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Los hermanos de José tenían que hacer el duro e incómodo trabajo de atender a los rebaños errantes de las ovejas de su padre. José se quedaba en casa y dormía en su cama, excepto cuando Jacob lo enviaba a chequear a sus hermanos. No parece extraña esta misión, con la excepción de que los hermanos de José están en Siquem, un lugar donde esta familia fue afectada y perjudicada por influencias mundanas. José está con la túnica de varios colores, con mangas largas y sin trabajar duro. José era el supervisor y sus hermanos los trabajadores. Tomó un poco de persistencia, pero José encontró a sus hermanos en Dotán. Esto era quizás 10 o 15 millas caminando (16 a 24 kilómetros), mayormente al oeste de Siquem. Mucho después en la historia de Israel, Dotán fue donde Eliseo vio un ejército de ángeles a su alrededor, protegiéndolo aun cuando los sirios venían a arrestarlo. Podemos imaginarnos a los hermanos atemorizados ante la llegada de José. Él venía a inspeccionar su trabajo, y no dudaría en reportarle a su padre cualquier cosa que ellos hicieran mal.
Es impactante, y no deberíamos perder nuestro sentido de sorprendernos ante esto. Ellos no conspiraron para burlarse o intimidar un poco a José; ellos conspiraron contra él para matarlo. El pecado estaba en su corazón antes de que fuera efectuado. Nuestros problemas pecaminosos comienzan en el corazón y deben tratarse en el corazón. Nuestro objetivo no es solamente cambiar nuestra conducta, sino permitir que Dios cambie nuestro corazón. La transformación cristiana trabaja desde dentro. No es difícil ver lo imprudente que era José para contar sus sueños en la forma que lo hizo. Solo hizo que sus hermanos lo odiaran. Ellos lo llaman despectivamente el soñador.
El plan para matar a José se desarrolló. Se lo tomaron tan en serio que tramaron la excusa que le darían a su padre, incluso sabiendo como esto devastaría a Jacob. Ellos deciden derrotar los sueños ofensivos de José atacándolo. Sin querer ellos ponen los sueños de José en una última prueba. Si los sueños en realidad eran de Dios, no podían ser vencidos por el odio de sus hermanos. La vida de José realmente no nos dice nada acerca del cumplimiento de los sueños: José nunca soñó con ser esclavo, nunca soñó ser acusado falsamente de violación, nunca soñó ser olvidado en prisión, nunca soñó ser el segundo hombre más poderoso en Egipto, nunca soñó con salvar al mundo de la hambruna. El sueño de Dios para José fue más grande y mejor que cualquier sueño que José hubiera podido imaginar.
Enfocar nuestra vida en los sueños puede ser peligroso, porque hacemos el cumplimiento de los sueños lo más importante —lo hacemos un ídolo. Pensamos que Jesús es el camino para cumplir nuestros sueños; lo convertimos en un actor en nuestra historia. En cambio, queremos jugar nuestro papel en el desarrollo del plan de Dios. La vida de José nos dice mucho acerca de cómo Dios cumple su Palabra. Los hermanos de José estaban determinados a frustrar el cumplimiento de la palabra revelada de Dios. Dios nunca falla a su Palabra: Lo que Dios dijo acerca de José es verdad y ocurriría.
Pensamos de los diez hermanos (dejando un poco fuera a Benjamín), y nos sorprende como todos pudieron ser tan malvados. Pero había uno bueno entre los diez. Ellos querían matar primero a José y después lanzarlo en la cisterna; Rubén sugirió lanzarlo primero en la cisterna, y consiguió que los hermanos estuvieran de acuerdo. Hay algo maravilloso al ver esto de Rubén, porque al principio él hizo algo terrible —tuvo sexo con una de las concubinas de su padre. Rubén no se definiría solo por lo peor que hizo. Los otros hermanos tenían un plan y Rubén tenía su plan. Rubén no trató de detener a sus hermanos; él trató de ser más listo que ellos.
Rubén se podía haber simplemente levantado y dicho: «Esto está mal. ¡No podemos hacer esto!». No lo hizo porque quería hacer lo correcto por José sin rectificar a sus hermanos. Su deseo de ser amable con todo el mundo, no fallará en evitar un gran mal. La buena acción que Rubén quería hacer (hacerlo volver a su padre) no sucederá. La túnica de colores era la señal de favoritismo del padre. Los hermanos deben haber tenido un placer perverso al arrancársela a José y debía haber sido particularmente doloroso para José que se la arrancaran.
Podemos imaginar esta escena y pensar como Jesús fue despojado de todo antes de ser crucificado. Jesús fue a la cruz y José a una cisterna, pero ambos fueron despojados, declarados malditos, y puestos en un lugar del que, aparentemente, nunca podrían rescatarse a sí mismos. Pensamos primero en Jesús, pero también pensamos en la justicia de Dios que viste a cada creyente, y en como el enemigo de nuestras almas desea que nos sintamos desnudos, malditos, y desvalidos. Nada de esto fue cierto ni para José, ni para Jesús, como tampoco lo es para el creyente hoy.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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