Jesús no presentó esta historia como una parábola, y en ninguna otra parábola Jesús nombró a un individuo (como el hombre pobre es nombrado aquí). Tenemos todas las razones para creer que Jesús nos dio un caso de la historia real, uno que Él conocía desde Su perspectiva eterna. La riqueza del hombre era evidente debido a su lino fino, y por sus excesos con la comida. La palabra usada para banquetes es la palabra que se utiliza para comidas gourmet con platillos costosos y exóticos. Él hacia esto todos los días.

El hombre rico no tenía nombre, pero tradicionalmente se le dio el nombre de Dives, que en latín significa simplemente rico. No muy lejos del hombre rico, a la puerta estaba un hombre desesperadamente pobre y enfermo. El hombre rico no hizo nada contra Lázaro, excepto ignorarlo y pasarlo por alto. El nombre es la forma latinizada de Eleazar y significa Dios es mi ayuda. La comida se tomaba con las manos y, en casas muy ricas, las manos eran limpiadas al frotarse con piezas de pan, que después eran tiradas. Esto era lo que Lázaro estaba esperando. Jesús describe la miseria de este mendigo en estos detalles fuertes y nauseabundos. Eventualmente ambos hombres murieron. Lázaro no tuvo el honor de un entierro en esta vida, sin embargo, los cielos lo honraron, siendo llevado por los ángeles al seno de Abraham. El hombre rico tuvo el honor de un entierro, pero no de una escolta angelical o un destino agradable.

Parecería obvio que cuando el mendigo fue llevado por los ángeles, fue su espíritu que fue llevado; el aspecto inmaterial y eterno de su ser. Excepto por el trabajo del ángel llevándolo, lo mismo era cierto para el hombre rico. Su cuerpo fue sepultado y permaneció en la tierra, pero estaba en tormentos, en el Hades. La idea del seno de Abraham se puede explicar de tres maneras. No debemos pensar que Lázaro fue salvado por su pobreza, ni que el hombre rico fue condenado por su riqueza. Lázaro debe haber tenido una verdadera relación de fe con el Dios verdadero, y el hombre rico no. Las circunstancias de sus vidas hicieron esa fe más fácil o más difícil, pero no la crearon. El hombre rico no estaba lejos de Lázaro; sin embargo, estaba a un mundo de distancia. Su lugar estaba lleno de tormento y dolor, mientras que Lázaro disfrutaba del confort y el cuidado de Abraham. En esta historia Jesús describe un lugar que llama el Hades, que parece ser el lugar donde estaban los muertos. Podemos decir que ellos estaban en dos áreas del mismo lugar, uno un lugar de tormentos y el otro un lugar de consuelo. Según la descripción de Jesús, se puede decir que, en ese momento, antes de la obra de Jesús en la cruz, el espíritu o alma de los muertos iba a un lugar llamado el Hades. Hades es una palabra griega, pero parece tener la misma idea que Sheol, una palabra hebrea con la idea de “el lugar de los muertos”. La idea de Sheol en la mayoría de los casos es simplemente “la tumba” y el entendimiento de la vida después de la muerte en el Antiguo Testamento es mucho menos clara que en el Nuevo Testamento. El Hades técnicamente no es el infierno, o lo que también se conoce como el Lago de Fuego. Ese lugar es llamado Gehenna, una palabra griega tomada del lenguaje hebreo. Era un vertedero de basura donde se quemaba la basura y el desperdicio. Los fuegos humeantes y los gusanos purulentos del valle de Hinom creaban una imagen gráfica y efectiva del destino de los condenados. Es razonable pensar que cuando Jesús visitó y predicó en el Hades como parte de su trabajo redentor liberó a los cautivos. El trabajo y la predicación de Jesús ofrecieron salvación para aquellos como Lázaro, que en fe lo esperaban, y también selló la condenación de los perversos y los incrédulos.

El hombre rico era definitivamente un descendiente de Abraham, y el gran padre de la fe no lo repudió. Pero tener a Abraham como padre no fue suficiente para escapar de su tormento en la vida venidera. Ahora el hombre rico era el mendigo, rogándole a Abraham. Incluso en la vida futura, el hombre rico se consideraba superior y veía a Lázaro como si fuera su sirviente. Esto muestra que la muerte no le quitó su sentido de derecho y puesto en la vida. Y no podía alegar que no conocía a Lázaro, porque lo reconoció inmediatamente en el seno de Abraham. No era falta de conocimiento, entonces, sino falta de pensamiento, que fue el secreto más profundo de su tragedia. A través de su vida en la tierra, el hombre rico disfrutó de todas las cosas buenas de la vida; pero no las compartió ni las usó para prepararse para la vida venidera. El hombre rico es, por lo tanto, un contraste con la parábola anterior del mayordomo injusto. El mayordomo injusto usó su posición actual para prepararse para su próxima posición; el hombre rico no lo hizo. También, no hay indicios aquí de un purgatorio o de algún tipo de limpieza reparadora. El abismo fue fijado, se puede asumir, por Dios.

Obviamente, el hombre rico recordaba y se preocupaba por sus familiares, incluso después de haber pasado de la tierra a la vida después de la muerte. Su memoria no fue borrada ni se le dio una nueva conciencia. Había vivido su vida sin darle la más mínima importancia a esto, ni para sí mismo ni para los demás. Si él mismo pudiera ir con sus hermanos, lo haría; pero parecía entender que esto era imposible, lo entendió tanto que ni siquiera lo pidió. La mención de los cinco hermanos es la primera indicación de que el hombre rico pensó en alguien más que en sí mismo. Desafortunadamente, su preocupación por los demás llegó demasiado tarde para servir de algo. Abraham señaló que los hermanos del hombre rico tenían toda la información necesaria para escapar del tormento del Hades. Escuchando a Moisés y a los profetas y haciendo lo que ellos decían era suficiente. El hombre rico inmediatamente objetó, sabiendo que su familia no tomaba en serio a Moisés y a los profetas. Esperaba desesperadamente que, si alguien viniera de entre los muertos, sería más convincente que la Palabra de Dios. Con esta historia, Jesús demostró la debilidad de confiar en las señales para llevar a las personas a la fe. Es fácil creer que, si las personas vieran una señal lo suficientemente espectacular, serían motivados a creer. Pero lo que crea fe para salvación es escuchar la Palabra de Dios; una señal puede o no tener un rol en esa obra. Dios, trabajando a través de su palabra, tiene poder para salvación. Él declara que las sagradas escrituras son por sí mismas tan poderosas como la predicación del mensaje por alguien resucitado de entre los muertos.

En cierta manera, el hombre rico de la historia de Jesús era muy diferente a los líderes religiosos de los tiempos de Jesús, los fariseos. Vivió una vida de excesos gourmet y indulgencia, y los fariseos eran rígidos, disciplinados y tenían súper autocontrol. Sin embargo, compartían esto con el hombre rico: no se preocupaban en lo más mínimo por los necesitados alrededor de ellos y los despreciaban con negligencia. Esa es la razón por la que se ofendieron tanto cuando Jesús enseñó y se preocupó por los pecadores y los recaudadores de impuestos. “Cien millas pueden separar dos ríos, pero por todo eso, ambos fluyen del mismo lago”.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.