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Estas son palabras fuertes, pero a menudo subestimamos la naturaleza terrible de nuestra incredulidad. Negarse a creerle a Dios es un pecado serio porque muestra un corazón malo y apartado del Dios vivo. Uno puede realmente creerle a Dios, y sin embargo ser ocasionalmente aquejado por las dudas. Existe una duda que quiere las promesas de Dios, pero es débil en la fe por el momento. La incredulidad no es debilidad de fe; sino que se pone en oposición a la fe.

El gran pecado de no creer en el Señor Jesucristo a menudo se habla de manera muy leve y con espíritu muy insignificante, como si no fuera un pecado en absoluto; sin embargo, de acuerdo con el texto y, de hecho, de acuerdo con todo el tenor de las Escrituras, la incredulidad es hacer de Dios un mentiroso, y ¿qué puede ser peor? Si tú has dicho: “no puedo creer”, sería más honesto si dijeras: “no creeré”. Ahí radica el mal. Tu incredulidad es tu culpa, no tu desgracia. Es una enfermedad, pero también un crimen: es una fuente terrible de miseria para ti, pero es merecida, porque es una ofensa atroz contra el Dios de la verdad.

Dios vivo: Este título divino es de suprema significancia y muestra que el carácter de Dios es el mismo para los creyentes que para todos los demás.
Si vamos a fortalecer nuestra fe y a evitar la ruina de la incredulidad, debemos rodearnos con otros cristianos que nos exhorten, es decir, que nos alienten seriamente. Esto muestra nuestra responsabilidad de dar exhortación y de recibir exhortación, y de exhortaos los unos a los otros cada día. Es fácil juzgar y criticar, pero eso no es exhortación.

Algunos piensan que la orden de Jesús de no molestarse con la paja en el ojo de nuestro hermano cuando tenemos una viga en nuestro propio ojo indica que no debemos exhortaos los unos a los otros cada día. Sin embargo, Jesús nos dijo que primero nos ocupemos de la viga en nuestro ojo, pero luego tratáramos con la paja en el ojo de nuestro hermano. No nos dijo que ignoráramos la paja, solo que tratemos con ello en el orden correcto. Este énfasis en la importancia de la comunión es todo lo contrario a la forma de pensar de la sociedad. Una encuesta en los Estados Unidos mostró que más del 78% del público general y 70% de la gente que va a la iglesia cree que puedes ser un buen cristiano sin ir a la iglesia. Debemos velar por los hermanos, exhortarnos unos a otros diariamente, especialmente los que somos oficiales de la iglesia, o ancianos y tenemos experiencia. Estemos atentos para que ninguno de los hermanos en la iglesia retroceda gradualmente, o para que ninguno de la congregación se endurezca en una condición de incredulidad establecida y perezca en su pecado. El que te pide que te cuides a ti mismo, no quiere que te establezcas en un cuidado egoísta solo de ti mismo, no sea que te vuelvas como Caín, que se atrevió a decirle al Señor mismo: ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?

Los creyentes – aquellos que se apartan del pecado y de sí mismos y ponen su confianza en Jesús – son llamados participantes de Cristo. Y esta es la imagen completa. Participantes de su obediencia, participantes de su sufrimiento, participantes de su muerte, participantes de su resurrección, participantes de su victoria, participantes de su plan, participantes de su poder, participantes de su ministerio de intercesión, participantes de su obra, participantes de su gloria, participantes de su destino. Decir “Participantes de Cristo” lo dice todo. A menudo decimos que nuestros corazones han sido endurecidos por otros o por las circunstancias. Pero la verdad es que nosotros endurecemos nuestros propios corazones en respuesta a lo que nos pasa.

Como nación, Israel tuvo un buen comienzo. Después de todo ¡se requirió mucha fe para cruzar el mar rojo! Sin embargo, todos los de la primera generación perecieron en el desierto, excepto por dos hombres de la fe: Josué y Caleb. 11 veces en hebreos capítulos 3 y 4, se habla de entrar al reposo. Ese reposo será detallado a profundidad en el siguiente capítulo. Pero aquí es revelada la clave para entrar a ese reposo: Creer. Uno pudiera ser tentado a pensar que la clave para entrar a su reposo es la obediencia, especialmente por el verso 18. Pero la desobediencia que se menciona en este verso es un producto de la incredulidad mencionada en el verso 19. La incredulidad vino primero, después la desobediencia. Fue la incredulidad y nada más lo que los mantuvo fuera de Canaán.

En el contexto del Nuevo Testamento, nuestra fe se centra en la superioridad de Jesucristo, la verdad sobre quién es Él (completamente Dios y completamente hombre) y su obra expiatoria por nosotros como fiel sumo sacerdote. Cuando confiamos en estas cosas, haciéndolas el “alimento” para nuestras almas, entramos al reposo de Dios. El gran fracaso de Israel fue no perseverar en la fe. Después de haber cruzado buena parte del desierto confiando en Dios, y después de haber visto tantas razones para confiar en Él, terminaron fracasando porque no perseveraron en la fe en Dios y en Su promesa. Si entramos en el reposo de Dios, los años venideros solo aumentarán nuestra confianza y dependencia en Jesús. Si por incredulidad no logramos entrar, entonces los años venideros solo nos alejarán gradualmente de una relación apasionada y de confianza con Jesús.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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