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Este incidente es una clara imagen de la excitación de Rebeca. Un día que, probablemente, comenzó como cualquier otro, resultó ser, notablemente, el día que cambió su vida. El padre de Rebeca era Betuel, quien todavía estaba vivo. Sin embargo, parece que Labán tomó el liderazgo representando a la familia. Quizás, Labán ya era conocido por sus habilidades para hacer un trato ventajoso. Los ojos de Labán estaban, definitivamente, en las riquezas que trajo el sirviente; pero también muestra la hospitalidad apropiada a este misterioso visitante y lo saluda calurosamente: “Ven, bendito de Jehová”.

El siervo de Abraham estaba enfocado en su misión y no sería distraído de su cumplimiento. Como cada verdadero siervo de Cristo, él puso los negocios de su amo antes que su propio bienestar; aun antes de la importante necesidad de comer. Cuando un hombre comienza a pensar más en sus necesidades que en hacer la voluntad de Dios, deja de ser un ministro sincero.

Abraham había abandonado Ur de los caldeos varias décadas antes, y su familia puede haberse preguntado cómo le fue. Aquí, el siervo de Abraham explicó que el Señor había bendecido grandemente a su amo. Él describió la bendición, principalmente, en términos materiales. La frase, “mi amo”, es reiterada en este capítulo; la palabra “amo” aparece veintidós veces. Eliezer no aspiraba a ninguna independencia de Abraham, ni del hijo de Abraham. Sus pensamientos eran para su amo; sus palabras eran de alabanza a su amo; sus obras eran en nombre de su amo. Él no era su dueño, sino el siervo de otro. Esta es también nuestra posición. El siervo de Abraham explicó que su amo solamente tenía un heredero, y que este hijo heredaría todas las riquezas de su amo. También explicó que su amo Abraham tenía una gran fe en Dios. Abraham nunca dudó que Dios guiaría al siervo hacia la mujer adecuada para Isaac.

El siervo de Abraham entendió que ellos le dirían “sí” o “no” a su amo, no a él. Él verdaderamente representaba a su amo, no a sí mismo. Eliezer es un maravilloso ejemplo de fidelidad a su amo: Les dijo que su amo era grande, que el hijo de su amo era el heredero. Quería una mujer que dejara su antiguo hogar y se fuera a vivir con el hijo de su amo y presionó por una respuesta. Bueno, uno puede decir: “Me alegro de que nos hayas hablado; lo pensaré”. No, amigo, no quiero eso. No quiero que lo pienses. Has tenido suficiente tiempo para pensar; oro para que el Espíritu de Dios pueda conducirte a tomar una inmediata decisión. A la luz de la mano evidente de la providencia de Dios, y la riqueza del amo del siervo, la respuesta parecía obvia para el hermano y el padre de Rebeca. Ellos decidieron rápidamente que de Jehová ha salido esto y que lo ha dicho Jehová.

Los regalos dados a Rebeca en el pozo eran solamente el inicio. Con el acuerdo de Rebeca y su familia para casarse con Isaac, ella recibió aún más regalos como señal de que se convertiría en una con el que heredaría todas las riquezas de Abraham. Cuando se hacía un pacto de matrimonio, era la costumbre que el novio (o su representante) le diera regalos a la familia como dote para demostrar su capacidad financiera de proveer para la novia.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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