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Pedro y Juan fueron comisionados por Jesús y reconocidos por los cristianos primitivos como apóstoles, embajadores especiales de Jesús. Hechos 2: 43 nos dijo que muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Hechos 3 nos dice de un ejemplo específico, uno de muchos. Podemos pensar en al menos tres razones por las cuales Lucas consideró importante compartir la historia de este milagro. Primero, para dar un ejemplo de lo que mencionó en Hechos 2: 43. Segundo, para dar una excusa por contarnos de otro sermón de Pedro. Tercero, para mostrar por qué los primeros cristianos fueron perseguidos, porque eso es a donde guía esta historia hermosa.
Aparentemente, Pedro y Juan no vieron ningún problema en continuar su costumbre judía de orar a ciertas horas del día. Ellos no iban al templo a la hora del sacrificio, sino a la hora de la oración que siguió al sacrificio de la tarde. Ellos sabían que el sistema de sacrificios había sido cumplido con en el sacrificio perfecto que Jesús ofreció en la cruz.
Quizá, esta hora del día, aun en ese entonces, tenía un significado especial para ellos porque era la hora cuando Jesús dijo de la cruz: Consumado es. El historiador judío Josefo describió esta puerta que estaba en el monte del templo; hecha de un fino latón corinto, setenta y cinco pies de altura con enormes puertas dobles, tan hermosa que “excedió grandemente a aquellas que estaban cubiertas con solo plata y oro”. El hombre cojo simplemente quería ser apoyado en la condición en la que estaba. Dios tenía algo mejor en mente; Jesús quería cambiar su condición completamente. Además, el hombre tenía buena razón para creer que pedir limosnas en la puerta la Hermosa podría apoyarlo. Había (y hay) una fuerte tradición de dar limosna (dar a los pobres, especialmente a los mendigos) en el judaísmo, y hacerlo como un acto de justicia.
El hombre debe haber estado feliz y animado cuando Pedro y Juan lo miraron atentamente. La mayoría de las personas que quieren ignorar a los mendigos tienen cuidado de no mirarlos a los ojos. Cuando miraron al cojo con tanta atención, probablemente pensó que iba a recibir un gran regalo.
El hombre cojo recibió mucho más que la donación monetaria con la que hubiera estado satisfecho. Muchos todavía no han llegado al lugar donde realmente esperan recibir algo de Dios. Esto es fe, claro y sencillo, aun si el hombre esperaba menos de lo que Jesús quería dar.
Pedro no tenía dinero, pero sí tenía autoridad de Jesús para sanar a los enfermos (lo que tengo te doy). Pedro sabía cómo se sentía que Dios lo usara para sanar a otros, porque Jesús lo había entrenado en esto. Hay una historia –quizá verdadera– sobre un monje humilde caminando con un cardenal católico romano en un tiempo de la Edad Media cuando la iglesia católica romana estaba en su cenit de poder, prestigio y riqueza. El cardenal señaló a los alrededores opulentos y dijo al monje: Ya no tenemos que decir: No tengo plata ni oro. El monje contestó: Pero tampoco puedes decir: En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
Cuando Pedro y Juan no le dieron dinero, quizá podemos oír al hombre cojo quejarse: No les importo. No me apoyan. Miren el desastre en el que estoy. Pero Pedro y Juan querían algo más que apoyar al hombre en su condición. Querían transformar su vida por el poder de Cristo Jesús resucitado. No es el trabajo de la Iglesia en este mundo simplemente hacer que la condición actual sea más soportable; el trabajo de la Iglesia es liberar aquí en la tierra la obra redentora de Dios por Cristo.
Jesús era de Nazaret, Él era nazareno, y esto se había usado para insultar a Cristo durante su vida en la tierra. Pero ahora Pedro lo ondeaba como si fuera un estandarte. Era una cosa decir: levántate y anda, pero era una cosa mayor tomar con tanta audacia la mano del hombre y levantarlo. En este momento, Pedro recibió el don de fe descrito en 1 Corintios 12: 9, una habilidad sobrenatural de confiar en Dios en una situación particular. Esto no era algo que Pedro hizo por capricho o como un evento promocional; lo hizo bajo la dirección específica del Espíritu Santo. Dios le dio a Pedro la habilidad sobrenatural de confiar en Él para algo completamente fuera de lo común.
Quizá solo los médicos pueden apreciar completamente el significado de estas palabras; son palabras peculiares y técnicas de un médico. La palabra pies traducida solo la usa Lucas, y no aparece en ningún otro lugar. Indica su discriminación entre diferentes partes del talón humano. La palabra tobillo es nuevamente una frase médica que no se encuentra en ningún otro lugar. La palabra “saltando” describe la llegada repentina a la cavidad de algo que estaba fuera de lugar. Esta, entonces, es una descripción médica muy cuidadosa de lo que sucedió en relación con este hombre. En cuanto fue sanado, el hombre anteriormente cojo hizo tres cosas buenas. Primero, se unió con los apóstoles (entró con ellos en el templo). Segundo, empezó inmediatamente a usar lo que Dios le había dado (andando, y saltando). Finalmente, empezó a alabar y a adorar a Dios (alabando a Dios).
Este hombre tenía más de 40 años, y había sido cojo desde su nacimiento. Él era conocido en esta puerta del templo. Por lo tanto, Jesús debe haberlo pasado muchas veces sin sanarlo. Podemos decir que Jesús no lo sanó porque la hora de Dios es tan importante como su voluntad, y fue para la gloria mayor de Dios que Jesús sanara a este hombre desde el cielo a través de sus apóstoles.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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