No se nos cuenta el trasfondo de estos ciertos griegos. Pueden haber sido griegos convertidos al judaísmo. Pueden haber sido griegos temerosos de Dios, esos que tenían gran respeto por el judaísmo, pero no habían sido convertidos ni circuncidados. Pueden simplemente haber sido griegos viajeros, conocidos por su curiosidad.  Hemos escuchado mucho sobre él, y deseamos ver a la persona de la que hemos escuchado cosas tan extrañas. La salvación final del alma a menudo se origina, bajo Dios, en un principio de simple curiosidad. Muchos solo han deseado ver y escuchar a un hombre que hable mucho de Jesús, sus milagros, sus misericordias; y al escuchar han sentido los poderes del mundo venidero, y se han vuelto convertidos genuinos a las verdades del evangelio.

En esta ocasión la curiosidad de los griegos sobre Jesús puede haber sido suscitada porque todos estaban hablando sobre él. Pero puede haber habido una razón más especial. Entre los versículos 19 y 20 habían pasado un día o dos: Jesús ya no se encontraba en el camino a Jerusalén, sino enseñado diariamente en el recinto del templo. Y mientras tanto, según Marcos 11:15-17, había expulsado a los comerciantes y a los cambistas de los precintos — esto es, más precisamente, de los patios exteriores — para que el lugar pudiera cumplir con su propósito divinamente ordenado de ser ‘una casa de oración para todas las naciones’ (Isaías 56:7). ¡Reconocieron los griegos esta acción como si se hubiera llevado a cabo por el bien de gentiles como ellos que, cuando iban a adorar al Dios verdadero, tenían que limitarse al patio exterior? Estos hombres del Oeste a finales de la vida de Jesús, hicieron lo mismo que los magos del este en su comienzo: — pero ellos vinieron a la Cruz del rey, como los otros habían venido a su cuna.

Por lo menos dos veces Jesús dijo que aún no era el tiempo. Él tomó este interés de los gentiles por buscarlo como la señal de que ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. El hecho de que su hora aún no había llegado, lo había librado de violencia antes. Esta era la hora de que Jesús hiciera su sacrificio final. El verbo “ha llegado” está en tiempo perfecto, la hora ha llegado y permanece con nosotros. No hay vuelta atrás. Así como la semilla nunca se convertirá en planta a menos que muera y sea enterrada, así la muerte y la sepultura de Jesús era necesaria para su glorificación. Antes de que pueda haber poder de resurrección y fruto, debe haber muerte.  Somos llamados a odiar nuestra vida no en el sentido de prescindir de ella, sino en el sentido de que se la entregamos libremente a Dios. Nuestra vida es preciada para nosotros, especialmente porque es algo que le podemos dar a Jesús. El hombre cuyas prioridades están bien tiene una actitud de amor a hacia las cosas de Dios que hace que todo interés en los asuntos de esta vida parezca odio en comparación. Ser cristiano es seguir a Jesús. No significa que tengas que dejar tu trabajo o dejar de cuidar de tu familia o estudiar en una escuela. Significa que haces todo como un siervo de Jesús, un seguidor de Jesús.  Jesús describió al servidor como uno que quiere estar donde Jesús está. Esta no es esclavitud forzada donde el esclavo quiere ser libre de su amo. Este es un servicio por elección, hecho voluntariamente simplemente porque quiere estar cerca del amo. Jesús recibió esta hora crucial, sin embargo, lo turbaba porque sabía lo que involucrarían las agonías de la cruz. Juan no nos cuenta sobre la oración de Jesús en Getsemaní, pero la idea detrás de esa oración se expresa en Juan 12:27-28. La cruz, que había arrojado una sombra sobre toda la vida y ministerio de Jesús, ahora se volvería una realidad en la experiencia de Jesús.  Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez: Esta era una afirmación por parte Dios el Padre.

Conforme se acercaba la cruz, la gran preocupación de Jesús era glorificar al Padre, y se le aseguró que ya lo había hecho y que lo seguiría haciendo. La palabra otra vez aquí no solo implica una simple repetición, sino una intensificación, de la glorificación de una vez más: y esta vez completa y finalmente. Para algunos, la voz de Dios sonó como un trueno. Otros pensaron que sonaba como una especie de discurso angelical. Para los que pudieron discernirlo, les dio confianza en Jesús antes de estos días críticos.  El espíritu de este mundo fue juzgado por la manera en que trató a Jesús en la cruz. La cruz no solo juzgó al mundo, sino que también derrotó a Satanás (ahora el príncipe de este mundo será echado fuera). La derrota del mundo (cultura en oposición a Jesús) y Satanás fue la victoria de Dios y la victoria del pueblo de Dios.  Fue debido a la desobediencia del hombre que fue expulsado por Dios del Jardín de Edén por haberse sometido al príncipe de este mundo (Juan 12:31); ahora por la obediencia perfecta de Jesús en la cruz el príncipe de este mundo será depuesto de su presente dominio. El verbo utilizado para levantado tiene un deliberado doble significado. Significa tanto una elevación literal (como en ser levantado en una cruz) como una exaltación (siendo elevado en rango de honor). Jesús prometió que cuando fuera levantado (elevado, exaltado) en la cruz. Él atraerá a todos a él. Jesús sabía que el beneficio de su obra en la cruz iría mucho más allá de salvación y bendición para el pueblo judío. Él pensaba atraer a todos a si mismo. La cruz es el imán del cristianismo. Jesucristo atrae a los hombres, pero es principalmente por su cruz. Nosotros desmagnetizamos al cristianismo, como lo muestra toda la historia, si usted descarta la muerte en la cruz por el pecado del mundo. Lo que queda no es un imán, sino un poco de chatarra de hierro. Jesús no solo sabía qué moriría, sino que también sabía que moriría en una cruz, levantado de la tierra. Jesús conocía la dolorosa y humillante forma de su muerte, pero aun así obedeció la voluntad de Dios.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.