En su antigua confianza, Job sentía que moriría feliz y seguro en su nido, después de una larga y buena vida. Podemos ver el antiguo sentido de bendición y vida abundante que tenía Job. Su antigua vida bendecida hacia su presente crisis mucho más difícil de soportar y aparentemente injusta. Y en mis ramas permanecía el rocío: Una metáfora tomada de un árbol sano creciendo al lado de un riachuelo donde hay mucha agua; el cual como consecuencia florece en todas las temporadas, su hoja no se marchita, ni su fruto se cae. Ver el Salmo 1:3; Jeremías 17:8.

Este hombre se decía a sí mismo: “Bueno, ya he hecho todo lo que pude. Tengo todo lo que deseo para poder jubilarme. Me voy a morir en mi propia casa. Así como la arena, multiplicaré mis días. Voy a vivir hasta una edad madura”. Ciertamente él pensaba que ya había logrado todo. Tenía una hermosa familia y gozaba de buena salud. Realmente, uno no puede imaginar algo que Job no tuviera. Luego, en los versículos 21 al 23, continuó diciendo: Los que me escuchaban, esperaban callados mi consejo; tras mi palabra no replicaban, pues mi razón destilaba sobre ellos. Me esperaban como a la lluvia; abrían su boca como a la lluvia tardía. En otras palabras, todo el grupo buscaba su consejo. Antes de tomar alguna decisión se ponían en contacto con él para oír su consejo. El gobernador de la provincia y la “Corte Suprema” discutían los asuntos con Job antes de tomar una decisión. Job una vez más recordaba cuán grandemente era respetado y estimado en la comunidad.

Era un hombre honrado por sus sabias palabras. Incluso si Job se reía con ellos, ellos no lo creían. Era tan aceptable para ellos verlo complacido con ellos, que apenas y podían creer que eso era posible. Calificaba yo el camino de ellos, y me sentaba entre ellos como el jefe: Esto resalta el tremendo contraste entre la anterior estima que Job gozaba y la terrible crítica que había soportado de sus amigos. Hubo un tiempo donde nadie hubiera criticado a Job de la manera en que lo hacían sus amigos.

Job es también un tremendo ejemplo de cómo un hombre rico y poderoso debería vivir su vida, no en auto indulgencia, sino con cuidado y preocupación por los menos afortunados. “¡Noble Job! Véanlo, ustedes nobles de la tierra, ustedes tenientes de condados, y ustedes señores de provincias. ¡Vean a Job! Imiten su activa benevolencia, y sean sanos y felices. Sean ángeles guardianes en sus distritos particulares, bendiciendo a todos con su ejemplo y su generosidad. Envíen sus caballos de caza al arado, sus gallos de pelea al muladar; y finalmente vivan como hombres y cristianos.

Job ocupaba el lugar más prominente en esa época de su vida, era como el protector de su comunidad. Él disfrutaba del honor, la abundancia y la influencia. Él era un plutócrata, un magnate con mucha influencia. Él era el hombre ideal, el objetivo hacia el cual la humanidad está dirigiéndose en la actualidad. Él vivía una buena vida. Él sabía lo que era tener realmente una vida abundante.

Pero él tenía una felicidad ilusoria. Era uno de esos mundos como los que conocemos en las historias o cuentos de hadas. Estaba como en el mundo en el que habitaba la Cenicienta; y cuando el reloj marcara la medianoche; su carroza se convertiría en una calabaza. Él tenía una seguridad falsa. Recordemos lo que dijo en el capítulo 3:25, 26, “Porque me ha venido aquello que me espantaba, me ha acontecido lo que yo temí. ¡No he tenido paz, tranquilidad ni reposo, sino solo turbación!” Fue como si una bomba cayera sobre su hogar. Él había temido algo como aquello. O sea que, él temía que toda esta abundancia material desapareciera y le fuera arrebatada en un momento, y así fue. No le quedó nada en que apoyarse ahora. Ni siquiera sus propios amigos amortiguaron su caída. En realidad, le hicieron caer con gran estrépito.

Y este hombre aquí estaba presentando su propia justicia. Escuchemos otra vez lo que dijo en el versículo 14: “Iba yo vestido de justicia, cubierto con ella; como manto y diadema era mi rectitud”. Aquí en este capítulo él habló en primera persona o se refirió a sí mismo más de 50 veces. No hizo ninguna confesión, ni vemos ninguna admisión de fracaso. No vemos en Job nada que se parezca a un espíritu arrepentido o quebrantado.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.