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Durante casi tres medios siglos este peregrino curtido por las inclemencias del tiempo había podido mantenerse erguido en medio de las innumerables vicisitudes de la vida. Fuerte, saludable, vigoroso y activo también, parece haber sido hasta ahora, a pesar de la carrera peculiarmente difícil y accidentada por la que había pasado. Pero mientras tanto, los años rodantes, mientras se deslizaban suavemente, lo habían tocado con sus dedos invisibles y dejado en él sus imborrables impresiones, relajando imperceptible pero seguramente sus músculos acordonados, blanqueando y disminuyendo sus mechones varoniles, aflojando sus articulaciones, haciendo su paso menos ágil y firme, y generalmente drenando su fuerza. Y ahora, por fin, había llegado a donde todos los hombres, tarde o temprano, deben llegar, si es que tienen un lecho de muerte, no importa cuán brillantes puedan ser sus ojos, o que buen aspecto tenga su semblante, o cuán robusto su cuerpo o cuán fornidas son sus fuerzas, a ese período de enfermedad que precede a la disolución.
Un mensajero enviado desde Gosén llevó la noticia al palacio virreinal de la gran metrópolis, y José, su amado hijo, acompañado de sus dos hijos, Efraín y Manasés, descendieron de inmediato para expresar su simpatía y prestar su ayuda. No a muchos se les concede, en este mundo de separaciones y duelos, tener a toda su familia a su alrededor cuando exhalan su último aliento, o incluso tener su José, poner sus manos sobre los párpados hundidos y cerrarlos suavemente en el sueño de la muerte. ¡Venerable peregrino! Muy afligido en tus años maduros, fuiste grandemente consolado en tus últimos días.
Luz era otro nombre para Betel, donde Jacob conoció a Dios. Jacob recordaba vívidamente ese encuentro excepcional con el Señor. La manera de expresarse Jacob es un recordatorio exacto de las promesas que Dios hizo a Abraham en Génesis 17. Abraham tuvo la precaución de pasar las palabras exactas de la alianza de Dios con él a los herederos de la alianza, porque las palabras exactas de Dios eran importantes.
Rubén y Simeón fueron el primero y el segundo de los hijos que nacieron de Israel. Jacob recibe a los dos hijos de José como adoptados en la familia al más alto nivel (como si fueran el primer y segundo hijo). Y, tal vez, son “reemplazos” de Rubén y Simeón, que se encontraban en cierto sentido descalificados de la posición de liderazgo en la familia de Israel a causa de su pecado. Al adoptar Jacob a Manasés y Efraín se explica la razón por la que hay 12 tribus que a menudo figuran de forma diferente. A causa de esta adopción, en realidad hay 13 hijos de Israel. Nacieron 12, pero José se dividió en dos tribus. Así que, a medida que se enumeran las tribus a través del Antiguo Testamento se pueden organizar de manera diferente y aún permanecen 12 tribus. Hay más de 20 formas diferentes de enumerar las tribus en el Antiguo Testamento.
El número 12 a menudo se asocia con el gobierno o la administración ante los ojos de Dios. Hay 12 tribus, 12 apóstoles, 12 príncipes de Ismael, de 12 pilares era el altar de Moisés, había 12 piedras en el pectoral del sumo sacerdote, 12 tortas de pan de la proposición, 12 bandejas de plata, 12 copas de plata y 12 cacerolas de oro para el servicio del tabernáculo, 12 espías para investigar la tierra, 12 piedras conmemorativas, 12 gobernadores bajo Salomón, 12 piedras en el altar de Elías, 12 en cada grupo de músicos y cantantes para el culto de Israel, 12 horas en un día, 12 meses en un año, 12 hombres de Éfeso llenos del Espíritu Santo, 12.000 de las 12 tribus sellados y preservados a través de la tribulación, el cielo tiene 12 puertas de 12 perlas y 12 ángeles en las puertas, la Nueva Jerusalén tiene 12 bases, cada una con los nombres de los 12 apóstoles del Cordero , su longitud, anchura y altura son de 12.000 estadios y el árbol de la vida en el cielo tiene 12 frutos. El número 12 es especial para Dios.
Con persistente dolor, Israel recordó la trágica muerte de su amada esposa Rebeca cuando nació su hijo Benjamín. El entierro de Raquel es descrito en Génesis 35. Pidiendo que traigan a sus nietos junto a su cama, los abraza tiernamente y los besa con todo el cariño de un anciano, al mismo tiempo que les da gracias especiales a Elohim por su sobreabundante misericordia al permitirle ver a los hijos de José, y a la descendencia de su amada Raquel.
Recordemos que los nombres de los hijos de José son Manasés (el primogénito) y Efraín (el más joven). El nombre de Manasés significa “olvido”, y el nombre de Efraín “fructificación”. José vivió su vida como un alto funcionario de Egipto durante muchos años y no tuvo contacto con su padre durante ese tiempo. Sin embargo, no había disminuido el respeto que tenía hacia su padre.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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