Elifaz afirma que recibió una palabra en un sueño, cuando el sueño cae sobre los hombres, y que la recibió por un espíritu que pasó delante de sí en su sueño. Él refuerza la autoridad de sus palabras apelando a lo sobrenatural – una experiencia inquietante que pone los pelos de punta en la cual él recibió un oráculo. Las palabras vinieron de este extraño y misterioso espíritu. Que vino del cielo o del infierno, no sabemos, porque su comunicación muestra y aflige a una herida, sin proveer una cura. Aunque es más seguro que venía de parte del diablo.

Después de crear tanta expectativa, para que sus oyentes prestaran la debida atención Elifaz dijo en los versículos 13 y 14: El asunto me llegó como un susurro; mis oídos lograron percibirlo. ¿Verdad que esto suena misterioso? ¿No es espeluznante? La visión tuvo lugar de noche, en plena oscuridad. Y continuó diciendo en los versículos 15 y 16: “y al pasar un soplo por delante de mí, se erizó el pelo de mi cuerpo. Delante de mis ojos se detuvo un fantasma cuyo rostro no reconocí, y lo oí decir muy quedo:”

Realmente aquí estaba elevando la tensión hasta llegar a un clímax. Su descripción era espeluznante. Era algo que jamás nadie había visto, porque se trataba de una visión que él había tenido. En la oscuridad, un espíritu había pasado delante de él. ¿Y qué dijo? ¿Será el mortal más justo que Dios? ¿Será el hombre más puro que el que lo hizo?

Ahora, no sabemos cómo se siente usted, pero estamos un poco desilusionados. Pensamos que este hombre nos iba a decir algo de una experiencia que él tuvo, que iba a ser algo realmente nuevo, algo tan profundo que ninguno de nosotros había escuchado antes. Pero esto no era nada nuevo. Y francamente hablando, pensamos que él quizá se exaltó demasiado, para alcanzar un resultado tan pequeño. Estaba realizando un esfuerzo tan penoso que uno hubiera esperado una gran declaración, una profunda expresión de fe. Y resulta que salió diciendo “¿Será el mortal más justo que Dios?” Por supuesto que no. ¿Qué tiene de profundo eso? “¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?” Claro que no. Todos sabemos eso y no hemos necesitado tener un sueño ni una pesadilla espeluznante para llegar a esta conclusión. No merecía la pena perder una noche de descanso para salir con algo tan trillado, tan evidente. Así que no había nada profundo en esta declaración, sin embargo, era la voz de la experiencia, y hay muchas personas hoy que alegan tener esa voz. Y en el caso de Elifaz, no resultó de ninguna ayuda para Job. Quiero apresurarme a aclarar que no deseo dar la impresión de que Elifaz y estos otros hombres no estuvieran expresando verdades maravillosas y profundas. El caso es que no le estaban ayudando a Job. Y continuó Elifaz diciendo en los versículos 18 y 19. Que Dios ni siquiera en sus siervos confía, y aun en sus ángeles descubre el error, ¡cuánto más en los que habitan en casas de barro cimentadas en el polvo, que serán aplastadas como la polilla! Aquí se nota de quien fue el susurro que recibió Elifaz, se nota la saña al culpar a Dios

Incluso los ángeles de Dios actúan con cierta insensatez. Y cuánto más insensato somos nosotros, que vivimos en casas de barro. No hay una mejor descripción de nuestros cuerpos que esta. En Segunda de Corintios 5, el apóstol Pablo comparó a nuestros cuerpos con una tienda, con una tienda pobre y frágil que el viento puede tumbar. Vivimos, pues, figurativamente hablando, en casas de barro, y antes de no mucho tiempo, nuestras casas se nos caerán encima. En los versículos 20 y 21 se nos dice que no importan cuan fuertes y hermosos puedan ser nuestros cuerpos, su duración será muy breve. Elifaz estaba expresando verdades extraordinarias, teniendo en cuenta que provenían de un período muy antiguo de la historia, pero que a Job no le resultaron útiles. Es relativamente fácil comunicar una verdad que no es pertinente, que no se puede aplicar a la vida. No necesitamos simplemente cualquier verdad, sino la verdad que satisfaga nuestra necesidad.

Todos estos amigos dirían algunas cosas ciertas y hermosas. Pero no satisfarían la necesidad de Job. Si uno estuviera en aquella escena se sentiría tentado a decirles a aquellos hombres que dejaran de hablar, porque estaban yendo en la dirección equivocada, al no poder consolar ni ayudar a Job.

Morgan dice: “Todo es muy hermoso, pero absolutamente corto de vista. Elifaz no tenía conocimiento de esas reuniones secretas en el cielo, y estaba cometiendo el error de intentar presionar todas las cosas para que encajen en su filosofía.”

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.