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Los vientos parecían favorables, así que zarparon de Buenos Puertos. Pero justo pasando Creta, lo vientos se volvieron peligrosos. El euroclidón era un viento temido entre los marineros antiguos por su poder destructivo. Incapaces de navegar con este viento en sus caras, todo lo que pudieron hacer fue dejarse llevar. El esquife era normalmente remolcado detrás del barco, pero era llevado a bordo cuando había mal clima, así que lo recogieron. Cuando dice: con dificultad pudimos recoger el esquife, puede haber sido bastante literal desde la perspectiva de Lucas. El doctor probablemente fue obligado a ayudar tirando las cuerdas.
Esta era una medida normal de emergencia, ayudando a prevenir que la nave fuera destruida en la tormenta. El miedo de estrellarse con la Sirte (un área infame de demolición de barcos frente a la costa de África del norte) los hizo dejarse llevar por el viento y perder la esperanza de navegar en la tormenta. Las últimas dos cosas que hicieron para salvar la nave fue, primero tirar la carga y después el equipo del barco. Pero, aun así, el barco continuó siendo impulsado por el viento durante muchos días. En el mar abierto solo se podía navegar con el sol o las estrellas. Muchos días en esta tormenta provocaron que la tripulación comenzara a sentir desesperación. La gran tempestad los llevo a ciegas al oeste, a través del Mediterráneo. Había 276 personas a bordo, tanto pasajeros como tripulación. Parece que todos habían perdido toda esperanza, y creían que no iban a sobrevivir.
No crean que los marineros ayunaron y buscaron a Dios. Más bien, la falta de comida era probablemente debido a las malas condiciones de alimentos y al mareo. Pablo no pudo resistir (y con toda razón) un momento para decir “te lo dije”. Si hubieran escuchado sus sabios consejos, no estarían en esta situación aparentemente desesperanzadora. Como mensajero de Dios, Pablo esperaba poder dar esperanza a los pasajeros y a la tripulación, pues ya habían renunciado a ella. Su objetivo no era solamente decirles que él había tenido razón, sino darles buenas noticias. Este era un mensaje confuso. La promesa de que no se perdería ninguna vida era difícil de creer si la nave sí se perdería. También eran malas noticias escuchar que el viaje sería una pérdida financiera completa, ya que habían tirado la carga por la borda y también se perdería la nave.
Dios envió un mensajero angelical a Pablo para darle buenas y alentadoras noticias cuando parecía ya no haber esperanza. Esta no fue una aparición directa de Jesús (como en Jerusalén), sino de un ángel. La palabra de Dios llegó a Pablo de diferentes formas en diferentes ocasiones. La presencia angelical era alentadora; esto también lo era. Pablo recordó que él pertenecía a Dios y que servía a Dios. Dios nunca se olvida de aquellos que le pertenecen y le sirven. Eso no significa que todo es sencillo para aquellos que pertenecen y sirven a Dios. La calamidad por la que estaba pasando Pablo es prueba de eso. Pero sí significa que el ojo atento de Dios y su cuidado activo están presentes incluso en ese tipo de calamidad. Pablo necesitaba escuchar “No temas”. Él también tenía miedo en la tormenta (por lo menos una parte del tiempo).
En sus momentos fuertes, Pablo sabía que lograría llegar a Roma porque Dios se lo había prometido. Pero en la tormenta (en este caso era una tormenta literal) era fácil dudar y Pablo necesitaba la seguridad. Pablo le pidió a Dios por la seguridad de todos en el barco. Él ya tenía la promesa de su propia seguridad, pero eso no era suficiente para Pablo. Él trabajó en oración por la seguridad y la bendición de aquellos que estaban con él, creyentes y no creyentes. Se preocupó por ellos y los amó, y trabajó por ellos en oración hasta que Dios le concedió su seguridad. Pablo no podía mantener su esperanza para sí mismo. Tenía que pasarla, tanto a los creyentes a bordo de la nave como a los que todavía no habían creído.
El mensaje de confianza de Pablo para los marinos preocupados en una nave azotada por tormentas, expresa la esencia de lo que significa poner nuestra fe en Dios y en su Palabra. Dios se lo dijo a Pablo (a través de un ángel) y Pablo dijo: “yo confió en Dios”. Pablo no dijo “yo creo en Dios”. Todos los demonios del infierno están de acuerdo con la existencia de Dios. Pablo declaró tener confianza absoluta en que Dios conocía su situación y en Su promesa en su situación. Él confió en Dios cuando no había nada más en que creer. No podía confiar en los marinos, el barco, las velas, el viento, el centurión, el ingenio humano o cualquier otra cosa, solo en Dios. Esta no era una fe que existe solo cuando las cosas van bien; él confió en Dios en medio de la tormenta, cuando las circunstancias estaban en su peor momento.
La firme confianza de Pablo en Dios lo hizo un líder entre los hombres, a pesar de que era un prisionero de Roma. Dar en alguna isla pudiera ser llamado, con justa razón, naufragio. Pablo básicamente dijo: “todos vamos a naufragar en una isla desconocida, pero todos estaremos bien”. Dios no le dijo a Pablo todo lo que iba a suceder. Pablo tuvo que confiar en que Dios sabía en qué isla iban a dar, incluso si Pablo no supiera.
Pastor Carlos Umaña.
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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