Después de toda la catástrofe, toda la aflicción personal, y toda la demostración de compasión por parte de los amigos de Job. Ahora Job comenzará a hablar sobre su situación. Satanás estaba confiado en que conduciría a Job a maldecir contra Dios. Cuando Job comenzó a hablar en su profunda angustia, él maldijo su día– pero ni siquiera estuvo cerca maldecir a Dios. El pensamiento de Job era de alguna manera común entre los antiguos. El historiador Herodoto describió a un antiguo pueblo donde lamentaban los nuevos nacimientos (por los sufrimientos que la nueva vida tendría que soportar) y se regocijaban en las muertes (como la liberación final del sufrimiento de la vida). Este capítulo comienza la batalla en la mente y alma de Job. Él no perderá o sufrirá más de lo que ya ha hecho (aunque su dolor físico continuará). Sin embargo, ahora podemos decir que la batalla entra a un campo totalmente diferente; el campo de la mente y alma de Job. ¿Cómo elegirá pensar sobre su sufrimiento? ¿Cómo elegirá pensar sobre lo que otros piensan sobre su sufrimiento? ¿Cómo elegirá pensar acerca de Dios en todo esto? Estos son las preguntas que tomarán el resto del libro y que pronto llegan a cualquiera que sufra. La catastrófica pérdida en sí solo es un punto de entrada a la agonizante batalla en la mente y alma. Uno de los aspectos más tristes de esta historia es que Job nunca se balancea sobre el borde de la locura, sino que enfrenta toda su prueba con los ojos bien abiertos.

Job dice: Perezca el día en que yo nací: Aquí, en un fino estilo poético hebreo, Job maldijo el día de su muerte. Sin embargo, como si no fuera suficiente, va más atrás y maldice la noche de su concepción. La queja de Job es que hubiera sido mejor si nunca hubiera nacido que soportar su presente catástrofe de aflicción. Esto comienza una sección que es algo así como un diálogo entre Job y sus amigos. Algunas veces un hablante en este diálogo responde lo que el hablante anterior dijo; algunas veces no. Algunas veces los discursos son más emocionales que lógicos. Cuando Job habla, con frecuencia le habla a Dios; sus amigos hablan mucho sobre Dios, pero nunca a Él. Comenzando con Job 3:3, el estilo del lenguaje hablado (y escrito) es poético. Esto significa que debemos tener en cuenta formas retóricas y exageraciones de sentimientos en aquellos que hablan. Así que cuando Job llama a Dios su enemigo, el lector debe recordar que esas palabras son de pasión poética usada analógicamente como lo prueba el contexto total.

Sea aquel día sombrío: Aquí Job está despreciando el día de su nacimiento, y deseando que este día pudiera ser borrado del calendario de la historia. Job no maldice a Dios aquí o en ninguna otra parte del libro de Job; pero aquí hace sus declaraciones más fuertes contra Dios y especialmente contra la sabiduría y el plan de Dios. Así como Dios dijo en Génesis 1:3, ‘Sea la luz,’ así Job, usando la misma terminología en Job 3:4, dijo, ‘sea aquel día sombrío’ (traducción literal). Todo esto es una ridiculez lógica, pero es poesía, y Job quería dar rienda suelta a sus emociones. Podemos decir que maldijo su día, pero no a su Dios, como el diablo deseaba que hiciera. Sin endosar las prácticas de los hechiceros antiguos, Job los llama (los que maldicen el día) a que también pronuncien una maldición sobre el día de su nacimiento. Los que se aprestan para despertar a Leviatán: Esta es la primera mención de esta extraña criatura en la Biblia, pero Leviatán es mencionado prominentemente en un discurso largo que comienza en Job 41:1. Usualmente se considera que Leviatán es un monstruo o dragón que aterrorizaba a los marineros y a los pescadores. En el contexto presente de Job, la idea podría ser que incluso como los marineros y pescadores maldecían al leviatán con todas sus fuerzas, así deseaba Job que el día de su nacimiento fuera maldito. No como si Job justificara esta práctica, si no solamente es un deseo apasionado e impulsivo, que aquellos de los que brotan tantas maldiciones inmerecidamente, otorgaran su merecida maldición sobre este día. La mitología antigua utilizaba el término Leviatán para un monstruo de caos que vivía en el mar, y el mar mismo era una tempestuosa deidad que podía ser incitada profesionalmente. Pero para Job, un estricto monoteísta, esto era simplemente simbolismo vívido.

Leviatán significa “el serpenteante” y también es utilizado en otros lugares interesantes de las Escrituras. El comentador puritano John Trapp evitó la discusión del Leviatán totalmente. “Si yo debiera ir a mostrarle al lector, muchas diversas opiniones de intérpretes, no solo los cansaría, sino que también me arriesgaría a hacerles lo que el vicario de Augsburgh hizo. Al final de su última conferencia dijo, que tanto Job como él mismo estaban muy contentos de poder librarse uno del otro, porque, así como él entendió poco o nada del significado de Job, así Job parecía estar más atormentado con sus narraciones de lo que alguna vez estuvo con sus propias llagas.”

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse