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Elifaz no se impresionó por la elocuente dependencia de Job en Dios expresada en los capítulos anteriores. Él respondió a Job con una aguda reprensión, acusándolo de vana sabiduría, de palabras inútiles, y de disipar el temor. Conforme Job se vuelve más vehemente, sus amigos se vuelven más severos. Al principio Elifaz fue gentil y cortés. Ahora su cortesía disminuye, acusa a Job sin rodeos de locura e impiedad. En sus líneas iniciales Elifaz acusó a Job de eructar un aire caliente de palabras inútiles. Elifaz se ha vuelto más rudo. Los discursos de Job son una excreción de ventosidades del estómago. Elifaz buscaba hacer desistir a Job de su autodefensa. “No está ayudando en nada Job. No te estamos escuchando. No nos estás persuadiendo.”

Elifaz estaba equivocado en su juicio sobre Job; pues Elifaz no podía ver la vida de oración secreta de Job, él era un hombre de piedad y oración como lo demuestra Job 1. Aun así, ciertamente algunas personas menoscaban la oración delante de Dios. Elifaz insistía en que Job también se estaba condenando más a sí mismo cada vez que hablaba. Esto es porque desde la perspectiva de los amigos de Job, las únicas palabras que Job debe hablar son palabras de humilde arrepentimiento por el pecado que lo puso en ese lugar.

Elifaz discutía sobre líneas similares a las que Dios hizo después con Job en los capítulos 38 y 39. Ambos apelaron a Job a considerar que no sabía tanto como creía. Sin embargo, lo que Elifaz creía que Job no sabía era totalmente diferente de lo que Dios sabía que Job no sabía. Job no podía afirmar haber nacido primero que Adán, tampoco podía afirmar haber sido formado antes que los collados, o afirmar que había escuchado oíste tú el secreto de Dios. Sin embargo, Job podía ciertamente afirmar saber más que lo que sabían sus amigos en esta situación. Ellos “sabían” que Job era un pecador particular y de mala fama que necesitaba arrepentirse; Job sabía que no lo era, y que debía haber otras razones para su crisis.

Es importante recordar que Elifaz consideraba que las consolaciones de Dios eran el consejo de él y sus amigos. Él asumió que, si Job rechazaba su consejo, estaba rechazando también las consolaciones de Dios. Por lo tanto, pensaba que Job había vuelto su espíritu contra Dios. Independientemente de qué tan equivocado podía estar Elifaz en cuanto a Job y en cuanto a él, sus comentarios eran enormemente injustos – aun así, muchos de ellos son correctos en sí mismos, y útilmente podían ser aplicados a nuestros propios corazones. Puesto que Elifaz, en este versículo, no enseña doctrina alguna, sino que solo hace dos preguntas, no puede desviarnos; sino que puede hacernos un buen servicio.

Qué cosa es el hombre para que sea limpio: Job y sus amigos ya habían discutido sobre este punto, con Zofar (entre otros) acusando a Job de afirmar ser puro y limpio (Job 11:4). Las propias admisiones de pecado de Job no sirvieron de nada para persuadir a sus amigos de que no solo sí era un pecador en un sentido general, sino que también debía ser uno en un sentido particular y perverso. Elifaz parece tener a los ángeles en mente con la referencia a los santos en Job 15:15. Si Dios en sus santos no confía, entonces es totalmente lógico que tenga aún menos confianza en el hombre, que bebe la iniquidad como agua.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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