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Aunque Isaac vivía en la tierra prometida por amor a su padre Abraham y a sus descendientes, esto no significaba que la vida en la tierra sería sin dificultades ni retos. Como hubo hambre en la tierra en los días de Abram, también la hubo en los días de Isaac. Isaac comenzó a ir al sur hacia Egipto, como lo hizo Abram cuando hubo hambre. Parece que Isaac pensó viajar a lo largo del famoso camino entre Egipto y Canaán que bordeaba el mar Mediterráneo.

Gerar era el mismo lugar donde Abraham, el padre de Isaac, encontró al otro Abimelec, y casi comprometió a su esposa. Una historia similar, tanto en la forma en que actuó el hombre como en la forma en que actuó Dios, se desarrollaría con el hijo de Abraham. El gobernante de Gerar era llamado por el título Abimelec, no por su nombre. Esta es la razón por la que tanto Abraham como Isaac trataron con Abimelec.

Como Isaac viajó al sur, Dios le advirtió que no siguiera adelante. Isaac iba a vivir siempre en la tierra en la que Dios le dijo que viviera. El Hijo de la Promesa iba a vivir siempre en la tierra prometida. Si Isaac lo hacía, Dios le prometía estar con él y bendecirlo. En teoría, pudiera haber sido posible que el pacto hubiera “muerto” con el fallecimiento de Abraham, pero Dios era fiel a su Palabra. El pacto que Dios hizo con Abraham no era solo para Abraham; sino que era para todos sus descendientes. Esto cumple una promesa específica hecha en Génesis 17:19.

Esta repetición formal de la promesa incluyó los tres aspectos esenciales comunicados primero en Génesis 12:2-3 y repetidos después:
·Una tierra (todas estas tierras).
·Una nación (multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo).
·Una bendición (y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente).

Dios dice que guardó el pacto por razón de la obediencia de Abraham; pero una mirada más profunda a la vida de Abraham muestra que su obediencia no era ni completa ni constante. Dios puede decir esto porque Abraham fue declarado justo por la fe, y por lo que le concernía a Dios, todo lo que ve en Abraham es la justicia de Jesús.

Isaac obedeció la advertencia de Dios y permaneció en la tierra; sin embargo, vivía entre la gente de Canaán, más cerca que antes, y esto traería problemas. Además, pasó de una experiencia espiritual tan elevada, a un pecado por la debilidad de su propia carne y también por el mal ejemplo de su padre.

Pedro, con su confesión y su consejo erróneo a Jesús, es un perfecto ejemplo de cómo el pecado le puede seguir a un derrame de la bendición de Dios. Bien dice 1 Corintios 10:12: “Así que el que piensa estar firme mire que no caiga”.

La Biblia no enseña que estamos atados por “maldiciones generacionales”; pero el caso es que, a menudo, los pecados de los padres se encuentran en los hijos. Esto puede deberse a que estos pecados de la carne han sido nutridos en el mismo entorno y modelados por una generación previa.

Cuando Abimelec vio esto hizo sus cálculos y entendió la verdadera naturaleza de la relación de ellos. La versión King James hace una interesante traducción aquí, dice que Isaac “jugaba” con Rebeca. Lo que Isaac pensó que podía ocultar era obvio par otros. Con frecuencia, así ocurre con el pecado entre el pueblo de Dios.

En una manera similar fue la reprimenda del faraón a Abraham y de Abimelec a Abraham. Este gobernante de Gerar reprendió a Isaac por su engaño. Así como Dios protegió a su padre Abraham y a su madre Sara, incluso en medio de una conducta pecaminosa, Isaac fue protegido.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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