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Después de pasar el presente a su hermano, Jacob tomó a su familia para el próximo paso. Esta es una demostración de su fe, porque Jacob no se retiró. Si Esaú hubiera atacado a este grupo, habrían quedado rápidamente atrapados contra el río. Jacob pasa la noche solo. Esta es su última noche en el lado oriental del río Jordán y, probablemente, la pasa en oración. Dios tenía que tener a Jacob solo antes de tratar con él. Mientras había tanto movimiento entre las personas que le acompañaban, Jacob podría estar ocupado en muchos asuntos diferentes. Pero al estar solo, Dios podía demandarle su atención.
Una vez solo, Jacob no luchó con el varón, sino que el varón luchó con él. Jacob no empezó queriendo algo de Dios. Dios quiso algo de Jacob. Dios quería de Jacob toda su autosuficiencia orgullosa, intrigante y carnal; y vino a tomarla, si fuese necesario, por la fuerza. Tal como muestran los versículos siguientes, este no era un hombre normal. Esto es otra “aparición especial” de Jesucristo en el Antiguo Testamento antes de su encarnación en Belén. Este era Dios en forma humana. Solo nos podemos imaginar cómo se veía esta escena. Quizás a veces pareciera una pelea de borrachos; o, tal vez, una pelea intensa de lucha libre. ¿Cómo pudo Jacob mantener la pelea toda la noche? No lo sé. Pero sí sé que su determinación a aguantar no era más grande que la determinación que tenemos con frecuencia de ganarle a Dios y hacer lo que nosotros queremos. Mientras seguía la pelea, parecía que Jacob estaba empatado con el Hombre. Pero solo era la apariencia. El Hombre podía haber ganado fácilmente en cualquier momento, usando su poder espiritual.
El Hombre hizo que Jacob supiera que esto no iba a durar para siempre. Aunque Jacob se aferró al Hombre, desesperado, había perdido. Un Hombre mejor, más grande, lo había derrotado. Este es el lugar invaluable al que deben venir todos: donde Dios nos conquista. Hay algo que decir de cada hombre que lucha con Dios, y luego reconoce la grandeza de Dios después de ser derrotado. Debemos saber que servimos a un Dios que es más grande que nosotros, y no podemos conquistar nada hasta que él nos venza primero. Aquí vemos a Jacob que desesperadamente, quería una bendición de Uno Mayor. En el seno materno tomó por el calcañar a su hermano, y con su poder venció al ángel. Venció al ángel, y prevaleció; lloró, y le rogó; en Betel le halló, y allí habló con nosotros. Según su pasado, Jacob siempre fue lo suficientemente inteligente y astuto, por lo que nunca sintió la necesidad de confiar solamente en Dios. Ahora solo puede confiar en la bendición de Dios. Es evidente que, tan pronto como sintió que debía caer, sujetó al otro “Hombre” con una especie de agarre mortal, y no lo soltó. Ahora, en su debilidad, él prevalecerá. Mientras fue fuerte, no ganó la bendición; pero cuando se convirtió en completamente débil, entonces conquistó.
Jacob debía haber sentido algo de vergüenza, admitiendo que su nombre era Jacob, que significa “timador, tramposo, astuto”. Sin embargo, ese era él y Jacob lo admitió. El nombre Israel es una palabra compuesta por dos palabras: sarah (que significa “pelear”, “batallar”, o “gobernar”) y el (que significa “Dios”). Algunos entienden el nombre Israel como “el que batalla con Dios” o “el que gobierna con Dios”. Pero en los nombres hebreos, a veces Dios no es el complemento sino el sujeto. Daniel significa “Dios juzga”, no “él juzga a Dios”. Así que este principio nos enseña que Israel, probablemente, significa “Dios gobierna”. Jacob venció en el sentido de que aguantó a través de su batalla hasta que Dios lo conquistó completamente. Cuando luchas contra Dios, solo ganas si pierdes y si no te das por vencido hasta que sabes que has perdido. Así es como Jacob venció. El Hombre probablemente se rehusó a decirle su nombre a Jacob porque pensaba que Jacob ya lo debería saber, y resultó que Jacob sí sabía exactamente quién era. Seguramente, esta era la bendición de ser derrotado por Dios. Era la bendición de dejar la vieja vida (Jacob) y recibir la nueva vida (Israel). Es posible que también tenga algo que ver con la maravillosa idea de la bendición de Abraham, y la satisfacción de las necesidades inmediatas de seguridad que tenía Jacob en medio del temor. Cualquiera que haya sido la necesidad de Jacob, la bendición de Dios la proveyó en ese momento. Notamos que Él lo bendijo allí —en este lugar en particular: El lugar de tratos especiales y pruebas, de súplica intensa a Dios, de ver el rostro de Dios, de debilidad consciente.
El primer memorial es un nombre. Jacob llamó el lugar Peniel (“rostro de Dios”), porque sí sabía el nombre del Hombre que peleó con él. Él era el mismo que había peleado con Jacob toda su vida. Jacob también entendió que solo era por la gracia y la misericordia de Dios que escapó de aquel episodio con vida. Ningún hombre debe pelear con Dios y sobrevivir; pero Dios tuvo gracia para Jacob.
El segundo memorial era su cojera perpetua. Jacob recodaría que fue derrotado por Dios con cada paso que daría por el resto de su vida. Este era un costo pequeño por un regalo tan grande. El memorial de su debilidad iba a estar con él mientras viviera. ¡Qué contentos estaríamos tú y yo de detenernos todos nuestros días con tal debilidad como la que tuvo Jacob, si pudiéramos tener una bendición tan grande como la que él ganó!
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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