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Tenemos razones para creer que los hermanos fueron a Egipto por grano en el primer año de la hambruna. José sabía que esto duraría siete años, pero sus hermanos no. Ellos, probablemente, pensaron que esto era un mal año; pero el segundo año de hambre vendría rápidamente. Jacob, tal vez, pensaba que tenía lo suficiente como para salir de apuros y nunca más tendrían que regresar con Benjamín y tampoco tendrían que regresar por Simeón. Pero se les acabó la comida. La necesidad llevó a Jacob a hacer algo que normalmente nunca haría. Podríamos imaginar que Jacob oró fuerte para que se acabara el hambre y le pidió a Dios que enviara ayuda. Podríamos imaginar que Jacob se enojó y se amargó contra Dios por no responder esas oraciones. Pero Dios sabía lo que estaba haciendo y tenía algo mucho mejor para Jacob.
Judá continuó mostrando algo de liderazgo entre sus hermanos. Él no sabía que el hombre era su hermano José, pero recordó que era una persona fuerte e, incluso, temible. Él dijo: “no verán mi rostro” si no traen a Benjamín con ustedes. Jacob estaba claramente desesperado. Ellos deben haber discutido esta cuestión cientos de veces antes, pero él la trae nuevamente a colación. Los hermanos le dieron una explicación lógica a su padre. La pregunta del oficial egipcio no era esperada, ellos no pudieron anticiparla. La referencia a Benjamín como un muchacho nos hace preguntarnos qué edad tendría en este tiempo.
Adam Clarke y otros piensan que muchacho aquí se traduce mejor como joven u hombre joven y que Benjamín tenía veintitantos o estaba comenzando los treinta y tenía una familia propia. Judá, puso su propia vida como una garantía para Benjamín. Esta es la primera obra buena que vemos que Judá hace. Previamente, él fue quien propuso la venta de José. También, fue el que perjudicó a su nuera Tamar y tuvo sexo con ella como una ramera. Anteriormente, Satanás pudo haber dirigido su ataque en contra de José porque creía que de él vendría el Mesías. Hasta este momento, Dios no le había revelado quien de los 12 sería. Satanás no solo odiaba a los hijos de Jacob por lo que eran, sino también por lo que Dios quería hacer con ellos. Él dirige el mismo tipo de odio contra los creyentes hoy día, porque considera el destino que Dios tiene para su pueblo.
Quizás Jacob recuerda lo bien que pareció funcionar cuando le dio una lluvia de regalos a Esaú. Ellos tomaron el doble del dinero y fueron a Egipto para comprar grano y el favor del líder egipcio. El doble del dinero que los diez hermanos llevaron a Egipto eran 20 unidades. Esto responde exactamente a las 20 piezas de plata por las que vendieron a José. Las palabras traducidas como “plata” y “dinero” son las mismas.
Que el Dios omnipotente haga que ese hombre tenga misericordia de vosotros: Era bueno para Jacob decir y creer esto, pero sentimos mucho pesimismo y demasiada poca fe. La fe y el pesimismo no son lo mismo.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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