Eliú aquí le habla a Job sobre lo que Dios hubiera hecho por él, si Job tan solo se hubiera arrepentido como debía haberlo hecho (por lo menos desde la perspectiva de Eliú). Si tan solo Job se hubiera arrepentido Dios hubiera: Librado a Job de la boca de la angustia y llevado a Job a lugar espacioso, libre de todo apuro. Para Eliú, los problemas de Job eran fáciles de diagnosticar. Job no tenía las bendiciones que Dios da a los obedientes y penitentes; por lo tanto, no era obediente ni penitente. En vez de eso recibía el juicio del impío. Había una razón para la crisis y pérdida de Job; era que el juicio y la justicia de Dios estaban en su contra. Es útil acordarnos que Job capítulos 1 y 2 dejan claro que Eliú estaba totalmente equivocado en este análisis.

Eliú asumió lo que muchos asumen: que los ricos confían en sus riquezas. Esto con frecuencia es verdad – tal vez casi siempre lo es; pero no era verdad en el caso de Job y Eliú estaba mal al asumirlo. Él dice: Job, todo este sufrimiento y agonía son tu elección. Todo podría ser diferente si tan solo te arrepintieras y volvieras a Dios. Era este tipo de consejo el que enloquecía a Job, porque demandaba que abandonara su dignidad e hiciera un show de arrepentimiento solo para agradar a sus amigos. Job tuvo sus propias fallas durante su extenso diálogo con sus amigos, pecados de los que se arrepentiría después; sin embargo, mostró una fortaleza asombrosa para mantener su integridad ante el constante torrente de acusaciones de sus amigos en su contra.

Eliú quería exaltar una vez más a Dios ante los ojos de Job, pensando que el problema de Job era que tenía una estima muy baja de Dios, y una muy alta de sí mismo. A partir del verso 22 da inicio a una sección donde viene un cambio evidente sobre Eliú. Probablemente, habló con la vista puesta sobre una tormenta que se aproximaba rápidamente con toda su lluvia, truenos y nubes oscuras. Una inspiración maravillosa y repentina llenó a Eliú, y habló de una manera muy diferente de la anterior dura y condenatoria en que le había hablado a Job. El cambio que viene sobre Eliú en este punto, y que continúa y crece en poder hasta el final de su discurso, es tan dramático que el lector debería impresionarse con él. Pues aquí algo extraño y maravilloso comienza a alegrar a este joven: abre su boca y habla con la unción del Espíritu Santo. Cuando Dios habla actualmente, habla por un torbellino, y la idea es que era esta tormenta en su enfoque y fuerza la que Eliú describía. Y esto me atrevo a decir, dijo un entendido intérprete aquí, que no hay ningún poema existente, ni de los griegos ni de los latinos, que pueda ser comparado con esta majestuosa elocuencia de Eliú al describir esos efectos naturales que son provocados en el aire. El mismo Job había magnificado la obra de Dios, y estaba bien consciente del poder, majestad y gloria de Dios. Conforme la tormenta se acercaba a Job y a sus amigos, y conforme Eliú continuaba describiéndola, reconoceremos en Job 38 que el Señor estaba en la tormenta, listo para hablarle a Job. También es instructivo notar el contraste entre Job y Eliú, evidenciado por las diferentes respuestas a la aparición del Señor. Ante el acercamiento de Dios el hombre más maduro permanece en silencio; un silencio santo cae sobre él, y sus labios permanecen tan quietos como su corazón. Pero el joven Eliú sigue hablando. Incluso si le concedemos que sus balbuceos son inspirados, puede que aun haya razón para sospechar que estos, comparados con el humilde silencio de Job, siguen siendo balbuceos.

En esta hermosa sección Eliú analizaba el ciclo del agua de evaporación, destilación, y lluvia, y lo utilizó como ejemplo de la genialidad de Dios y su belleza como diseñador. Las nubes y la lluvia muestran el increíble control de Dios del mundo en operaciones de tal delicadeza y fuerza que el hombre no puede ni entenderlas ni imitarlas. La sabiduría de Eliú en analizar el ciclo del agua ha llevado a concluir erróneamente que el Libro de Job debió ser escrito más tarde de lo que comúnmente se supone.

El trueno declara su indignación: Y es digno de resaltar que todo hombre impío tiembla ante el ruido del trueno y el destello del relámpago, y considera este erario de la ira divina, enfáticamente llamada entre nosotros la artillería de los cielos; y donde se escuche el ruido, es considerado como la voz de Dios. Y la tempestad proclama su ira contra la iniquidad: Como diversos ganados son muy sagaces en este asunto, y no solo perciben la lluvia cuando está por caer, sino que la anticipan a cierta distancia por los vapores, los cuales son atraídos por el sol en gran abundancia, y por diversos movimientos y acciones, le dan al hombre aviso oportuno, como ha sido observado no solo por los agricultores, sino también por autores entendidos.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.