Habacuc ha elevado dos preguntas importantes hacia Dios, y él realiza ambas con una gran actitud. Él anticipa una respuesta de Dios y está dispuesto a estar de guarda – esto es, esperar la respuesta. A menudo, cuando cuestionamos a Dios no esperamos que Él conteste, pero Habacuc sí. Otras ocasiones, no solamente esperamos que Dios conteste, pero demandamos que Él conteste, y que conteste de acuerdo a nuestro itinerario. Habacuc le da el enfoque con una actitud correcta. ¡Que tan seguido llegan las respuestas de Dios cuando ya no estamos! Hemos esperado por un rato, y, al pensar que no hubo respuesta, nos hemos ido por nuestro lado, pero al dar vuelta en la primera esquina el mensaje ha llegado. Los barcos de Dios tocan nuestros muelles; pero no hay nadie para descargarlos. No es suficiente el dirigir tu oración hacia Dios; mira hacia arriba, y mira hacia afuera, hasta que la bendición se aparezca sobre tu cabeza. La actitud de Habacuc también es correcta por qué él espera que Dios le corrija. De esto vemos que Habacuc no le hizo a Dios esta pregunta debido a que Él pensaba que Dios estaba equivocado y que debía rendirle cuantas. Él preguntó porque sabía que él estaba equivocado y necesitaba ser corregido. Sus preguntas eran su invitación para decir a Dios, “Dios, no entiendo lo que estás haciendo, pero sé que estás en lo correcto en todas las cosas. Por favor háblame y corrígeme.”

Dios le dice a Habacuc que registre esta “pregunta y respuesta” para el beneficio de otros – para que corra el que leyere en ella. La revelación de Habacuc no era únicamente para sí mismo, sino para edificar a otros. Aquellos que la lean harían un progreso rápido (para que corra), pero no podrían hacer este progreso si Habacuc no la hubiera declarado en tablas. Habacuc primero debía de ver la visión. El predicador no puede hacer que otros vean lo que él no ha visto para sí mismo. Habacuc luego debía de darla a conocer. El predicador debe hacer lo que puede para hacer que la palabra de Dios sea conocida, y darla a conocer de todas las maneras posibles. Habacuc tuvo que dejarlo en claro. Spurgeon dijo: Algunas ocasiones he pensado que ciertos ministros se imaginan que es su deber el hacer el mensaje más elaborado, el ir hacia el fondo del tema, y el agitar toda la tierra que puedan hallar allí, hasta que no fuera posible el verlos, y ni que ellos pudieran ver su propio camino. Ellos les dicen a las personas todas las dificultades que han descubierto en la Biblia, – dificultades las cuales la mayoría de los oyentes jamás hubieran escuchado a menos que sus ministros se las hubieran dicho. Habacuc se preguntaba porque Babilonia – una nación aún más pecaminosa que Judá – sería usada para traer juicio hacia Judá. Al contestarle al profeta, Dios primero le asegura que Él ve a los orgullosos, y sabe que su alma no es recta. Si hay un pecado que sea universal, es este. ¿Dónde no ha de hallarse? Cazado entre los más grandes y más nobles en el mundo, allí lo encontrarás; y luego ve a buscarlo entre los más pobres y los más miserables, y allí lo hallarás. Puede haber tanto orgullo dentro de los harapos del pordiosero como en la túnica del príncipe; y una ramera puedes ser tan orgullosa como una modelo de castidad. El orgullo es una criatura extraña; nunca se opone a quien le da alojamiento. Viviría lo suficientemente cómodo en un palacio, y viviría de manera equitativa, con descanso, en un cuchitril. ¿Habrá algún hombre en cuyo corazón el orgullo no este al acecho?

El orgullo puede ser especialmente peligroso entre el pueblo de Dios. El hombre orgulloso parecerá ser humilde, cuando en realidad no lo es, si él tiene la sospecha que todo en cuanto a él le será de su desagrado si ellos supieran que él es orgulloso. Pero Dios no puede soportar el orgullo; es parte de su negocio habitual el humillar a los orgullosos. Esta corta declaración del profeta Habacuc es una de las declaraciones más importantes, más citadas del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento. Pablo la utilizó para mostrar que el justo vive por fe, no por la ley. Antes de su audaz declaración de la verdad del evangelio, Martín Lutero era un monje Agustino. Siendo monje él fue en un peregrinaje hacia Roma y mientras cruzaba los Alpes él se sintió enfermo hasta morir. Mientras él estaba recostado y enfermo él sintió una gran confusión, tanto física como espiritualmente, y un versículo que justo le acababa de tocar le vino a la mente: Más el justo por su fe vivirá, de Habacuc 2:4. Cuando Lutero se recuperó, él fue a Roma e hizo las cosas de turista que hacían todos los peregrinos. Un día llegó al templo de San Juan de Letrán, donde había una escalera de la cual se decía que era del pretorio de Pilato. Era la costumbre de los peregrinos el subir estas escaleras, pero nunca a pie – ellos, de manera dolorosa, subían cada escalón de rodillas, diciendo las oraciones y besando los escalones donde se pensaba que había caído la sangre de Jesús. Lutero llegó a este lugar y comenzó a hacer justamente lo que hacían todos los peregrinos, porque el papa prometió una indulgencia a todos los que subieran las escaleras de rodillas y dijeran las oraciones. Mientras hacía esto, Lutero recordó las palabras de Habacuc: Más el justo por su fe vivirá. Se dice que cuando él recordó esto, se detuvo, se levantó, bajó y se fue directo a su casa en Alemania. Algunos dicen que la Reforma comenzó en esas escaleras.

Por cuanto tú has despojado a muchas naciones, todos los otros pueblos te despojarán: Aquí, Dios le asegura a Habacuc que Él sabe cómo tratar con naciones como Babilonia. Él promete que los Babilonios que han despojado a muchas naciones, en algún día otros les han de despojar. Los Babilonios fueron un ejemplo perfecto de los orgullosos que se pusieron a sí mismos en contra de aquellos declarados justos por fe – y Habacuc podría tomar consuelo en el hecho de que Dios trataría con ellos.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.