asegura que Él enviará a Elías hacia Israel de nuevo antes del día de Jehová, grande y terrible. Esto fue cumplido en Juan el Bautista, en una manera figurada. Pero debido a que este Elías viene antes que venga el día de Jehová, grande y terrible, sabemos que la profecía de Elías esta solamente completamente cumplida antes de la Segunda Venida de Jesús. Tanto Juan como Apocalipsis, hablan de este cumplimiento futuro, cuando Dios enviará, ya sea a Elías de regreso a la tierra en este encargo especial, o enviará a alguien singularmente facultado en el espíritu y cargo de Elías. En anticipación a esto, los hogares judíos han hecho un lugar en la mesa para Elías durante la Pascua, solo en caso de que él pueda venir en esa noche para anunciar las noticias de que el Mesías ha llegado. La silla vacía y la copa que se llenan, pero nunca es bebida, es un testimonio hacia la anticipación de la venida de Elías.  ¿Porqué Elías? Porque él ministró en un tiempo de crisis en Israel, cuando la nación estaba apartada de Dios, y un tiempo que inmediatamente anticipo un terrible juicio. Es significativo que, en estas palabras de cierre del Antiguo Testamento, Dios hace referencia tanto de Moisés y Elías. Ambos se encontraron con Dios en el monte Sinaí. Ambos también se encontraron con Jesús en el monte de la Transfiguración. Ellos probablemente son los dos testigos de Apocalipsis 11.

La promesa de volver el corazón de los padres hacia los hijos, habla más de una reconciliación de familias. Cuando esto suceda, también tiene en mente el volverse hacia el Dios de sus padres, hacia la fe de los patriarcas. El Antiguo Testamento termina con la amenaza de una maldición, pero también con la expectación de un nuevo amanecer del Sol de justicia.  Este final del Libro de Malaquías les molestaba a los antiguos judíos. Los Masoretas, quienes nos han dado la mayoría de las copias del Antiguo Testamento que tenemos en hebreo . . . estaban tan molestos por esto que ellos repitieron el siguiente del último versículo de Malaquías después del último versículo. Similarmente, la Septuaginta invierte los últimos dos versículos para que el Antiguo Testamento termine, no con una maldición, sino con una bendición. El final del Nuevo Testamento reconoce el surgimiento del Sol de justicia: La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. ¡Amén! (Apocalipsis 22:21)

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.