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Y le salieron al encuentro ángeles de Dios: No sabemos exactamente lo que esto significa. De algún modo, los seres angelicales que normalmente son invisibles se hicieron visibles a Jacob y se encontraron con él. Quizás, Dios quería que Jacob supiera lo grande que era su cuidado hacia él y hacia su familia. Esta maravillosa revelación de la presencia y el cuidado de Dios vino a Jacob después de que finalmente se separara de Labán, el hombre mundano. La separación del mundo trae una mayor visión al creyente.

Nuestro Mahanaim ocurre casi al mismo tiempo que aquel en el que Jacob contempló esta gran visión. Jacob estaba entrando en una vida más separada. Literalmente, Jacob observó que estaba en un campamento en que no estaba solo; Dios tenía un campamento de ángeles con él en Mahanaim. No era como si los ángeles de Dios se hubieran juntado con Jacob en ese momento. Ellos habían estado con él todo el tiempo. Ahora, Jacob podía ver los ángeles de Dios que estaban con él y esto le dio mucho ánimo. Los ángeles, aunque son seres más “altos” que nosotros, son puestos por Dios para servirnos y nos sirven como servían a Jesús. En 2 de Reyes 6:15-17, el criado de Eliseo tenía sus ojos abiertos para ver el gran ejército de ángeles a su alrededor.

Jacob, buscando reconciliarse con su hermano (quien, hacía 20 años había jurado matarlo), primero empezó por humillarse y enviar el mensaje: “Tu siervo Jacob”. Jacob no se está jactando. Quiere que Esaú sepa qué es un hombre rico y que no ha venido para tomar nada de Esaú. Vemos a Jacob intentando adivinar lo que Esaú está pensando y contestar sus preguntas.
Cuando los mensajeros regresaron, Jacob escuchó noticias que hizo que se le congelara la sangre. Esaú venía a verlo con 400 hombres. Y Jacob no sabía qué pensar de Esaú (por razones muy entendibles), estaba convencido de que los 400 hombres eran un ejército para destruirlos a él y a su familia.

Cuando Labán confrontó a Jacob con una milicia hostil, Jacob se paró valientemente y le contestó diciéndole lo que pensaba. Pero con Esaú, Jacob tenía miedo de salir a su encuentro. Esto era porque Jacob sabía que él estaba en lo correcto ante Labán, pero que había obrado incorrectamente con Esaú. Así que el pavor de Esaú estaba sobre él. Había agraviado a su hermano; y no puedes cometer un error sin ser perseguido por eso después. Antes de que Jacob se fuera de su hogar, después de que su hermano juró matarlo, Rebeca le dijo a Jacob: “hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y olvide lo que le has hecho; yo enviaré entonces, y te traeré de allá”. Rebeca nunca envió por Jacob, así que él debía pensar que 20 años no habían aplacado la ira de su hermano. Pero Jacob también debía confiar en que Dios lo protegería. Parece que se le olvidó que Dios tenía un campamento especial de ángeles allí para protegerlo. Su gran temor y angustia no es apropiado para alguien que está protegido por Dios. El miedo de Jacob no es correcto, porque fue seguido de una gran liberación. Tampoco es correcto, porque acababa de tener una notable visitación divina, y porque probablemente surgió de un recuerdo de sus pecados pasados.

Al separar su compañía, Jacob usó la sabiduría del hombre para preparar la llegada de Esaú. Debía haber confiado en que Dios podía proteger todo lo que tenía. Jacob olvidó los “dos campamentos” de Dios e intentaba hacer sus propios dos campamentos. Después de reaccionar con temor e incredulidad, Jacob hizo lo correcto. Fue ante Jehová y oró con fe y acción de gracias, usando la Palabra de Dios. El miedo de Jacob fue bueno, porque le permitió orar, le permitió hacer una revisión de su vida y buscar la promesa de Dios apropiada. Cuando Dios da una promesa, la cumple, es como si le otorgara poder a aquellos que saben implorar la promesa.

Cada promesa es una gran fuerza dada al hombre que tiene fe.  Jacob hizo su oración con fe. Pidió con valentía que Dios hiciera algo, y humildemente ofreció los motivos por los que el Señor debía cumplir su palabra.

A George Mueller, un gran hombre de fe y oración, le preguntaron cuál era la parte más importante de la oración. Él contestó: Los quince minutos después de que haya dicho “amén”. No importa lo buena que haya sido la oración de Jacob, su fe se verá reflejada en lo que hizo después de orar.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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