Se levantaron los hijos de Israel, subieron a la casa de Dios y consultaron a Dios, diciendo: ¿Quién subirá de nosotros el primero en la guerra contra los hijos de Benjamín? El Señor respondió: Judá será el primero. Se levantaron, pues, los hijos de Israel por la mañana, contra Gabaa. Salieron los hijos de Israel a combatir contra Benjamín, y los hombres de Israel le presentaron batalla junto a Gabaa.”

Observemos la tremenda desigualdad entre estos dos ejércitos. Mientras el ejército de los hijos de Israel contaba con cuatrocientos mil hombres, el ejército de los hijos de Benjamín sólo contaba con veintiséis mil setecientos hombres, según el versículo 15. En efecto, los hombres de Benjamín fueron vencidos por la inmensa mayoría del ejército de las demás tribus. El hecho es que la tribu de Benjamín fue destruida casi totalmente. Sin embargo, no fue una victoria fácil para los hijos de Israel. Los versículos 21 al 43 nos relatan el proceso de la batalla y los ataques que tuvieron que lanzar los hijos de Israel para poder derrotar a los de Benjamín. A pesar de su numeroso ejército, los hijos de Israel tuvieron que organizar tres ataques para derrotar finalmente a los de Benjamín. El versículo 21 nos presenta el primer ataque, en el cual el ejército de los hijos de Israel tuvo 22.000 bajas. En el versículo 25 encontramos el segundo ataque, en el cual los hijos de Israel perdieron otros 18.000 hombres. Y a partir del versículo 31 tenemos el ataque final, en el cual los hijos de Israel finalmente derrotaron a los hijos de Benjamín. Pero aun en este ataque, los hijos de Israel perdieron unos 30 hombres.

Ahora, hay algo muy importante aquí que no debemos pasar por alto. La última parte del versículo 28 dice: “Y el Señor dijo: Subid, porque mañana yo os los entregaré”. Y la primera parte del versículo 35 dice: “Y derrotó el Señor a Benjamín delante de Israel. . .” Observe usted que fue a Dios a quien se atribuyó la victoria, y con justa razón porque Él había dicho que entregaría a los hijos de Benjamín en mano de los de Israel. Además, debemos siempre recordar que a Dios pertenece ¡toda victoria! ¡Y es importante que veamos eso! Por otra parte, Dios utilizó este método para juzgar la inmoralidad de la tribu de Benjamín.

En los versículos 44 al 46, los de la tribu de Benjamín fueron juzgados a causa de su tremenda inmoralidad. ¡Qué tragedia fue que tantos murieran! Ahora, ésta era la tribu favorita. Usted recordará que Benjamín era el hijo menor del anciano Jacob, y su hijo favorito. Benjamín fue aquel por el cual Judá había estado dispuesto a entregar su vida, y que ocupaba un lugar junto a Judá. Lamentablemente, esta gran inmoralidad que se había introducido había lanzado a una tribu contra la otra. Y, ¿qué sucedió luego? Todo esto condujo a una anarquía política. Observe usted los pasos que tenemos claramente delineados aquí en esa etapa del libro de los Jueces. Primero, hubo la apostasía religiosa en el templo que comenzó en el relato del capítulo 17, con el ídolo de Micaía. Luego vino la decadencia moral en el hogar (en el capítulo 19). Y finalmente, se produjo la anarquía política en el estado (capítulos 20 y 21). Estos son los pasos que conducen a la ruina de las naciones.

“Un celo sin instrucción, aún por la causa de la justicia, va más allá de los límites apropiados.” (Morgan)

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.