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Es casi aterrador pensar que después de que Jesús invirtió tres años de su vida en estos hombres; después de que vieron el carácter de Jesús demostrándose en cada posible circunstancia; que ahora, en sus horas finales antes de su traición, arresto y crucifixión, discutieron acerca de cuál de ellos era el mayor. Esto parece haber sido un tema común de conversación entre los discípulos (Mateo 18:1, Mateo 20:20-26, Marcos 9:33-34, Lucas 9:46). Podríamos pensar que Jesús debería de haber acabado con el asunto al decir que Él era el mayor de todos. En su lugar, Jesús respondió a su pregunta con sus acciones. Juan en su carta nos dice que Jesús lavó los pies de sus discípulos después de la cena, y Él pudo haber dicho estas palabras acerca de la verdadera grandeza mientras lavó sus pies, o después de haber terminado. De hecho, la suprema paciencia de Jesús se demostró en esta gentil manera de corregir el argumento de sus discípulos. Obviamente tenía cosas mucho más grandes e importantes en su mente, y aun así Él les enseñó y les corrigió con gentileza.
La idea de ser llamados bienhechores es realmente la idea de recibir crédito. Muchas personas solo están dispuestas a servir si están seguras que recibirán el crédito apropiado por ello. En el mundo antiguo se aceptaba el hecho de que la edad daba privilegios; el más joven era, por definición, el más bajo. El mundo considera a la persona que es servida como la mayor, pero Jesús nos mostró que la verdadera grandeza se encuentra en servir, más que en ser servido. Las personas que son realmente grandes en nuestra vida son los siervos. Si el presidente se tomara un mes de descanso, nadie lo extrañaría realmente; pero si todos los recolectores de basura de un país se tomaran un mes de descanso, lo notaríamos inmediatamente. Jesús está tratando de reorganizar nuestros pensamientos, nuestras prioridades. Vivir como un siervo es realmente la mejor manera de vivir. Ya no nos preocupa nuestro propio honor o prestigio; no caminamos con sentimientos heridos y expectativas rotas, porque todo lo que queremos hacer es servir. Siempre podemos hacer lo que queremos hacer, porque siempre hay alguna manera en la que podemos servir. Jesús no estaba tratando de decir que si sirves en alguna posición baja, siempre se te dará un gran lugar. Él quiso decir que, a los ojos de Dios, el lugar más bajo es el mayor.
Los discípulos recibirían una recompensa única, porque ellos son los que han permanecido con Jesús en sus pruebas. Jesús apreció y valoró el apoyo que recibió por parte de sus discípulos. Ellos tendrán un estatus especial en el Reino de Dios. Se sentarán en tronos juzgando a las doce tribus de Israel, y sus nombres estarán en los doce pilares de la muralla de la Nueva Jerusalén. Ser un siervo no significa que no tendremos recompensa. Es completamente lo contrario; Los siervos más grandes de Dios reciben las mayores recompensas. Pero un gran siervo no sirve por la recompensa, sino por el bien de la gloria de Dios. Jesús estaba consciente de la gran guerra espiritual que se libraba tras bambalinas. Sin duda, Pedro no tenía conocimiento de que Satanás quería aplastar y derrotar a Pedro. Aparentemente, Satanás quería hacer mucho más en contra de Pedro de lo que el Señor permitiría. Satanás no podía hacer todo lo que quería en contra de Pedro, pero tenía que pedirle permiso a Dios.
Es tanto maravilloso como enternecedor el recordar que Jesús ora por su pueblo, protegiéndonos de Satanás. Seguramente ha habido muchos momentos en los que pudimos haber perecido, pero Jesús oró por nosotros y nos protegió. La fe de Pedro sería probada pero no faltaría. Jesús no vio el lapso temporal por venir como un fracaso de la fe, porque Él sabía que Pedro volvería a Él. En la vida cristiana, podemos fallar, pero nunca debemos de fracasar. Si hemos negado a Jesús de alguna manera, entonces debemos de regresar a Él de inmediato. El que regresa después de haber vacilado no necesita ser excluido o motivado a enfocarse en sí mismo, sino que debería de ir y fortalecer a sus hermanos. Pedro realmente, no mintió conscientemente aquí; más bien no era consiente de la realidad espiritual y de la guerra espiritual que Jesús podía ver. Pedro solamente podía ver lo que él sentía en ese momento, y en ese momento se sintió muy valiente. Depender en cómo te sientes en un determinado momento no es un fundamento estable. Pedro se sintió valiente en ese momento, pero pronto se sentiría intimidado ante una humilde sierva y le negaría el siquiera conocer a Jesús. A veces es más fácil soportar una gran carga por Cristo que una pequeña. Algunos de nosotros podríamos ser mártires en la hoguera más fácilmente que confesores entre vecinos burlones.
La intención de Jesús parece ser: Estoy a punto de dejarte, y una vez que me haya ido, debes de utilizar tu sentido común para obtener provisión y protección. Tales consideraciones prácticas no eran necesarias antes, pero serían necesarias ahora. Los discípulos habían sido enviados antes a hacer ministerio sin Jesús, pero entonces fueron recibidos con buena voluntad y hospitalidad. Ahora enfrentarían a un mundo hostil sin Jesús y debían estar preparados. Jesús les había dicho previamente a sus discípulos que sería rechazado y crucificado. Aquí Jesús les dijo que esto sucedería pronto. Cuando se le ofreció las espadas a Jesús él respondió: “Basta de este tipo de ideas” y fue una manera firme de terminar la conversación. El contexto descarta claramente esa interpretación. Parece ser que los discípulos no entendían lo que iba a pasar en las próximas horas. Los cristianos posteriores tampoco entendieron lo que Jesús quiso decir aquí. En su notoria bula papal Unam Sanctum, Bonifacio VIII (1302 d. C.) construyó sobre este texto su doctrina de que el Papa tiene derecho a ejercer un dominio autocrático secular y espiritual sobre la humanidad: las dos espadas, él dijo, son la espada espiritual y la espada secular.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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