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En Génesis 17:21, Dios dijo a Sara que daría a luz un año después, y ahora en la historia Sara todavía no está embarazada. Así que esto no puede ser más que tres meses después de los eventos de Génesis capítulo 17. Otra vez, Jehová viene a Abraham en apariencia humana. Esta es una presentación más de Jesucristo en forma humana antes de su encarnación. Suponemos esto porque en Juan 1:18 se dice de Dios el Padre que: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” y “ningún hombre ha visto jamás a Dios en la persona del Padre” 1 Timoteo 6:16. Así que, si Dios apareció a alguien en el Antiguo Testamento en apariencia humana (y nadie ha visto a Dios Padre) tiene sentido que la apariencia sea del Hijo eterno, la segunda persona de la Trinidad, antes de su encarnación en Belén. Mamré fue un lugar significativo en la vida de Abraham. Abraham se movió allí cuando regresaba de Egipto a la tierra prometida y allí construyó un altar y aparentemente se quedó allí algún tiempo. Abraham compró un campo y una cueva en ese mismo lugar, que usó para el entierro de Sara. Abraham mismo fue enterrado allí y su hijo Isaac también.
No sabemos si Abraham se dio cuenta de inmediato de quiénes eran estos tres visitantes. Él hizo honor al líder de estos tres como su superior (se postró en tierra). Aunque Jehová (en la persona de Jesucristo) apareció a Abraham dos veces, no sabemos si Jesús siempre tenía la misma apariencia, o si Abraham solo lo podía saber intuitivamente o por un conocimiento espiritual. Según su piedad y las costumbres de aquella cultura, Abraham ofreció la hospitalidad de su casa a estos viajeros. Otra vez lo mencionaré, aunque quizá parezca muy redundante; pero aquella cultura antigua era muy hospitalaria con los visitantes. Y también es probable que Abraham supiera que era Jehová quien lo visitaba. Aunque Abraham y Sara se apuraron para preparar esta comida para sus visitantes, aún tomó un tiempo considerable hacer y servir la comida. El sentido es que Abraham y Sara mismos hicieron este trabajo, en lugar de ordenarles a sus sirvientes que lo hicieran por ellos.
Los visitantes la llamaron por su nuevo nombre, dado justamente unas pocas semanas atrás. Esta promesa de regeneración (volveré a ti; y según el tiempo de la vida) fue hecha, específicamente, a Abraham. Sara también fue milagrosamente regenerada, pero esta promesa fue hecha a Abraham. Parece que Dios, dramáticamente, repitió esta promesa a Abraham en un tiempo relativamente corto. Como Abram, nosotros necesitamos oír las promesas de Dios vez tras vez. Es algo que Dios usa para animarnos y desarrollar nuestra fe: Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios, como dijera Pablo en Romanos. Por lo que se podía ver, había buenas razones para que Sara tomara las promesas de forma únicamente espiritual, y se riera de su significado literal. Ella ya había dejado de menstruar y había pasado a la menopausia. Aun tomando en cuenta sus vidas tan largas (Abraham vivió hasta los 175 años de edad y Sara 127 años), los dos ya habían pasado de la edad media por mucho. Se necesitaría un milagro de Dios para que pudieran tener un hijo físico por medios normales.
Sara rio dentro de sí cuando escuchó esta promesa. No podía creer que Dios iba a dar este hijo como resultado de relaciones sexuales normales. Podría ser, que aun después de las promesas dramáticas de Génesis capítulo 17, Abraham y Sara estuvieran tomando la promesa de Dios como si fuera solamente “espiritual”, dándole un significado diferente a lo que había dicho Dios. Aquí Dios dice su plan: Abraham y Sara tendrían relaciones sexuales y tendrían un hijo de manera natural. Dios oyó la risa de Sara, aunque ella se había reído dentro de sí. No hay nada oculto de Jehová. Quizá viviéramos de una manera muy diferente si recordáramos que Dios oye y sabe todo lo que pensamos y decimos. Cuando Sara se rio de la promesa dada dos veces por Dios, probablemente pensamos que Dios quitaría la promesa. Pero, en vez de esto, Dios respondió tratando con su pecado de incredulidad, no quitándole la promesa. “Si fuéremos infieles, Él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo”. 2 Timoteo 2:13.
Dios demostraría a través de Abraham y Sara que no hay nada demasiado difícil para Dios. Dios puede triunfar aun sobre nuestra incredulidad. Difícil es la misma palabra hebrea que “admirable” en Isaías 9:6 y no hay nada demasiado difícil o admirable para que Dios nos lo dé. Dios trató con Abraham en cuanto a esto, en vez de con Sara, porque Abraham era la cabeza de su hogar. Dios prometió que esto pasaría, y al tiempo señalado sucedió.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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