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Del capítulo anterior, se nos ha dado la imagen de Jesús como nuestro sumo sacerdote celestial. Ya que esto es verdad, nos enseña algo sobre quiénes somos nosotros. Entender quiénes somos a la luz de quién es Jesús y lo que ha hecho por nosotros es esencial para una vida cristiana saludable. Nos guarda de las profundidades del desaliento que enfrentaron los cristianos hebreos. Porque nuestro sumo sacerdote santo y celestial no se avergüenza de llamarnos hermanos. Nos debe animar y hacer sentir bendecidos que Jesús nos llama sus hermanos. Debido a que Jesús está comprometido a llevar muchos hijos a la gloria, somos sus compañeros en su llamado celestial. Esto debería ser de bendición y animarnos a seguir adelante, incluso durante pruebas y tiempos difíciles.

La palabra griega antigua para apóstol en realidad significa algo así como embajador. En este sentido, Jesús es el mayor embajador del Padre. Dios el Padre tuvo que enviar un mensaje de amor tan importante, que lo envió a través de Cristo Jesús. La palabra griega antigua traducida considerad es katanoein. No significa simplemente mirar o notar algo. Cualquiera puede mirar o notar una cosa sin verla realmente. La palabra significa fijar la mirada en algo de tal manera que se pueda aprender su significado interno y la lección que está diseñada para enseñar. Este mensaje es bastante claro: considerad esto. Considerad que Dios te ama tanto que envió al máximo mensajero, Cristo Jesús. Considerad también lo importante que es que presten atención al máximo apóstol de Dios, Cristo. Jesús es el embajador y el mediador de nuestra profesión. El cristianismo es una profesión hecha tanto con la boca como con la vida. La palabra “profesión” significa “decir lo mismo”. Cuando confesamos nuestro pecado, “decimos lo mismo” que Dios dice de él. Con respecto a la salvación, todos los cristianos “dicen lo mismo” de su necesidad de salvación y la provisión de Dios en Jesús.

Cuando consideramos la fidelidad pasada de Jesús, nos hace entender que Él continuará siendo fiel. Y así como le fue fiel al Padre, así nos será fiel a nosotros. ¡Esto debería animarnos y bendecirnos! Moisés mostró una fidelidad increíble durante su ministerio; pero Jesús mostró una fidelidad perfecta, sobrepasando incluso la de Moisés. Pero Jesús recibió mayor gloria del Padre, en su bautismo, en su transfiguración y en su resurrección.  Moisés era un miembro de la familia de Dios, pero Jesús es el creador de la casa, digno de mayor gloria. Según Morris, los antiguos rabinos consideraban a Moisés el mejor hombre que ha existido, incluso mejor que los ángeles. El autor de hebreos no hace nada para criticar a Moisés, solo busca exaltar a Jesús apropiadamente. Moisés fue un siervo fiel, pero nunca fue llamado hijo de la manera en que Jesús lo es. Nosotros somos parte de la familia de Jesús si nos mantenemos firmes. El escritor a los hebreos estaba animando a aquellos que se sentían con ganas de volver atrás, ayudándoles a retenerse firmes al explicarles los beneficios de seguir perseverando. El verdadero compromiso con Jesús se demuestra a largo plazo, no solo en un estallido inicial. Confiamos en que el que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.

El Espíritu de Dios, hablando a través de su Palabra, nos dijo que Jesús el Mesías es mayor que Moisés. Esta verdad debe llevar a alguien a tomar acción, y ahora el escritor de hebreos animará esas acciones. Si aquellos que siguieron a Moisés tenían la responsabilidad de entregarse, confiar y perseverar en seguir al líder de Dios, somos mucho más responsables de hacer lo mismo con un líder mayor, Jesús el Mesías. El punto es claro. Cuando el Espíritu Santo habla, debemos escuchar su voz y no permitir que nuestros corazones se endurezcan. Escuchamos al Espíritu hablar en las Escrituras, en los corazones de su pueblo, en aquellos que llama a la salvación, y por sus obras. Hay urgencia en la voz del Espíritu Santo. Él nunca nos pide que estemos bien con Dios mañana, o que confiemos en el ayer; el Espíritu Santo solo nos mueve a actuar hoy. Sabemos que el Espíritu Santo realmente quiere que vayamos a Jesús porque nos dice: “hoy”. Si alguien me invita a su casa a cenar, pero no me dice qué día o hora, sé que no es una invitación firme. Pero cuando me dicen: “Ven a tal fecha y hora”, sé que es una invitación firme, que quieren que vaya y que están listos para mi venida. El Espíritu Santo te da un día para su invitación: hoy.

El día de la tentación se refiere primero a la prueba de Meriba. Pero en general, habla de la negativa de Israel de confiar y entrar a la tierra prometida durante el Éxodo. Dios no aceptó su incredulidad y condenó a esa generación incrédula a morir en el desierto. Esto solo tiene sentido porque hay cierta continuidad en la obra de Dios entre su pueblo a través de los siglos. Podemos aprender de los errores del pueblo antiguo de Dios.  Debido a su incredulidad, el pueblo de Israel enfrentó un juicio que terminó después de cuarenta años. Esta advertencia en hebreos fue escrita unos cuarenta años después del rechazo inicial de Jesús por parte de los judíos. La ira de Dios se acercaba rápidamente sobre los judíos que rechazaron a Jesús, y culminaría con la destrucción romana de Jerusalén. Ellos se negaron a confiar en Dios y en las cosas que Él había prometido, y no quisieron persistir en confianza. Por lo tanto, no pudieron entrar en el reposo que Dios había designado para ellos, la tierra de Canaán.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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