Baruc era el asociado de más largo tiempo y confianza de Jeremías, era el hombre que escribía por el profeta. Jeremías y Baruc fueron ambos llevados a Egipto en contra de su voluntad. El fue el único hombre del antiguo testamento de quien tenemos sus huellas dactilares. En 1975 un grupo de arqueólogos compró algunos documentos de arcilla grabados de un vendedor de antigüedades árabe. Los arqueólogos no descifraron las marcas – que eran las marcas del mundo antiguo – Hasta 1986. Cuando lo hicieron, descubrieron que una de ellas llevaba el sello de Baruc hijo de Nerías. Desde entonces, otros documentos han sido descubiertos que llevan no solo el sello de Baruc, sino también su huella dactilar, muy probablemente la huella del escriba mismo. El orden cronológico no era de importancia para la persona que organizo el libro de Jeremías. El capítulo anterior en esta sección lidia con el tiempo después de la caída de Jerusalén y Judá. Este capítulo lidia con un tiempo muchos años antes de la catástrofe, algo como un recuerdo en una película o en una novela. Es por eso que cronológicamente este pasaje está fuera de orden, y se supone que iría después del 36:8.

Baruc ciertamente sufrió mucho por su fidelidad a Dios y a Jeremías, y él por lo tanto pudo llegar a sentir que Dios de alguna manera podía ser culpado por su dolor y tristeza. Él había llorado por la desolación que venía sobre su país, y ahora él llora por los peligros a los que siente que su propia vida es expuesta; porque encontramos, en Jeremías 36:26, que el rey había dado órdenes de apresar tanto a Baruc como a Jeremías, en orden de que fueran asesinados por instancia de los nobles. Dios escuchó y respondió a las acusaciones de Baruc de incredulidad en su contra. El estaba exhausto, probablemente tanto física como espiritualmente, sentía que Dios no lo había bendecido o protegido como él lo había esperado. Esto tiene sentido cuando pensamos en lo que Baruc y Jeremías habían tenido que vivir.

Dios tenía una palabra para su desanimado y exhausto siervo. Dios le habló a Baruc acerca de su gran poder expresado en los juicios. Esto le recordó a Baruc del poder y la autoridad para hacer como Él quería, y también puso algunos de los problemas que Baruc percibía en perspectiva. Aparentemente, parte de la desmotivación y el cansancio de Baruc vienen por buscar grandezas para sí mismo. Él esperaba encontrarse en un lugar mejor y diferente en este punto de su vida en lugar de donde se encontraba ahora. Baruc era un hombre educado, calificado como un secretario, cuyo hermano era un oficial de alto rango bajo Sedequías. Él pudo haber tenido esperanzas de alguna distinción dentro de la nación. Pero cualesquiera que fueran las grandes cosas que buscaba para sí mismo fueron abandonas por su leal apoyo a Jeremías. Dios lo alejó del camino de auto exaltación. Dios quería que él tuviera la mentalidad correcta – no obsesionada o demasiado preocupada acerca de sus propios avances y del éxito percibido. Dios usó esta palabra a Baruc para hablarle a muchos a través de los siglos. Dr. J. Oswald Sanders deseaba un cierto trabajo en una institución cristiana, y él casi presiona a algunos amigos suyos para obtenerla. Pero caminando por el centro de Auckland, Nueva Zelanda, estas palabras llegaron a él con autoridad: ¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques. Consecuentemente, él ya no buscó la posición, sino que después se abrió la posición en el tiempo de Dios. Dios le recordó a Baruc que un día el traería el juicio sobre toda carne. Poder mundial, la popularidad, y el prestigio serían barridos. Esto debería de hacernos que nos preocupáramos menos de las grandezas como la fama y la popularidad. Tenemos la eternidad para lidiar con ellas.

Pablo dijo: Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo (Filipenses 2:3). Podemos decir que Pablo era un hombre ambicioso; Pedro era un hombre ambicioso; incluso que Jesús era un hombre ambicioso. Pero todos ellos eran ambiciosos para la gloria y la fama de Dios. Podemos buscar las grandezas, pero para la grandeza de Dios, siempre recordando Lucas 14:11: Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido. Debemos de aprender de la palabra de Dios para Baruc y en lugar de exaltarnos a nosotros mismos, debemos de exaltar a Jesús.

La promesa de Dios para Baruc era fuerte. Él protegería a Baruc a donde fuere. La figura es la de un soldado apenas escapando con su vida después de haber sido derrotados en batalla. Lo que quedó sin decirsce, era el hecho de que estos dos se ganarían la gratitud de todas las generaciones por lo que se atrevieron a hacer. Irónicamente, el mismo sufrimiento a través del que Baruc pasó debido a su lealtad a Jeremías le ganó honores más allá de los que cualquiera hubiera anticipado. El nombre “Baruc” significa Bendecido y es transliterado en la Septuaginta, Vulgata, y en el Tárgum. Nunca nadie sufrió o hizo algo por la gloria de Dios, que lo hiciera quejarse de un mal negocio. Es obvio que cuando Baruc organizo el pergamino de Jeremías él puso esta profecía justo donde pertenecía. Él atesoró la promesa que Dios le dio. Le recordaba la manera en que Dios le contesto en su desesperación. Así que él la pone ahí al final de su vida para demostrar que Dios había sido fiel a su promesa.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.