Las tinieblas sobre toda la tierra mostraron la agonía de la creación misma frente al sufrimiento del Creador. Orígenes y Eusebio citan palabras de Phlegon (un historiador romano) en las que menciona un eclipse solar extraordinario al igual que un terremoto alrededor del tiempo de la crucifixión. Phlegon escribió: “En el cuarto año de las 202 Olimpiada, hubo un eclipse solar extraordinario: en la hora sexta, el día se oscureció tanto como la noche, de manera que las estrellas de los cielos pudieron verse; y hubo un terremoto. La crucifixión tomó lugar durante la temporada de Pascua, y la pascua siempre se celebra en luna llena. Un eclipse solar natural es imposible durante la luna llena.

Que el velo del templo se rasgara significaba por lo menos dos cosas. Primero, ahora el hombre tiene acceso libre al trono de la gracia por la cruz. Segundo, nadie debería pensar nunca más que Dios mora en templos hechos por la mano de hombres. Dios lo rasgó desde el cielo en vez de que el hombre lo rasgara desde la tierra. Jesús clamando a gran voz, le habló a Dios el Padre. Juan 19 nos dice que Él dijo: consumado es, que es una palabra en el griego (tetelestai – “pagado por completo”). Este era el grito de un triunfador, porque Jesús había pagado por completo la deuda de pecado que nosotros debíamos, y había cumplido el propósito eterno en la cruz. En algún momento antes de morir, antes de que el velo se rasgara en dos, antes de que Él clamara consumado es, una increíble transacción espiritual ocurrió. El Padre cargó sobre Jesús toda la culpa e ira que nuestros pecados merecían, y Él la cargó sobre sí mismo de manera perfecta, satisfaciendo por completo la ira de Dios para nosotros.

Tan horrible como fue el sufrimiento físico de Jesús, este sufrimiento espiritual, el acto de ser juzgado por nuestros pecados, fue lo que Jesús realmente temía de la cruz. Esta fue la copa, la copa de la ira justa de Dios, que Él tembló al beber. En la cruz, Jesús se convirtió, por así decirlo, en un enemigo de Dios que fue juzgado y forzado a beber la copa de la ira del Padre. Él lo hizo para que nosotros no tuviéramos que beber esa copa. Isaías 53:3-5 lo presenta de manera poderosa: Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. El hecho de que Él pudiera alzar su voz, cuando normalmente una persona crucificada apenas podía respirar, indica que Jesús aún estaba en control de su destino. Su trabajo en la cruz se completó, con oración Jesús entregó su espíritu vivo a Dios el Padre, mientras entregaba su cuerpo a la muerte en la cruz. Esto muestra que Jesús dio su vida cuando Él quiso y de la manera en que Él quiso. Nadie le quitó su vida; Él mismo la entregó cuando su trabajo había terminado. Jesús no es una víctima de la que debemos tener lástima, sino un conquistador que debemos admirar. Una vez que el trabajo de la cruz fue cumplido, Jesús ya no sintió más la necesidad de seguir sufriendo. Él entregó su espíritu vivo a Dios el Padre y entregó su cuerpo a la muerte en la cruz y expiró.

Las palabras de v. 46, ‘Jesús expiró (exhalo su vida), parecen ser un eco de Génesis 2:7. Hay se dice que Dios sopló el aliento de vida en Adán, y este llegó a ser un ser viviente. En Adam Dios sopló el aliento de vida –; en Jesús exhalo el aliento de vida –. El último pagó las consecuencias del pecado del primero para inaugurar una nueva creación Al morir Jesús en la cruz, el centurión gentil, inmediatamente le dio gloria a Dios y reconoció a Jesús por quién era. Seguramente, este centurión había visto a muchas personas crucificadas antes. Sin embargo, había algo extraordinario acerca de Jesús que le hizo decir algo acerca de Él que no podía decir de nadie más. Esta es una imagen de todos aquellos que vienen a Jesús a través de la cruz, cumpliendo la promesa de Jesús: y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Otros se fueron a casa entristecidos; eran demasiado cercanos a Jesús para ver qué tan maravillosa era su muerte, y olvidaron Su promesa que Él se levantaría de nuevo. Según la costumbre, los cuerpos de los criminales crucificados eran dejados en las cruces para que se pudrieran o fueran comidos por animales salvajes. Pero los judíos no deseaban que se mostrara tal horror durante la temporada de Pascua, y se sabía que los romanos entregaban los cadáveres a amigos o familiares para el entierro apropiado. José de Arimatea, no sirvió a Jesús de muchas maneras, pero sí lo sirvió de manera que nadie más pudo o lo hizo. No era posible para Pedro, Santiago, Juan o incluso para las muchas mujeres que habían servido a Jesús proveer una tumba, pero José podía hacerlo y lo hizo. Nosotros debemos servir a Dios de cualquier manera que podamos.

Ellos no pudieron preparar adecuadamente el cuerpo de Jesús para el entierro debido a la llegada del día de reposo. Así que, en preparaciones apresuradas, el cuerpo de Jesús fue colocado en un sepulcro prestado. En las horas de crisis, normalmente son los Pedros quienes han jurado lealtad a Jesús con grandes gestos y llenos de confianza en sí mismos, quienes decepcionan, y son los seguidores secretos y callados del Maestro (como José, Nicodemo y las mujeres) que no dudan en servirlo en amor, sin importar el costo. Los sepulcros como este eran muy caros. Fue un sacrificio bastante grande para José de Arimatea el darle su sepulcro a Jesús, pero Jesús solo lo usaría por unas cuantas horas.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.