Este fue un momento conmovedor para Jesús. Sus lágrimas no se debían a su propio destino en Jerusalén, sino por el destino de la ciudad misma. Lloró puede ser traducido sollozar; Jesús comenzó a sollozar mientras lamentaba la oportunidad perdida. Su lloro fue el de un deseo frustrado. Él había visitado la ciudad, con el deseo de liberarla de la destrucción; y con una ofrenda de paz. La ceguera espiritual de los gobernantes y de las personas era tal que no fueron capaces de discernir el significado de esta visita. El resultado era inevitable. No habría escape de la destrucción. Sus líderes habían rechazado a Jesús y la mayoría de la gente seguía a sus líderes. Pero, si ellos conociesen a Jesús y su obra como Mesías, podrían haberse salvado de la destrucción que vendría.

En algunas copias antiguas de la Biblia, eliminaron este pasaje de Jesús llorando, porque pensaron que si Jesús fuera perfecto no lloraría. Pero la perfección de Jesús demanda que llore en este punto, cuando su pueblo rechazó la única oportunidad que tenía de escapar la destrucción por venir. El Maestro aquí mostró el corazón de Dios. Parte de Su lloró por el hecho de que no sabían la hora de la venida del Mesías, el día profetizado por Daniel y mencionado en el salmo 118. Este es el día que hizo Jehová; Nos gozaremos y alegraremos en él.

El nombre Jerusalén significa “ciudad de paz”; pero la ciudad de paz no sabía lo que es la paz. Jesús sabía que su deseo de un Mesías político traería destrucción total en menos de una generación. Jesús predijo cinco aspectos específicos del ataque romano contra Jerusalén: La construcción de un terraplén. La ciudad sería rodeada, puesta bajo asedio. La destrucción de la ciudad. El asesinato de sus habitantes. El completo arrasamiento de la ciudad. El historiador Josefo describe en detalle como rodearon con vallado a Jerusalén; como se cerró por completo la ciudad antes que los Romanos los destruyeran. Josefo cuenta: Toda esperanza de escapar se había agotado para los judíos, junto con su libertad de salir de la ciudad. Después, la hambruna incremento su progreso y devoró a las personas por familias enteras; los cuartos superiores de niños y mujeres quienes morían de hambre, las calles de la ciudad estaban llenas de los cadáveres de los ancianos; los niños también, y los jóvenes deambulaban por las plazas del mercado como sombras, todos hinchados por el hambre, y caían muertos dondequiera que su miseria los alcanzara. Por un tiempo los muertos fueron enterrados; pero luego, cuando ya no se podía hacer eso, eran arrojados desde las murallas a los valles abajo. Cuando Tito, al recorrer por estos valles, los vio llenos de cadáveres, y la fuerte putrificación sobre ellos, él dio un gemido y levantó sus manos al cielo, llamó a Dios como su testigo de que esto no era su obra. (Citado en Spurgeon. Él agrega: “No hay nada en la historia que sobrepase a este horror. Pero incluso esto no sobrepasa a la destrucción de un alma”.)

Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él: Esto parece diferente de la limpieza del templo mencionado en Juan 2:13-22, que sucedió al inicio del ministerio terrenal de Jesús. Aun así, el propósito era el mismo; expulsar a los cambistas, quienes en colaboración con los sacerdotes engañaban a los visitantes de Jerusalén al forzarlos comprar animales aprobados para el sacrificio y monedas a precios altos.

Barclay escribe: “Un par de palomas costaban tan poco como 4 monedas fuera del Templo y tanto como 75 monedas dentro del Templo”. Esto es casi 20 veces más costoso. Sin embargo, la ira de Jesús estaba en contra de quienes compraban y los que vendían. Los vendedores y compradores vistos como una sola compañía, iguales en espíritu, para ser echados fuera al por mayor … El tráfico era necesario y pudo haber sido inocente; pero el espíritu de comercio rápidamente desarrolla abusos que sin duda eran rampantes en ese periodo. Lo que Jesús hizo fue más importante como una parábola actuada que por lo que logró en sí mismo. “No hay ninguna indicación, ni tampoco es probable, que se haya logrado una reforma duradera; sin duda las mesas estuvieron de regreso por el resto de la semana, y Jesús no tomó más medidas”. Estos mercaderes operaban en el patio exterior del templo, la única área donde los gentiles podían entrar y orar. Por lo tanto, este lugar de oración había sido convertido en un mercado, y uno deshonesto. El registro de Marcos contiene la cita más completa de la referencia que hace Jesús de Isaías 56:7: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? El punto era que Isaías profetizó, y Jesús demandó que el templo fuera un lugar de oración para todas las naciones. La actividad de todos los que vendían y compraban en el patio exterior hizo imposible que un gentil que viniera al templo pudiera orar. En ese escándalo de compras y ventas, de ofertas y subastas, la oración era imposible. Aquellos que buscaban la presencia de Dios eran excluidos de ella por las mismas personas de la Casa de Dios. Después de correr a los mercaderes del patio del templo, Jesús valientemente continuó su trabajo de enseñanza pública y sanación. Él pudo continuar porque la gente quería escuchar (porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole).

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.