Eliú acababa de importunar a Job severamente al final de su discurso anterior. Lo acusó de agregar rebelión a su pecado, de ignorar el consejo sabio de sus amigos, y de hablar mal contra Dios. Así que, para hacer énfasis en el punto, le clavó el dedo a Job y le dijo, piensas que es cosa recta. Eliú acusaba a Job de calcular fríamente; de decir que negaba el orden moral de Dios y de decir que no había ventaja en pecar o no pecar. Una vez más pone palabras en la boca de Job, y en el proceso no solo lo cita mal, sino que tergiversa gravemente su posición. Eliú se había perdido el punto de Job, de que quería ser vindicado porque sí creía que Dios era justo. Claro que Job, en su lucha por entender lo que Dios estaba haciendo, había enviado dos señales, una que Eliú, como los otros, no había sido capaz de escuchar.

Los argumentos y las ideas de Eliú eran en esencia los mismos de los amigos de Job. Sin embargo, se consideraba a sí mismo diferente, y pensaba que podía corregir tanto a Job como a Elifaz, Bildad y Zofar. Eliú quería que Job (y sus amigos) entendieran una idea que ya habían discutido y sobre la que estaban de acuerdo, la idea de que Dios es más grande que el hombre y más allá del hombre. El Señor le mostró a Abraham las estrellas, pero Eliú le muestra a Job las nubes. Eliú ve las nubes como un muro entre el Cielo y la tierra; para él, ellas son una imagen de la distancia entre Dios y los hombres, de cuán inalcanzable e impasible es. Mientras más lejos podamos ver al cielo (o dentro de él) mejor concebiremos la distancia infinita que hay entre Dios en el cielo y el hombre en la tierra. La idea era que Dios estaba tan lejos del hombre que no había nada que el hombre pudiera hacer para el beneficio de Dios. Eliú sentía que Job había perdido el temor y la apreciación piadosa de Dios.

Dios ciertamente es Dios; pero Eliú no entendió qué tanto se acerca Dios al hombre. El todo de la revelación bíblica, centrado y consumado en Cristo, muestra que el pecado humano inflige heridas sobre Dios, y provoca dolor al Santo: y que el hombre, viviendo en justicia, sí le da gloria a Dios provoca gozo a su corazón. Si fuera verdad que, porque Dios es tan grande y tan alto, la inocencia o la culpa de un insignificante ser humano es un asunto de profunda indiferencia para su Creador, y pensando que eso no le puede traer ni pérdida ni ganancia, entonces hemos encallado en una costa muy sombría. Llegamos a una conclusión fatal para toda religión.

Eliú entendía que los hombres clamaban a Dios cuando eran oprimidos porque se sentían afligidos por el poderío de los grandes. Él quería explicar por qué Dios no respondía a los afligidos. Job inicialmente planteó la cuestión. Job había dedicado un discurso entero al tema de la aparente indiferencia de Dios a su súplica (Job 23) y a la súplica de todos los que sufren y son oprimidos (Job 24). Eliú señalaba que los hombres buscan a Dios en su momento de necesidad, pero su búsqueda a menudo no es sincera. No reconocen a Dios como su Hacedor, no reconocen sus consuelos, ni la sabiduría que da. Un alma santa tiene comunión continua con Dios: noche y día y la felicidad es grande. El razonamiento de Eliú es correcto en la mayoría de los casos. La gran causa de la angustia del cristiano, la razón de las profundidades de la pena en la que muchos cristianos se sumergen, es simplemente esta — que mientras están mirando a su alrededor, a su derecha y a su izquierda, para ver cómo pueden escapar a sus problemas, se olvidan de ver hacia las colinas de donde la verdadera ayuda viene; no dicen, ¿Dónde está Dios mi hacedor, quien da cánticos en la noche?

Dios ha dado a los hombres los dones que ha negado a las bestias, razón y religión, sabiduría para conocer a Dios y así mismos, y sus obligaciones para con Dios, y su dependencia a él. Y, por lo tanto, si se volviera propio de ellos yacer como creaturas brutas, que rugen y gimen en sus miserias, sin tomar en cuenta a Dios en forma de oración o alabanza; si lo hacen así, no es de sorprenderse que Dios no los tome en cuenta.

Eliú dijo esto con total conocimiento de que Job se había quejado de que Dios no le respondía. Por lo tanto, Eliú libremente asoció a Job con los hipócritas, orgullosos y malos. Él resumió su áspero enfoque hacia Job. Su idea de que Dios no escuchaba a Job porque lo buscaba con falsedad y vanidad. Él quería que Job viera que Dios ciertamente estaba en lo correcto delante de él, presente en el hecho de la justicia. Si tan solo Job fuera paciente, vería al Dios que afirmaba que se escondía de él.

Como el versículo 15 es bastante oscuro, se nos deja adivinando que significa que Eliú está acusando a Job de malinterpretar completamente la falta de respuesta de Dios como negligencia, cuando en realidad Dios está conteniendo su ira. Job es culpable de menospreciar la paciencia de Dios. Eliú vio que Dios aún no le había respondido a Job, por lo menos no de la manera en que Job esperaba. Por lo tanto, dijo “multiplica palabras sin sabiduría.” La idea era, “Job, si realmente fueras un hombre piadoso, entonces Dios ya te habría respondido. El hecho de que no lo haya hecho muestra tu impiedad.”

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.