Al ver la desviación continua hacia la desobediencia hace que uno este cada vez menos confiado en el hombre, pero más y más impresionado con la misericordia y gracia de Dios. A pesar de que Israel continuaba olvidándose de Él, Él continuó trabajando con ellos. “La vida sedentaria esta más sujeta a enfermedades: las aguas estancadas rápidamente se echan a perder. Es duro y feliz el no empeorar con la libertad.” Dios amaba a Israel demasiado como para que se fueran por su propio camino. Puede haber ocasiones cuando deseamos que Dios nos deje solamente solos; pero al final estamos agradecidos por Su trato continuo para con nosotros, aún cuando no es cómodo. Aún cuando Dios trata con alguien de esta manera, puede tomar algo de tiempo para que su corazón de vuelva en arrepentimiento hacia Él. Le tomó a Israel veinte años de servidumbre antes de que clamaran a Jehová. Dios utilizó a un opresor totalmente diferente esta vez. Dios puede y hará el uso de cualquier cosa para tomar nuestra atención para mantenernos a raya con Su voluntad. Esta vez usó a Jabín rey de Canaán.

Algunos consideran inesperado que Dios levantara a una mujer como profetiza. Pero el Nuevo Testamento pone en claro que Dios también da a las mujeres el don de la profecía, y ellas lo deben de practicar de una forma apropiada (1 Corintios 11:5). “Lapidot, su esposo, parece que no tenía nada que ver en el gobierno. Pero en el original también se puede traducir como la esposa de Lapidot, siendo la mujer de Lapidot.” La Biblia nos habla de otras profetizas: María (Éxodo 15:20), Hulda (2 Reyes 22:14), Ana (Lucas 2:36), y las cuatro hijas de Felipe (Hechos 21:8-9). De 1 Corintios 11:5 vemos que el elemento esencial para el ministerio de una mujer como profetiza en la iglesia primitiva era su clara sumisión al liderazgo del hombre en la iglesia (evidenciado al utilizar ella el velo). En la iglesia del Nuevo Testamento, una mujer debía de utilizar sus dones en el contexto del orden establecido por los líderes de la iglesia – de la misma manera que el don de cada quien. Esto siempre es posible porque el don de la profecía nunca “abruma” a aquel que lo recibe; los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas (1 Corintios 14:32).

Débora fue una mujer grandemente utilizada por Dios, y ella también era una mujer que respetaba a las personas que Dios ponía en autoridad sobre ella – notablemente, Barac. Las razones no tienen nada que ver con alguna noción de superioridad del hombre; tienen que ver con el orden ordenado por Dios. Su prominencia implica una falta de hombres calificados y con voluntad. Pero esto no puede ser tenido sino como una implicación, no como algo que esta especificado en el texto. Débora nunca creyó que Dios la llamó a que ella sola liberara a Israel. Ella se dio cuenta que Dios haría la mayor parte de la obra por medio de Barac. Cuando pregunta: ¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel? El uso de esta frase sugiere que Débora simplemente confirmó algo que el Señor ya le había hablado a Barac. Dios a menudo trae confirmación cuando Él nos habla a nosotros, especialmente cuando creemos que lo que Él quiere que hagamos afectará a otras personas.

Ahora, no le pareció poco sabio de Barac el pedir a Débora que fuera con él. Pero el hecho de que él lo demandara muestra que él confiaba más en la relación de Débora con Dios que en su propia relación con Dios. Él prefería la inspiración de la presencia de Débora de la invisible pero certera ayuda del Dios Todopoderoso. Él es mencionado en hebreos 11 como uno de los héroes de la fe; pero su fe estaba puesta en la influencia de Débora con Dios, en lugar de la suya. Así él se perdió la corona de aquel gran día de victoria. Debido a esto, Barac no sería aquel que personalmente derrotaría a Sísara, el comandante del ejército de Jabín – sino una mujer sería la que lo derrotaría. Esperaríamos que esto se cumpliera con Débora, pero esta profecía será cumplida de una manera inesperada.

Sin embargo, Barac y todos los que fueron con él mostraron un verdadero valor y confianza en Dios para subir en contra de Sísara y su ejército. Ellos esencialmente no tenían armas para pelear en contra del ejército tecnológicamente avanzado (al tener 900 carros herrados). Además, Dios les condujo a pelear en una llanura, la cual ofrecía gran ventaja a las fuerzas con carruajes.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.