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Jericó no está a gran distancia de Jerusalén, y mientras Jesús se acercaba a la ciudad, los discípulos y otros esperaban que Jesús se mostrara como el Mesías y como el salvador político de Israel. La Pascua se aproximaba. Según Josefo, más de dos millones de peregrinos llegaban a Jerusalén en esta temporada. Había también una gran expectación mesiánica, reforzando la idea de que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. Jesús habló esta parábola para advertir a sus discípulos que Él se iría y regresaría antes de que el reino llegara en toda su gloria, y para decirles cómo debían de comportarse en su ausencia.

La parábola es rica en alusiones históricas. El Salvador probablemente derivó los detalles de esta parábola de la verdadera historia de Arquelao, el hijo de Herodes, quien después de la muerte de su padre fue a Roma para recibir la soberanía sobre parte del reino de su padre de acuerdo con las intenciones del testamento de su padre. Su confirmación por parte del emperador romano era necesaria, porque el imperio de Herodes en realidad formaba parte del Imperio Romano. Una embajada judía en ese tiempo también fue a Roma a disputar el reclamo de reinado de Arquelao al reino, pero el emperador, sin embargo, lo nombró gobernante de todos modos (aunque no lo nombró rey soberano por completo) sobre la mitad del reino de su padre.
Esta parábola es diferente a la parábola de los talentos en Mateo 25. Aquí, a diez siervos se les dio la misma cantidad de dinero, con el valor de alrededor de tres meses de trabajo. Dios distribuye talentos de forma diferente, de acuerdo a Sus propios deseos; otros son dados universalmente a cada creyente, como el evangelio, que es dado a cada cristiano de igual manera. No es que cada siervo recibió diez minas, sino que las diez fueron distribuidas entre el grupo, una para cada uno de los diez siervos.

Mientras el amo estaba lejos, recibiendo su reino, se esperaba que los siervos negociaran: usar los recursos que el amo les había dado, y usarlos al máximo. Estos eran los conciudadanos del noble, que vivían en el área que gobernaba. Estos no eran los siervos que recibieron las minas. Cuando el amo regresó, se encargó primero de sus siervos. Más tarde se encargó de los ciudadanos rebeldes, pero ellos no fueron su primera preocupación. Primero quería saber que tan fieles habían sido sus siervos en su ausencia. El primer siervo trajo un buen reporte. Él negoció con la mina de su amo, y tenía diez minas más como resultado. Esto fue un impresionante aumento del 1000%. Debido a que él había demostrado fidelidad al manejar los recursos de su amo, se le dio autoridad sobre diez ciudades en el reino que su amo acaba de recibir. La recompensa por un servicio fiel no es el descanso, sino más servicio. Esto es enteramente agradable para el siervo de Dios. “La recompensa de un trabajo bien hecho era más trabajo que hacer… La gran recompensa de Dios para el hombre que ha pasado la prueba es más confianza”.

El segundo siervo trajo otro reporte bueno. Él negoció con la mina de su amo y tenía cinco minas más que mostrar: un aumento del 500%. Él también fue recompensado, aunque no con las palabras “Está bien, buen siervo”. El número de ciudades sobre las que se le dio autoridad estaba en proporción a su fidelidad al hacer negocios con los recursos de su amo.

El tercer siervo no tuvo un buen informe. No obedeció la orden de su amo de hacer negocios hasta que volviera. Simplemente mantuvo los recursos del amo y no hizo nada bueno con ellos. El tercer siervo justificó su desobediencia al decir que su amo era tan poderoso que no necesitaba la ayuda de su siervo. El amo no recompensó al tercer siervo. En su lugar, lo reprendió porque el gran poder del amo debería haber inspirado al siervo a una mayor diligencia, no a la desobediencia y a la pereza. Hubiera sido fácil que este siervo hiciera algo con los recursos de su amo (¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco?). Sin embargo, por desobediencia, no hizo nada. Esto nos ayuda a entender el plan del amo. No se trataba de hacer dinero a través de sus siervos, sino para crear carácter en ellos. Él no necesitaba que ellos ganaran dinero, pero tenían que trabajar con él para mejorar su carácter. Al tercer siervo se le quitó todo lo que tenía. Él siguió siendo el siervo de su amo, y seguía en su casa, pero se quedó sin nada. Él demostró ser incapaz de manejar los asuntos de su amo, y no se le dio nada para administrar. El punto principal de esta parábola está claro; el reino se retrasará, así que debemos de concentrarnos en ser siervos fieles mientras tanto. Nuestro Señor ha salido a una tierra lejana, y un día regresará con Su reino. Mientras tanto, se nos ordena negociar con los recursos que nos ha dado hasta que regrese.

Todos los siervos tuvieron que responder por su trabajo en la ausencia de su maestro, pero por lo menos ninguno de ellos fue culpable de traición. Ahora el amo se ocupó de sus enemigos, los ciudadanos rebeldes mencionados en Lucas 19: 14 quienes le aborrecían y decían: “No queremos que éste reine sobre nosotros”. Podían tratar de negar el reinado del Señor tanto como quisieran, pero no los llevaría a ninguna parte. Él los gobernaría de una forma u otra. Cada uno de los siervos del Señor tenía que responderle, pero también sus enemigos. Se encontraron con cierto juicio final. Este dramático y fuerte final muestra que responder al reinado de Jesús es una decisión de vida o muerte.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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