El énfasis de Lucas aquí se encuentra en el nacimiento de Jesús, que se describe con mucho mayor detalle que el de Juan, que se da en un solo versículo (v. 57). Esta pareja de ancianos tuvo el cuidado de seguir la ley al circuncidar al niño. En principio le pusieron al niño el nombre de su padre. Sin embargo, Elisabet puso las cosas en su debido lugar diciendo que se llamaría Juan.

En aquellos días se le ponía al nuevo hijo un nombre familiar. Cuando surgió el asunto de poner un nombre al niño, los familiares dieron por sentado que se llamaría Zacarías. Pero Elisabet corrigió esa decisión. Aun así, ante las objeciones, apelaron a Zacarías. Y como él no podía hablar escribió “Su nombre es Juan”. La gente le preguntó por señas a su padre: Trataron a Zacarías como si fuera sordo, no mudo. Esto debe haber sido constantemente fastidioso para Zacarías. Este era el nombre que había sido escogido por Dios. Los familiares se sorprendieron, admirados de lo que había sucedido. Tanto Zacarías como Elisabet sabían que el nombre del niño tenía que ser Juan, de acuerdo al mandato del ángel. Ahora, Zacarías respondió con fe total. No dijo: “Creo que su nombre debería ser Juan”. Para Zacarías, este fue reconocimiento de un hecho, no una sugerencia.

Después de ese incidente, Zacarías pudo volver a hablar e inmediatamente comenzó a cantar alabanzas a Dios. Aunque él no había tenido mucha fe, cuando el niño naciese se alegraría por lo que Dios había hecho. Nuevamente, destacaremos que la falta de fe de Zacarías es una característica que muchos de nosotros tenemos y al final, reaccionamos de la misma manera. Cuando Dios oye y contesta por lo que le hayamos pedido en oración, nos alegramos. A veces pienso que la razón por la que Dios contesta la oración de creyentes débiles como nosotros, es que tengamos algún motivo para alegrarnos. Por regla general, los creyentes que tienden más a la incredulidad que a la fe, no tienen muchos motivos para sentir alegría. Los creyentes más fuertes, que tienen más fe, con una actitud espiritualmente positiva, sienten conformidad y paz ante todas las circunstancias.

Era evidente que Juan iba a ser un niño excepcional. La noticia de que era un niño fuera de lo común se divulgó rápidamente en la zona de Jerusalén. Años más tarde, cuando Juan comenzaba su ministerio público de predicación, muchos que sin duda recordarían los asombrosos eventos que rodearon a su nacimiento, saldrían a verle de esa región (Mateo 3:5). La promesa se cumplió tal como Dios dijo que sería. Dios siempre cumple sus promesas. Y muchos se regocijarán de su nacimiento tal como lo había dicho el ángel Gabriel.

William Barclay relata la costumbre de la época: “Cuando el momento del nacimiento se acercaba, amigos y músicos locales se reunían cerca de la casa. Cuando se anunciaba el nacimiento y que era un niño, los músicos empezaban a cantar y había felicitación y regocijo. Si se trataba de una niña, los músicos se iban en silencio y lamentándose”.

A pesar de que había fallado antes, Dios le dio a Zacarías una segunda oportunidad en la fe. Él nos da lo mismo a nosotros hoy. Este fue un retorno desde el punto de incredulidad, y el ejercicio de la voluntad en la manera señalada. Así como dijo Gabriel, Zacarías pudo hablar de nuevo. Habló bendiciendo a Dios. Era apropiado que las primeras palabras de Zacarías eran alabanzas a Dios. Su castigo por la desobediencia no lo había amargado. En lugar, le dio ganas de confiar en Dios aún más, en cada oportunidad.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.