En esta sección, Job manifestaba que él era un hombre piadoso y perfecto, por lo menos en una escala humana. Su contexto más amplio era explicar el sentido de injusticia que sentía ante su sufrimiento y humillación, y hacer una defensa final delante de sus amigos que lo acusaban de un pecado especial que lo hacía merecedor de un juicio especial. El capítulo que ahora abrimos respira, casi o completamente a través de un espíritu que pertenece más al Nuevo Testamento que al Antiguo. Es una anticipación práctica de muchas de las enseñanzas que vendrían de Aquel que se “sentó y enseñó” a sus discípulos en el monte. Es la imagen de alguien perfecto y recto, que temía a Dios y se apartaba del mal.

En su defensa de su vida recta, Job inició explicando que él era un hombre moralmente puro que no había mirado a una virgen de manera impura ni inapropiada. Es significativo que en esta larga sección donde Job explica su vida justa, comenzó haciendo notar que cuidaba sus ojos de miradas lujuriosas hacia mujeres jóvenes. Esto sugiere correctamente que la habilidad de un hombre de no tener imágenes lujuriosas es un indicador importante de su rectitud general y perfección. También sugiere que los ojos son un portal para la lujuria, especialmente para los hombres. La habilidad de Job de controlarse a sí mismo estaba conectada con un pacto que hizo. Él hizo un voto, una promesa, un compromiso con sus propios ojos de que no vería a la mujer joven de manera pecaminosa. Cuando Job dice que ha hecho un pacto con sus ojos para abstenerse de la lujuria, no significa que dejó de sentir lujuria totalmente. Lo que significa es que se niega a permanecer en los sentimientos lujuriosos que, como el hombre de sangre roja que es, le llegan de manera muy natural.

Ciertamente, existía un tipo de pornografía en el tiempo de Job; algunas de las imágenes artísticas más antiguas son de mujeres y hombres en temas altamente sexualizados. Un momento para pensar refuerza el claro principio: Solo la desnudez de su propia esposa es galardón de Dios para el hombre; solo su esposa es la heredad del Omnipotente desde las alturas para su excitación visual.

Job también afirmó su vida perfecta porque vivía una vida en esencia verdadera. Él no tenía miedo de ser pesado en balanzas de justicia, y que su vida sea examinada de una manera honesta. Job no tenía miedo de invocar una maldición sobre sí mismo, si él verdaderamente no era un hombre honesto- Estaba dispuesto a ser privado del fruto de su propia labor si era verdad que se le encontraba falto en las balanzas de justicia del juicio de Dios. La siguiente área de integridad que afirmó Job tenía que ver con la fidelidad a su esposa dentro del matrimonio. Él entendía que esto tenía más que solo un aspecto sexual, si no que también incluía al corazón engañado. Estas cosas suceden debido a las decisiones que uno toma, no solo porque han actuado sobre uno con el poder místico o mágico del amor romántico. Más bien, Job insistía en que para él tener su corazón engañado por otro sería maldad, y ciertamente iniquidad que han de castigar los jueces. Él entendía que tenía control sobre a quién le permitía que engañara a su corazón.

Job insistía en que, si había sido infiel en su corazón y en acciones hacia su esposa, entonces se merecería que su esposa le fuera arrebatada y se le diera a otro. Job está tan consciente de su propia inocencia, que está dispuesto a que sea puesta a la máxima prueba; y si se encontrara culpable, que fuera expuesto al castigo más angustiante y humillante, incluso a ese de ser privado de sus bienes, de perder a sus hijos, que su esposa sea hecha esclava, y sometida a todas las indignidades en ese estado. Él también entendía que permitirle a su corazón ser provocado por otra mujer que no sea su esposa traería resultados destructivos. Muchos hombres que están bajo una opresiva pensión alimenticia o pagos de manutención de los hijos porque permitieron a su corazón ser provocado por otra mujer han vivido esta afirmación de Job, y han visto toda su vida destruida. En esto podemos ver que Job fue tentado al adulterio, pero resistió a la tentación.

El fuego del diablo cayó sobre la yesca mojada; y si tocaba a la puerta de Job, probablemente no había nadie en casa que se asomara por la ventana y lo dejara pasar; pues él consideraba el castigo humano y divino, que llegaba como resultado de esta gran maldad. Job continuaba la presentación de su propia rectitud mencionando el trato bueno y compasivo hacia sus siervos. La bondad de un hombre o una mujer es a menudo mejor indicada por cómo tratan a los que consideran inferiores a ellos, no como tratan a sus iguales o a los que consideran superiores a ellos. Una razón por la que Job trataba bien a sus siervos era que él entendía que tendría que responder ante Dios por sus acciones hacia otros, incluyendo a sus siervos. Él entendía que Dios se interesaba por sus siervos y vengaría cualquier mal trato que se les diera. Otra razón por la que Job trataba bien a sus siervos era porque reconocía su humanidad fundamental. Esto era notable y admirable en un tiempo donde era casi universalmente entendido que los siervos y los esclavos eran sub-humanos en comparación con aquellos a los que servían.

Como testimonio adicional a su rectitud, Job insistía en que había sido bueno y amable con los pobres y los desamparados. De la misma manera de antes, Job invocó una maldición sobre sí mismo si era verdad que él no se había interesado por los pobres como afirmaba haberlo hecho. Él sabía que, si hubiera sido cruel y opresivo con los pobres y necesitados, ciertamente merecería castigo, y esto era parte de su motivación para preocuparse de la manera en que lo hacía. La mayoría de las buenas obras que Job presenta como evidencia de su rectitud son cosas simples y ordinarias. Más que cualquiera de estas acciones solas, es la acumulación de ellas lo que es impresionante.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.