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Aparentemente, Pablo prefirió caminar de Troas a Asón en vez de navegar con el resto de su grupo; pero navegó con ellos de Asón a Mileto. Pablo se quedó hasta el último momento posible para asegurarse de la restauración completa de la conciencia y la salud de Eutico, y luego tomo un atajo por tierra para unirse a la nave en Asón.

La intención de Pablo no era menospreciar a la iglesia en Éfeso, pero sabía que sería imposible para él hacer una visita corta ahí, y quería apresurarse por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén.

A pesar de que Pablo sabía que no podía hacer una visita rápida a Éfeso, aún quería derramar su corazón sobre los líderes de la iglesia en Éfeso. Así que, desde Mileto, hizo llamar a los ancianos de la iglesia para que vinieran a una reunión especial.

En la mayor parte del libro de Hechos, vemos a Pablo el evangelista; pero aquí en Hechos 20, se nos da una imagen única de Pablo como pastor, de lo que era importante para él como líder y pastor del pueblo de Dios. Es el único discurso paulino dado a cristianos que Lucas registra, y no es sorprenderte descubrir lo rico que es en paralelo a las cartas paulinas; especialmente, en las últimas cartas.

Pablo primero llama la atención sobre sí mismo como ejemplo. No un ejemplo en vez de Jesús, sino un ejemplo mientras seguía a Jesús. Pablo no actuó como una celebridad religiosa esperando a que la gente le sirviera y le honrara; solo quería servir al Señor con toda humildad. En un patrón similar, cada uno de nosotros podemos ser un buen ejemplo de cómo vivir una vida cristiana. No hay razón para que no lo podamos ser. Incluso el joven y nuevo cristiano puede ser un buen ejemplo de cómo un nuevo cristiano debe seguir a Jesús.

Pablo podía solemnemente asegurar ante los ancianos de la iglesia de Éfeso que nada que fuese útil he rehuido. Él no enseñó solamente los temas que le agradaban. Él lo anunció todo.

Si Pablo no limitó su mensaje, tampoco limitó su audiencia. Él quería predicar toda la palabra de Dios a todas las personas.

Públicamente y por las casas: Esto quiere decir que la Iglesia de Éfeso, careciendo de un edificio principal, estaba organizada lógicamente en casas- iglesias. Probablemente, cada anciano tenía una o más a su cargo. Estos eran más como pastores de una casa-iglesia que lo que imaginamos hoy en día como un consejo de ancianos que presiden en una congregación grande.

Pablo no sabía lo que le esperaba; incluso tenía razones para creer que era algo malo. Pero eso no lo perturbaba. Él podía darlo todo para Dios, incluso cuando no sabía lo que iba a pasar. Siempre debería haber más cristianos que digan: “pero de ninguna cosa hago caso”. La incertidumbre no conmovió a Pablo. A pesar de que estaba “sin saber lo que allá me ha de acontecer”, él no sería desviado de su causa. Pablo podía cantar este Salmo desde su corazón: A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido.

Pablo reconoció el peligroso camino que tenía por delante; aparentemente ya había recibido muchas palabras de profecía diciéndole sobre este peligro. Sin embargo, no se dejaba intimidar por el peligro, sino que estaba dispuesto a dar su vida por el evangelio de la gracia de Dios. Pablo se consideraba a sí mismo como un contador, considerando cuidadosamente los créditos y el costo; y al final, no estima preciosa su vida para sí mismo, comparada con su Dios y cómo puede servirle.  También se consideraba a sí mismo como un corredor que tenía una carrera por terminar, y nada podría evitar que Pablo terminara la carrera con gozo. Además, Pablo habla de mi carrera -él tenía su carrera por correr, nosotros tenemos la nuestra- pero Dios nos llama a terminarla con gozo.

Esto muestra que incluso en este punto, Pablo tenía en mente su muerte. Pasarían muchos años antes de que muriera, pero él consideraba que lo que hacía en el presente con su vida era algo por lo que valía la pena morir. Este es un desafío digno para cualquier predicador: ¿Vale la pena morir por el evangelio por el que predicas?

En aquel tiempo, solía existir un evangelio en el mundo que consistía en hechos que los cristianos nunca cuestionaron. Había una vez en la iglesia un evangelio que los creyentes aceptaban en sus corazones como si fuera la vida de sus almas. Existía un evangelio en el mundo que provocaba entusiasmo y exigía sacrificio. Decenas de miles se han congregado para oír este evangelio arriesgando sus vidas. Hombres lo han proclamado a pesar de las persecuciones de los tiranos, y lo han perdido todo, y han ido a prisión y a la muerte por este evangelio, cantando salmos en todo momento. ¿Ya no existe ese evangelio?

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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