El joven Eliú una vez más apeló a Job en una manera muy directa y personal, más personal de lo que lo habían hecho los otros tres amigos. Si hay tanto material de maravilla y adoración en las más evidentes y sensibles obras de Dios, ¡qué maravillosos deben ser sus profundos y secretos, consejos y juicios! Y, por lo tanto, sería mejor que usted se volviera lo suficientemente humilde como para admiraros, y someterse calladamente, en vez de murmurar o discutir con ellos. Eliú condena a Job con dolor, pero de manera absoluta; declara que Job no solo ha naufragado en su fe, sino que se ha vuelto desafiante en silenciar a sus amigos.

Significativamente, Dios se dirigirá a Job entre líneas similares cuando comience a hablar en Job 38. Sabes tú. Aunque Eliú tenía muchas ideas correctas, las presentó en una premisa equivocada, la premisa de que toda la crisis de Job vino por su pecado. Si Job no podía entender cómo Dios realizaba estas maravillas, ni mucho menos ayudarle, ¿Cómo podría entonces entender los misterios mucho menos evidentes de la providencia de Dios? Había convencido a Job de su ignorancia, y ahora lo haría de su impotencia y de su estupidez.

Eliú confrontó lo que él consideraba la arrogancia de Job al decir que el hombre merecía una audiencia o una justificación de Dios. “Job, si tu insistes en que Dios nos debe una audiencia, entonces por favor muéstranos qué le hemos de decir.” Él se estaba esforzando por llevarlo a darse cuenta de la imposibilidad de conocer a Dios perfectamente, y la consecuente estupidez de sus quejas. La verdad expresada aquí es una grande, y también tiene aplicación para Eliú. Él no podía encontrar a Dios, y no entendía el misterio de los sufrimientos de Job. Estos capítulos intensifican el sentido de la soledad y la diligencia de Job. Él permanece ahí, solo y en silencio, sin nadie que simpatice con él, nadie que se adentre a sus perplejidades; condenado como impío, hereje, incluso blasfemo, por la concordante voz de sus amigos y espectadores; similares por su propia generación, y por esa que estaba creciendo para tomar su lugar; aun así, soportando hasta el final, contra todo y todos y esperando con confianza el veredicto de Dios.

El significado es que el hombre por naturaleza es completamente ignorante. No conoce nada de Dios en el cielo. Sin embargo, Dios está ahí con su maravillosa gloria. Y tal como cuando la tormenta ha dispersado todas las nubes negras y despejado el aire, así, cuando Dios se revela, su luz y su verdad son vistas. Eliú quería desalentar a Job de insistir en que Dios le debía (o a cualquier otro) una audiencia o una explicación.

Significativamente, el Dios en el que Eliú creía estaba mucho más allá, inalcanzable para el hombre (al cual no alcanzamos), ha llegado con la tormenta y hablará a Job. Parece que Dios finalmente había escuchado suficiente de la casi correcta sabiduría del hombre, y había tenido suficiente de esta plática en la que él estaba mucho más allá del hombre, fuera de su alcance. Dios estaba por confrontar no solo a Job, sino a sus tres amigos y especialmente a Eliú, con sus palabras y su presencia.

El fuerte viento que corre, para el cual la descripción del trueno y el relámpago habían preparado al pobre, confundido y sorprendido Job, proclama la presencia de Yahvé: y a través de este torbellino Dios responde y se proclama a sí mismo. Prepárese, entonces, para escuchar la voz del mismísimo Dios en este torbellino.

En la historia de Job, también, el Señor aparentemente ha estado durmiendo profundamente hasta ahora, tranquilamente hecho un ovillo en la popa del bote mientras Job ha estado batallando solo con el viento y las olas. En el caso de Job, dejó que la tormenta arrasara con él por 37 capítulos, hasta que finalmente calmó no solo a la tormenta, sino al corazón de Job.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.